Envenenaron el pozo
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Envenenaron el pozo

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Envenenaron el pozo

12/11/2019
Actualización 12/11/2019 - 14:14

El partido político Vox a través de Santiago Abascal, su portavoz más conocido, declaró en todos los medios posibles la plataforma electoral de la extrema derecha en España. En ella, durante las últimas semanas un punto logró destacar particularmente en el debate público ibérico.

En síntesis, esa formación política apuesta por la deportación de las y los niños y jóvenes migrantes que llegan a España sin compañía. La oposición a que el Estado acogiera y diera resguardo a estos niños vino acompañada de una andanada de mensajes de odio, de descalificaciones, de golpeteo y de un sucio trabajo de desinformación.

Vox quiere que los menores de edad que sobrevivieron a un conflicto bélico, económico, religioso o político se queden en sus países. Lo han dicho en cada oportunidad que han tenido, alegando que muchos de ellos podrían convertirse en delincuentes. Quienes perdieron a su familia migrando, ya sea por el tráfico humano o las inclemencias de los viajes, mejor suerte para la próxima. Para su partido, esas personas no son bienvenidas.

Los enemigos de Vox son los niños sin familia. Sin embargo, su discurso no se limita a esa población sino que se extiende a cuanta persona luce, habla, ama o vive de manera distinta a sus cánones.

De esta manera, durante las últimas semanas de la segunda elección española, esta formación política decidió insultar, caricaturizar y mentir de manera ruin sobre cada uno de los grupos que no comparten su manera de vivir.

No deja de llamar la atención que, como en las elecciones de Estados Unidos y Brasil, se haya recurrido a la utilización de un mecanismo de desinformación masivo: la inyección de noticias falsas y rumores esparcidos por medio de WhatsApp. Utilizando esta técnica se logra mucho, pues se diseminan mentiras que refuerzan los prejuicios que una fuerza política tiene sobre sus adversarios. El dicho menta “miente, miente que algo queda”.

Por eso Steve Bannon, el estratega de la campaña de Trump, está orgulloso de ellos. En varias entrevistas ha expresado su admiración por Vox, así como su deseo de ayudarles en su camino para el éxito electoral, incluso “sin cobrarles” por hacerlo.

Este caso lamentablemente no es solo anecdótico. El domingo pasado este partido logró convertirse en la tercera fuerza política en España al alcanzar asiento para 53 diputados. Envenenaron el pozo, golpearon a los vulnerables, agitaron la bandera del odio y galoparon al éxito.

Sirva este caso para prevenir a nuestro país y detener en seco, venga de la formación política que venga, a quienes con odio quieren inflamar los ánimos por la nacionalidad, la identidad, orientación, el género o el estatus migratorio de cualquier persona.

En el último debate de los candidatos a la presidencia de España, ninguno de los participantes respondió a los ataques racistas y xenófobos que Abascal generó. Este silencio y esta pasividad ante el odio y la intolerancia tienen sus consecuencias. Tomémoslo como un llamado de atención para todos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.