Deportes: ¿Quién conoce el Convenio Macolin (1)?
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Deportes: ¿Quién conoce el Convenio Macolin (1)?

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Deportes: ¿Quién conoce el Convenio Macolin (1)?

01/10/2019

Recién titulada en la Facultad de Derecho, UNAM, en el emblemático año de 1968, con motivo de los XIX Juegos Olímpicos con sede en México, se organizó el Primer Congreso en Derecho del Deporte; uno de los temas era la condición laboral de los deportistas profesionales, lo cual me interesó. Debo confesar que el deporte y yo no nos llevábamos muy bien, lo cual no me privaba de asistir a partidos de futbol con amigos y amigas, algunos de gran afición que incluso tenían contactos con jugadores conocidos y uno de ellos me presentó con Walter Ormeño, futbolista peruano contratado en México por algún club. Por su gentileza y conciencia social, tuve la oportunidad de platicar largamente con él y otros jugadores, incluso con el dueño de un equipo mexicano que con honestidad me hicieron importantes comentarios.

Mi juventud en ese entonces, estrenar un título y ocupar una plaza de investigadora de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, me hacían más apasionada en la defensa de los derechos laborales y tan sólo enterarme que los jugadores podían “ser vendidos” de un equipo a otro, es decir de un patrón a otro, aun sin su consentimiento, me indignó. ¿Era mercancía de la mano de obra o en este caso “del pie de la obra”? Presenté entonces una ponencia sobre trabajadores en el futbol que me fue aplaudida y publicada. Poco tiempo después, en mayo de 1970, se expidió la segunda Ley Federal del Trabajo con la inclusión de un capítulo para deportistas profesionales que exige no solo el consentimiento del jugador para ser “vendido” (transferido) sino que debe participar en la negociación y percibir, por lo menos, el veinticinco por ciento del monto negociado, además de la importancia por su reconocimiento expreso como trabajador. No conozco actualmente los detalles de las condiciones de esta categoría, pero ahora me propongo advertir la necesidad de desarrollar más la legislación sobre datos personales de los trabajadores, insistir en el dato sensible de la sindicalización, ahondar en su protección en las áreas de la educación, en los medios de comunicación, en sus fronteras con la libertad de expresión y con el derecho al olvido, el prestigio de personas vivas y fallecidas, así como fortalecer los cuidados de los menores.

Hoy por hoy me concentro en los deportistas, profesionales o amateurs, con motivo de su participación en competencias deportivas a las que se refiere el Convenio Macolin, del Consejo de Europa, que pudiera confrontarse con la protección de los datos personales a que aluden otros convenios internacionales y legislaciones nacionales. Este convenio, cuyo objetivo es prevenir y evitar la manipulación de las competencias deportivas, entró en vigor el pasado 1º de septiembre de 2019, ahora ratificado por 32 países (https://rm.coe.int), el cual establece obligaciones para los Estados parte del mismo para proteger los datos personales y la privacidad en las actividades deportivas por las que se recolectan y comparten muchos datos personales, que llegan a involucrar operaciones de apuestas así como conductas ilícitas, e incluso sospechosas.

Las disposiciones del Convenio Macolin y los Convenios 108 y 108 modernizado, deben analizarse para salvaguardar contradicciones entre éstos en el marco obligatorio que corresponde a Estados que los han ratificado, así como con el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, también vigente.

La conclusión preliminar de interés para México, es advertir lo mucho que falta en nuestra legislación sobre protección de datos personales y aun en la propia Ley Federal del Trabajo, sin omitir la necesaria ratificación del Convenio 108 modernizado y, dicho sea de paso, convendría ratificar el citado Convenio Macolin que contiene enormes ventajas para la ética del deporte y la protección de los datos personales.

(1) Macolin, Suiza.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.