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Irresponsable

17/03/2020
Actualización 17/03/2020 - 8:37

El Presidente ha decidido jugar con la salud de los mexicanos una apuesta de vida o muerte: invita a repartir abrazos y pone el ejemplo en giras multitudinarias donde besa y lo besan como si no existiera una epidemia global que se expande con la cercanía física.

Su irresponsabilidad es altanera y temeraria al convocar, y predicar con el ejemplo, a darse abrazos porque son buenos para contrarrestar el coronavirus.

Ojalá la Virgen de Guadalupe, la diosa Fortuna o la Coatlicue hagan el trabajo que nuestro Presidente no ha querido hacer: cuidar la salud de sus gobernados.

En Tabasco han muerto siete personas –y otras tantas están en terapia intensiva–porque el hospital de Pemex compró medicina pirata y se la suministró a pacientes con diabetes.

Mataron gente, a la que sacrificaron en el altar de la austeridad republicana.

Le echaron la culpa a un laboratorio con el que traen pleito, y resulta que fue mentira: no la compraron ahí, sino en algún lugar de baratijas médicas y rellenaron los frascos de ese laboratorio con la medicina adulterada.

Criminal es lo que están haciendo y les importa un comino.

El fin de semana, en Guerrero, el Presidente encabezó dos mítines en los que congregó a miles de personas de escasos recursos (seis mil en uno, tres mil en otro), apretujadas en campos deportivos desde temprana hora, sin ninguna de las medidas de higiene recomendadas por la Secretaría de Salud y organismos internacionales de la materia.

Ahí el Presidente se puso a repartir besos y abrazos, con lo que dio el peor ejemplo para que la gente haga exactamente lo que no debe hacer pues su vida corre peligro.

Hasta ahora la única forma de vencer a la epidemia es evitar la movilidad de las personas e impedir el contacto físico, y el Presidente de la República congrega a multitudes, las apretuja y reparte abrazos y besos.

¿Así o más irresponsable?

¿Les explicó qué se debe hacer para protegerse de la epidemia? No. Les habló de la 'rifa del avión presidencial' y prometió que “cada hogar, cada ciudadano, va a tener un cachito de lo que nos van a entregar los empresarios”.

Tomó un vuelo comercial rumbo a Sonora y protestó porque “los conservadores que estaban acostumbrados a robar o vivían del erario” difundieron un video en el que AMLO convoca a darse abrazos y en otras palabras manda al diablo al coronavirus.

Ese video es de hace una semana, dijo, y “lo convirtieron en información de ayer”.

O sea que hace una semana sí era bueno darse abrazos y ahora no. ¿No lee? ¿No escucha a los especialistas de su propio gobierno? Los desautoriza.

Y en Guerrero prodigó abrazos, besos y arremolinó a multitudes.

Todo un caso de estudio es la irresponsabilidad del Presidente de la República.

Ante el coronavirus, el titular del Ejecutivo da respuestas inimaginables en un jefe de Estado: “Los conservadores quieren que nos contagiemos”.

Les importa un bledo la salud de población.

Inexplicable es el hecho de que en enero, cuando se declaró la epidemia de coronavirus en China, y en México los enfermos padecían de falta de medicinas, la Secretaría de Salud metió freno al gasto y ejerció sólo dos mil 465 millones de pesos de los cinco mil 839 millones que tenía para ejercer.

Salud gastó 57.7 por ciento menos que en enero del año pasado.

No se usó, por ejemplo, en pruebas de coronavirus o en infraestructura hospitalaria.

En Tabasco las personas ingresadas a observación por su posible contagio, duermen en tiendas de campaña.

Tenemos a un secretario de Salud ausente, mientras un subsecretario asumió el mando en los hechos y su especialidad ha sido desprestigiar a eminencias médicas y enlodar los reclamos de familiares de afectados por cáncer, diabetes, leucemia.

Sus indicaciones no las acata su jefe, el Presidente.

La estrategia de la Secretaría de Salud ante el coronavirus fue no hacer una labor de contención, sino de 'mitigación'.

Es decir, no tratar de atenuar el golpe del coronavirus, sino atenderlo cuando se presente.

China frenó la expansión del coronavirus con medidas drásticas de contención, pero como aquí somos más listos la enfrentamos al revés: que llegue y luego vemos.

Mientras llega y se expande la epidemia, se ahorran recursos en salud y se van a los grandes planes sociales y petroleros del Presidente.

¿Hay salida ante una irresponsabilidad de esa magnitud?

La respuesta es no, y confiemos en el sentido común de la sociedad civil, en la Virgen de Guadalupe, en la diosa Fortuna o en la Coatlicue, según las creencias de cada quien, porque con el Presidente no contamos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.