Dos noticias y una oportunidad
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Dos noticias y una oportunidad

05/11/2019
Actualización 05/11/2019 - 14:36

La reducción de recursos públicos a los partidos políticos no sólo es un acierto, sino también una muy buena noticia. Para quien no sepa, la semana pasada la Comisión de Puntos Constitucionales aprobó una iniciativa impulsada por la diputada Tatiana Clouthier para reducir el presupuesto de los partidos políticos a la mitad.

Más aún, es de celebrarse que, la también vicecoordinadora del grupo parlamentario de Morena, haya dejado muy en claro que está dispuesta a revisar la iniciativa aprobada para hacerle los ajustes y cambios necesarios para poder lograr un acuerdo amplio con otros partidos políticos. Esto da espacio para que la iniciativa pueda lograr un mayor impacto en la sociedad.

Estamos pues frente a dos buenas noticias en este tema: la reducción del despilfarro y la apertura al diálogo para mejorar la propuesta. Yo en este ánimo quiero tomarle la palabra a la diputada y compartir brevemente una experiencia en la materia.

Mi postura a favor de la reducción de los recursos a partidos políticos ha sido pública por años. Siempre he defendido la idea de que la política no debe participar en ese juego perverso en donde sólo la inyección de recursos permite ganar campañas. Creo que la política debe ser mucho más austera, cercana y pública.

Hay quien aboga que el presupuesto estatal tendría que ser nulo para este rubro. Sin embargo, no es buena idea quitarle todos los recursos a los partidos, pues esto significaría que sólo las personas que tienen más recursos económicos podrían participar en la vida pública. Daríamos entrada a un espíritu elitista, injusto y antidemocrático.

Debe haber dinero público en la política, pero debe ser muchísimo menos a lo que se entrega hoy. Con eso en mente propusimos, desde hace tres años, #SinVotoNoHayDinero.

Esta iniciativa fue la primera en acabar con el dispendio del erario en materia electoral. Desde que empezó a funcionar en 2018, Jalisco ha visto una reducción sustancial en los recursos que le destina a los institutos políticos. Sin embargo, no sólo se cortaron los recursos porque sí, sino que se sigue una premisa fundamental: la reducción debe de estar ligada a la participación del votante en las últimas elecciones.

Si con la iniciativa presentada en San Lázaro ya se está dando un avance en quitar lana, ¿por qué insistir en ligar el presupuesto a los votos en la última elección? Porque la propuesta como se aprobó actualmente en comisión, reducirá el dispendio, pero no necesariamente incentivará a que los partidos políticos mejoren, se acerquen a la población y les convenzan de ir a las urnas.

Hoy el dinero que se entrega a los partidos se calcula al multiplicar 55 pesos por la cantidad de credenciales de elector que hay en el país, es decir, 85 millones de identificaciones. Lo que propone #SinVotoNoHayDinero es modificar la última parte de la fórmula y que sea determinada por la cantidad de personas que fueron a votar en la última elección. De esta manera si la oferta electoral no logra convencer a la población de ir a las urnas, los recursos públicos serán menores que si va un porcentaje nutrido a votar, castigando el abstencionismo y premiando la participación.

Hay una manera sencilla de plantearlo. Lo que propone la fórmula de #SinVotoNoHayDinero es que si va a votar el 30 por ciento del padrón, lo cual ocurre en varios estados, los partidos políticos reciban la misma proporción de recursos, o sea, 70 por ciento menos recursos que los que reciben actualmente. Por eso esta propuesta incentiva no solo el ahorro, sino que también impulsa que a los partidos les interese que más personas salgan a votar, pues de eso dependerá el presupuesto que reciban en el futuro.

Finalmente, quisiera compartir un poco sobre nuestra experiencia en el tema. Entre 2016 y 2017 vivimos un intenso activismo para que #SinVotoNoHayDinero fuera una realidad en todo el país. Hay muchos aprendizajes de ese tiempo, pero quisiera remarcar en esta ocasión la enorme relevancia que tuvo la participación amplia, diversa y generosa de la población hacia esta iniciativa.

A través de llamadas y una gran activación virtual, se logró generar la suficiente presión social para que el tema fuera votado en la Comisión de Puntos Constitucionales. En aquella ocasión, legisladores de todos los partidos abandonaron la sesión y evitaron que se votara. Congelaron y desecharon la iniciativa. Es por eso me da gusto que ahora se haya logrado que avance al Pleno.

No despeguemos la atención a lo que sucederá en la Cámara de Diputados en próximos días, ya que estamos frente a la posibilidad de tener una gran noticia para nuestro país: que la política para subsistir no puede seguir divorciada de la ciudadanía.

Espero que estas líneas ayuden a nutrir la conversación alrededor del tema y, sinceramente, mantengo el deseo de que pronto los partidos dejen de ser vistos como máquinas de chambas o de saqueo y se entiendan como vehículos para la participación política de todas las personas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.