Veracruz, el infierno
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Veracruz, el infierno

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Veracruz, el infierno

08/04/2019
Actualización 08/04/2019 - 8:25

Desde hace años Veracruz anda mal en seguridad, pero ahora es el infierno.

Cuando todos supusieron que nada podría ser peor después de algunos gobernadores que había tenido esa entidad, llegó Cuitláhuac García Jiménez.

Sin preparación, sin sensibilidad, sin idea de lo que es gobernar un estado, el morenista Cuitláhuac García ha hecho que los veracruzanos se traguen lo que el resto del país quiere vomitar.

Hoy Veracruz es la capital nacional del secuestro y el feminicidio, y no se ve atisbo alguno de reacción para revertirlo.

El estado se encuentra en manos, no de Morena, como supusimos todos después de las elecciones, sino en las del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Salvo que ambos, en esa entidad, sean una y la misma cosa.

En política los vacíos siempre se llenan, y la ausencia de un gobernador en Veracruz la ha ocupado el más poderoso y sanguinario de los cárteles de las drogas y el secuestro en el país.

Va un dato que ilustra la desproporción del crecimiento del delito de plagio en ese estado durante este año: con el 6.79 por ciento de la población nacional, Veracruz concentra prácticamente el 30 por ciento de los secuestros que se dan en el país.

Es decir, casi uno de cada tres secuestros que se dan en México ocurre en Veracruz.

Esa cifra es del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública que pone, obviamente, a Veracruz como el estado con mayor número de plagios a nivel nacional, muy por encima del Estado de México y de Puebla.

Veracruz es también el campeón nacional de feminicidios.

Esos títulos deshonrosos en secuestros y asesinatos de mujeres que son ejecutadas por el hecho de ser mujeres, los veracruzanos se lo deben a un político y a un partido que llegaron al poder para “terminar con malos gobiernos”: Cuitláhuac García Jiménez, de Morena.

¿Por qué Veracruz, y no otras entidades con más población y mayor historial delictivo tiene la medalla de oro en secuestro y en feminicidios?

Porque no hay gobierno. Su ausencia ha sido ocupada por el mando de los grupos criminales.

¿No que bastaba la honestidad para bajar la violencia?

¿No que el secuestro y la delincuencia en general se daban por la complicidad de los criminales con las autoridades?

Como lo reseña hoy en estas páginas el reportero David Saúl Vela, en Veracruz hay cierre masivo de negocios porque ya no costea pagarle a los delincuentes el derecho de piso.

Pagas o te mueres. Mejor cerrar, vender y emigrar.

Se han tenido que suspender los tradicionales eventos culturales y artísticos masivos, relata el periodista Vela, por temor a los estragos de la delincuencia.

Es pan de cada día la quema de vehículos en carretera, por obra del Cártel Jalisco Nueva Generación, el nuevo amo del estado, que llegó con Cuitláhuac García, o al que éste dejó entrar por desidia, impericia o algo más.

Hace tres sexenios los veracruzanos padecieron a un gobierno que le entregó las llaves del estado a Los Zetas.

El siguiente, con el auxilio, operación y dirección de la secretaría de Marina, los combatió sin tregua y los redujo a una mínima expresión.

Fue un gobierno que carga con el estigma de su estrafalaria corrupción, pero a Los Zetas prácticamente los barrió del estado luego de una batalla de muchos años, con la Marina por delante.

Y ahora, por la inacción y la indolencia de un nuevo mandatario estatal, Veracruz está de regreso en el infierno.

Peor que nunca, dicen las cifras oficiales.

¿Son más honestos? Eso aseguran ellos. Habrá que esperar, pues acaban de llegar.

El hecho es que hoy son responsables de lo que parecía imposible: empeorar un estado extraordinario y bello, orgullo nacional por tantas y buenas razones.

Responsables y también culpables, gobernador Cuitláhuac García, pues –como dice Amos Oz– “ignorar así el sufrimiento (de su pueblo) es tan malo como causarlo”.

Surgido de la nada, el gobernador García se convirtió, por ignorancia o por desidia, en un Nerón tropical: toca la lira mientras su estado se incendia.

Lo trágico es que al parecer aún no se ha dado cuenta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.