Trabajo, derechos y tecnología
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Trabajo, derechos y tecnología

09/04/2019
Actualización 09/04/2019 - 13:01

El sábado se me acercó un joven de mi edad. Traía consigo una mochila de grandes dimensiones y andaba en motocicleta, dos características que me dejaron ver que estaba trabajando como repartidor de una aplicación digital, de esas que abundan en la actualidad y que permite solicitar comida a domicilio o servicios de mensajería.

Después de saludarme empezamos a hablar de la cantidad de chamba que había los sábados. Se veía cansado, volteaba constantemente a su celular, monitoreando el trabajo que le era solicitado. Mientras hablábamos recordé ver en muchas ocasiones a más repartidores de estas plataformas tratando de descansar un momento en parques y espacios públicos, atentos a los celulares y al mismo tiempo tratando de resguardarse del intenso sol de la primavera.

Antes de despedirnos me confesó que más repartidores de la aplicación querían organizarse y revisar sus condiciones laborales. “Algo se tiene que hacer con nuestro caso. Somos miles y no tenemos ningún derecho. Tenemos que cuidarnos, no es justo que no podamos tener seguro”.

Esta situación se repite con todos aquellos trabajos que son contratados o solicitados desde las plataformas virtuales. Nos encontramos con miles de personas que trabajan como conductores, repartidores, mensajeros y demás labores en las que es evidente que las regulaciones no han logrado garantizar los derechos mínimos para estas personas. Cuestiones elementales, como el acceso a la salud pública, el descanso o la jornada laboral, aún no han sido definidos con claridad.

Estas personas trabajan en contextos muy demandantes, soportando largas jornadas con pocos momentos para descansar, y en algunos casos con labores físicas que suponen grandes esfuerzos físicos, por ejemplo cuando los repartidores utilizan la bicicleta. Al chambear se exponen a choques o altercados de tránsito, a robos de sus celulares o sus vehículos y a un sinfín de maltratos o injusticias, ya sean del usuario, un intermediario o la misma plataforma. Por ello se vuelve una justicia mínima el procurar que tengan derechos laborales.

Las plataformas argumentan que no son sus trabajadores, que no existe una relación de subordinación, sino que quienes trabajan en las plataformas son 'socios' de la aplicación. De ser así, ¿se benefician del reparto de utilidades?, ¿se les toma en cuenta en las decisiones de la compañía?, ¿reciben informes del desempeño de la empresa o pueden organizarse para lograr influir en las decisiones de la misma? La respuesta es muy clara: no lo hacen porque no son socios, son trabajadores sin el reconocimiento de sus derechos.

Hay dos casos que podrían servirnos como referente para poder regular este tipo de trabajo. En primer lugar está la propuesta de ley 'Mi jefe es una App', de Maite Orsini y Giorgio Jackson en el Congreso de Chile. Dicha iniciativa recoge discusiones internacionales sobre trabajo, tecnología y el futuro de nuestras relaciones laborales. Como su nombre lo indica, busca el reconocimiento de los derechos de las y los trabajadores cuya fuente de empleo proviene de las plataformas digitales de servicios. En los próximos meses dicha iniciativa de ley será discutida en el Congreso de aquel país.

El segundo caso que serviría para poder lograr las regulaciones federales adecuadas, es la lucha que las personas trabajadoras del hogar han dado en años recientes para el reconocimiento de sus derechos laborales. Por años, esta labor había sido objeto de discriminación y de falta de certidumbre, recordemos que fue hasta marzo de este año que se publicaron los criterios del Instituto Mexicano del Seguro Social para que estas personas pudieran acceder a servicios como atención médica, guarderías y la posibilidad de un retiro.

El reconocimiento de los derechos laborales a las personas trabajadoras del hogar es una gran noticia para caminar hacia la justicia mínima. Por ello vale la pena voltear y preguntarnos, ¿qué otros trabajos siguen sin tener acceso a los derechos laborales que nos ha tomado años alcanzar?

Es cierto, la legislación laboral no ha podido avanzar a la misma velocidad que la tecnología. Y que a la par existen complejidades inherentes a la naturaleza de este tipo de ocupaciones, por ejemplo, con jornadas laborales muy variables, que para muchas personas apenas son de pocas horas al día en estas plataformas. Sin embargo, lograr regulaciones éticas, claras y con sentido humano es sumamente importante para cambiar las vidas de miles de personas que hoy no gozan de los derechos reconocidos en la ley. A la par podría permitir que las plataformas tengan mayor información para invertir e impulsar sus negocios a través de este modelo. Por ello, regular este tipo de trabajo significaría una reforma fundamental y necesaria.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.