Una oportunidad para Marcelo
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Una oportunidad para Marcelo

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Una oportunidad para Marcelo

08/10/2019
Actualización 08/10/2019 - 12:35

Pocos países despiertan tanta simpatía en el extranjero como lo logra México. Su cocina se hace presente en la mayoría de las naciones, la música une a culturas muy distintas entre sí y las tradiciones, herencia de nuestro patrimonio intangible, son tremendamente famosas, basta recordar al día de muertos, la tradición oral o incluso el mezcal y el tequila. Nuestras riquezas naturales y comunitarias son destacadas y admiradas por propios y por desconocidos en todo el globo terráqueo.

México es un país que goza de simpatía en otros sitios. A pesar de ser azotado por la inseguridad, la depredación ambiental y la injusticia social, el país sigue figurando entre los primeros diez receptores de turistas a nivel internacional. Dicho de otra manera, vivimos en una nación que logra atraer la atención y el cariño de extranjeros.

Esto podría ir más allá de lo anecdótico. No se trata solo de hacer una apología al nacionalismo ramplón. Imaginemos llevar esa estima a otro nivel. ¿Qué pasaría si esa buena imagen fuera utilizada para impulsar más negocios en el extranjero con el sello de nuestro país? Podríamos desarrollar el potencial de las industrias creativas como el cine o la gastronomía, o diversificar el destino de nuestras exportaciones y también consolidar al turismo, particularmente al sustentable y justo, como un motor de desarrollo para el país.

Es cierto, hay acusaciones por parte del gobierno actual de que existían despilfarros en las administraciones anteriores en los programas que se dedicaban a buscar la atracción de negocios. Como en todos los casos, estoy seguro que existían servidores públicos bien intencionados y bribones que abusaban de los recursos públicos. Sin embargo, un relanzamiento de esta idea podría ser sumamente importante particularmente en el contexto de presiones que vive México en la actualidad con su principal socio comercial.

Pensémoslo bien, nuestro país ya ha recibido amenazas y aranceles por parte del Capitolio. Han venido las exigencias, las cláusulas secretas, las reuniones a contrarreloj y las demandas del despliegue militar para contener la migración hacia el país del norte. Trump golpea un día sí y otro también a través de publicaciones en redes sociales, la diplomacia es un lujo que no se permite. Dichos berrinches no cesarán y se puede presumir todo lo contrario.

El presidente de Estados Unidos está siendo investigado por haber exigido a su homólogo de Ucrania investigar a profundidad las inversiones y negocios del hijo de su rival político con mayor visibilidad, Joe Biden. Esta pesquisa podría terminar con su destitución si el Congreso lo encuentra culpable; por si fuera poco se tiene una elección a la vista y los niveles de aprobación del republicano van a la baja. Por todos estos motivos se ve probable el endurecimiento del político neoyorquino contra el Estado mexicano. Lo veremos en su discurso contra la migración, avivando el odio entre sus votantes y reforzando la narrativa xenófoba a la que ha recurrido durante su trayectoria política.

En este entorno conviene buscar construir la mayor cantidad posible de simpatías a nivel internacional en todos los terrenos: el diplomático, el social y el económico. Laura Carlsen, analista política y directora del Programa de las Américas, nos invita a imaginar qué pasaría si México decidiera poner un alto a las exigencias del republicano. ¿Qué podríamos esperar si la respuesta de nuestro país fuera negativa frente a sus demandas? Seguramente se vendrían aranceles, golpes en el terreno económico e incluso el cierre del flujo de recursos por parte de instituciones internacionales.

Por ello el reto de nuestro canciller, Marcelo Ebrard, debe ser trazar una alternativa a la actual estrategia de relaciones internacionales. Si bien es cierto que el comercio exterior depende formalmente de la secretaria de Economía, Graciela Márquez, este enfoque que se propone debe tener un claro componente diplomático. Ya sea en foros internacionales, a través de la cultura y el arte mexicano o a través de afianzar nuevas relaciones bilaterales o multilaterales, México debe apostarle a construir más alianzas con otras naciones con el fin de minimizar la dependencia económica de un solo país.

El momento nos exige construir puentes con más países. La buena imagen que tiene México puede ser un gran motor de desarrollo si sabemos aprovechar esta ventana de oportunidad. Es momento de echar a andar un plan que nos permita posicionarnos, ganar aliados y consolidar nuevos mercados. Aquí hay una gran oportunidad para Marcelo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.