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Economía en la pandemia: un enfoque desde la comunidad (II)

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Economía en la pandemia: un enfoque desde la comunidad (II)

01/12/2020
Actualización 01/12/2020 - 12:27

A finales de la década de los setenta, los habitantes de la sierra nororiental de Puebla sufrieron de una constante carestía en los precios de productos de primera necesidad. Al abandono gubernamental histórico hacia esa región, se le sumó el hartazgo provocado por los altísimos precios de productos necesarios para la vida cotidiana.

A través de prácticas desleales y monopólicas, los comerciantes de la región consiguieron elevar a niveles inauditos los precios del azúcar. Frente a estas condiciones, numerosas comunidades, mayoritariamente indígenas, decidieron organizarse e iniciar una cooperativa de consumo para adquirir toneladas de azúcar de forma directa con los productores. La cooperativa Tosepan Titataniske –“unidos venceremos” en náhuatl– logró reducir de manera dramática los costos.

Este éxito inusitado, serviría de inspiración para que las comunidades se preguntaran ¿qué otras actividades económicas podrían verse beneficiadas por las prácticas cooperativistas? Esta semilla les inspiró a continuar con su proyecto y ampliar sus horizontes. Ya no sólo se trataba de la compra de azúcar, los logros de este movimiento cooperativista llegaron a la industria del turismo, la restaurantera, de servicios financieros, así como la producción y distribución de café, miel y pimienta, entre otros productos.

Lo que podría parecer tan sólo una anécdota de una comunidad para hacerle frente a los abusos de ciertos personajes, hoy conglomera a más de 30 mil socios cooperativistas en 26 municipios que impulsan el desarrollo económico, procesos pedagógicos e incluso el cuidado ambiental de la región. La Tosepan existe precisamente porque un grupo de personas se cuestionaron qué pasa si unimos nuestras manos para un fin común.

Por eso es pertinente, en el contexto de la crisis económica provocada por el Covid-19, voltear a ver este caso de éxito. Desde 1977, este movimiento cooperativista ha visto ir y venir muchas crisis económicas. Sin embargo, ha logrado sobrellevarlas debido a su rápida adaptabilidad, su modelo de gobernanza y el compromiso que sus socios y comunidad tienen con ella. Estas características también son reconocidas como parte fundamental del éxito de otras cooperativas alrededor del planeta.

Este esquema de organización y administración ha demostrado resistir las peores crisis económicas y también ser una vía exitosa, democrática y fuente de sustento para millones de personas. Hoy podemos encontrar este modelo presente tanto en cadenas de supermercados como el grupo Co-op en Reino Unido, hasta gigantescos conglomerados de cooperativas que concentran industrias y servicios financieros, como la Corporación Mondragón, la cual es una federación cooperativas vascas con más de 82 mil socios y que ha sido fundamental para el desarrollo económico de España.

En la entrega anterior de esta columna presenté cómo las acciones de los gobiernos municipales, particularmente a través de las compras públicas, podrían ayudar a salir de la crisis económica. Sin embargo, no basta una reflexión sobre los recursos municipales para presentar una respuesta a la crisis.

Este momento histórico nos invita a impulsar y difundir otros modelos productivos que nos permitan sacar lo mejor de la colaboración en la comunidad. Imaginemos por un momento que los municipios tomaran como política de desarrollo económico el impulso a las cooperativas. Esta propuesta podría promover, por ejemplo, que sectores de la población se coordinen para la compra de bienes necesarios en todos los hogares y, como en el caso de la Tosepan, al aumentar el volumen de compra se beneficien de precios más bajos.

Desde luego, la propuesta presenta complejidades y retos, en todo caso esta columna es una aproximación que requiere discutirse. Sin embargo, este es un momento propicio para explorar el potencial de la organización, la cooperación y solidaridad de la comunidad para hacer frente a una de las crisis más serias que hemos vivido como país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.