El museo nuevo del emperador
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El museo nuevo del emperador

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El museo nuevo del emperador

26/04/2018
Actualización 26/04/2018 - 15:02

Había una vez un emperador muy preocupado por su aspecto y su imagen pública, que conoció a unos modistas que le ofrecieron hacerle un hermoso traje con la tela más suave y delicada del mundo, fabricada con oro –que tenía que proveer el emperador– y que además tenía la cualidad de ser invisible ante los ojos de los estúpidos. Una vez que revistió la tan esperada prenda, el emperador llamó a dos hombres de confianza para que la valoraran, recibiendo solo elogios de su parte por temor a ser considerados estúpidos. Animado, el emperador decidió organizar un desfile donde el pueblo le profesó toda clase de halagos, hasta que un niño gritó “el emperador está desnudo”. Esta famosa fábula de Hans Christian Andersen ha servido para ilustrar la ceguera que provoca el poder.

En Cuernavaca, sobre una superficie de nueve mil 455 metros se erige el nuevo y flamante Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano, que deberá ser inaugurado el 6 de julio de este año, pocos días después de la elección, y que tuvo un costo de casi 300 millones de pesos.

Existe una fuerte contradicción en tener en una misma frase “contemporáneo” y “Juan Soriano”. Si bien Juan Soriano es un reconocido artista mexicano, cuesta trabajo comprender cómo el gobierno del estado adquirió una colección de una obra que no tiene nada que ver con lenguajes más contemporáneos, que el museo desea presentar. Así, un espacio que debería de integrarse al circuito internacional de museos –tan necesario especialmente en provincia– corre el riesgo de convertirse en un elefante blanco, en una casa de cultura costosísima. Podría tratarse de un museo financiado por fondos públicos, que desde su nacimiento sale deforme porque políticos se acreditan como especialistas en arte y deciden qué se colecciona, qué se presenta, qué se programa. La arrogancia de un gobernador que toma decisiones a nombre de un estado sin consultar a ningún especialista en arte, y la sumisión de una Secretaría de Cultura estatal. Los políticos podrán citar el caso del Museo Rufino Tamayo, pero a diferencia del de Cuernavaca, éste fue construido con el apoyo de la iniciativa privada y del mismo Tamayo para resguardar la colección que donó, que incluye a artistas tan importantes como Magritte, Dubuffet, Motherwell, Picasso, Miró, Rothko, O’Keefe, entre muchos otros.

El arte es una herramienta poderosa de transformación social, pero dicho cambio no se da por los edificios, sino por los programas que se creen. Pueden ser tan sencillos como teatro de calle, pero requieren de una voluntad por parte de las autoridades que vaya más allá de la promoción personal y la captación de votos. Esto es precisamente lo que el electorado le estamos reclamando hoy en día a los políticos, que son los únicos que creen ver sus bonitos trajes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.