Opinión Pedro Salazar

El maestro Fix Zamudio

Héctor Fix Zamudio, investigador de 'Jurídicas' y profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM, colaboró en la SCJN, fue juez y presidente de la CIDH pero, ante todo, fue un universitario.

A sus familiares, colegas,

estudiantes y amistades

Héctor Fix Zamudio fue una persona ejemplar. Estudioso y generoso con sus ideas; maestro exigente y diligente; hombre probo y familiar; culto, cinéfilo y conversador. Una de esas personas entrañables que dejan su impronta en las personas que lo conocieron y que, por lo mismo, resultan inolvidables. Al Mtro. Fix, como solíamos llamarlo, muchas personas lo vamos a extrañar.

En 2016 se publicaron sus memorias –cuidadosamente editadas por su hijo, por desgracia también fallecido en tiempos recientes, Héctor Fix-Fierro– bajo el título Universitario de vida completa. Memorias académicas y recuerdos personales (UNAM-Porrúa).

En sus páginas se desdoblan pasajes de las diferentes dimensiones de una vida interesante y comprometida que insidió en diversos momentos y espacios del México contemporáneo. Jurista sesudo y comprometido, Fix Zamudio comprendió el valor civilizatorio del derecho y se dedicó a su estudio pero también a su promoción.

Colaboró en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y fue juez y presidente de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos pero, como el título de su autobiografía lo precisa, fue ante todo un universitario de tiempo pleno. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas y profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM, Fix Zamudio dedicó su vida al saber y a la transmisión del conocimiento.

Tres presidentes de la República lo invitaron a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a los tres les dijo que no. Ambas cosas le divertían y las contaba como si hubiera recibido una invitación cualquiera de un conocido de ocasión. Y no es que despreciara el cargo –siempre profesó respeto y dedicó atención a la función judicial– pero lo suyo eran las aulas, los seminarios y los libros.

En 'Jurídicas' –como le decimos al instituto que tengo la responsabilidad de dirigir– está intocado el cubículo en el que pasó gran parte de su tiempo. Para quienes integramos esa comunidad, la figura del Mtro. Fix siempre fue motivo de encuentro, unidad y pertenencia.

En una institución académica caracterizada –como debe ser– por su pluralidad y, por lo mismo, dinamismo y genuinos desacuerdos, solo hay espacio para pocos consensos. Lo que importa es que sean los fundamentales. Y uno de ellos –fundacional– era y seguirá siendo su autoridad moral e intelectual.

Una autoridad que nos enorgullece al interior pero que se desplegó a nivel mundial. Sin exageraciones, Fix Zamudio fue un jurista universal. Esa dimensión de pensamiento es particularmente interesante.

Desde el siglo XIX fue madurando en México una tradición jurídica parroquial, nacionalista y formalista. Orgullosa de su mexicanidad y, por lo mismo autorreferente, adversa a mirar otras experiencias internacionales y rigurosamente apegada a las formalidades y principios del derecho vigente. Esa tradición arraigó y echó raíces en un potente sector de la academia.

En la segunda mitad del siglo XX esa concepción se personificó en la figura del jurista Ignacio Burgoa Orihuela y, por supuesto, de sus discípulos. Él y Fix Zamudio tuvieron y dejaron rastro escrito de sus profundos desacuerdos. El peso de Burgoa dejó una huella profunda en sus alumnos. Su influencia es indiscutible pero, a mi parecer, se difumina.

La escuela que el Mtro. Fix heredó se caracteriza por una vocación universalista, comparativa y abierta a la interpretación. Atento al mundo en sus referentes y lecturas, curioso y estudioso de las experiencias de otros países y respetuoso de los rigores del derecho pero dispuesto a la actualización mediante lecturas flexibles, el pensamiento de Fix Zamudio fue visionario y vanguardista. Miró hacia el derecho que sería y no se quedó atrapado en el derecho que era.

En este año en el que se conmemoran diez años de las reformas constitucionales de amparo y de derechos humanos podemos constatar el peso y la influencia del pensamiento de Fix Zamudio en la Constitución y las instituciones del Estado mexicano. En las normas vigentes ha quedado plasmada una visión del derecho que él entrevió hace muchas décadas y que ahora lo trasciende y, de alguna manera, lo honra.

En el Instituto de Investigaciones Jurídicas se custodiará, sistematizará y publicará su obra completa; se harán seminarios académicos para estudiarla y discutirla pero, sobre todo, se abrevará de su ejemplo riguroso, probo, honesto y visionario. Ojalá.

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