Uso de Razón

El regreso de Donald Trump

Que a nadie extrañe si al primer tropiezo de Biden, por ligero que sea, comienzan los cacerolazos en Estados Unidos.

MIAMI, Florida.- La cumbre de los republicanos radicales, celebrada el fin de semana en Orlando, fue una sonora campanada de advertencia de que el populismo nacionalista está vivo, fuerte, tiene agenda y tiene líder.

Trump, orador estelar en la cumbre de la Confederación Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés), dejó en claro que no fundará un nuevo partido, sino que se apropiará del Republicano.

Machacó con la falsa historia del fraude que lo despojó del triunfo.

Disparó contra Biden.

Sentenció al ostracismo a los republicanos que votaron por declararlo culpable de incitar al asalto al Capitolio.

Atacó a las instituciones.

Arremetió contra los medios de comunicación.

Se montó nuevamente en el caballo sobre el que dará la batalla en los meses y años que vienen: los migrantes, entre quienes vienen "las personas más malvadas del planeta".

Trump está de regreso, y más radical que nunca.

A esa sociedad que él dividió, la va a polarizar aún más.

De ser necesario, va a provocar que se enfrente.

Que a nadie extrañe si al primer tropiezo de Biden, por ligero que sea, comienzan los cacerolazos en Estados Unidos.

Tal como lo leen: habrá cacerolazos en este país, por cualquier pretexto o insatisfacción.

A algunos analistas les asombró que haya abierto la posibilidad para una nueva candidatura presidencial, pues, dijo, "quizá puedo decidir vencerlos por tercera vez".

¿Qué tiene eso de extraño? Un político de sus características no se retira por su voluntad: hay que retirarlo.

Y si Biden o los adversarios republicanos de Trump no aquilatan el peligro de dejarlo en el ring, aunque esté sentado en su esquina seminoqueado, él está en el ring y va a pelear y a destruir.

El regreso de Trump no será un monumento a su perseverancia, sino a la estupidez de quienes lo dejaron políticamente vivo.

La agenda de Trump para su regreso al poder la delineó en su discurso (de 90 minutos) en Orlando: torpedear la presidencia de Biden, acusarlo de todo y negarle cualquier apoyo. Hacer una purga en el Partido Republicano y poner candidatos leales a él en las siguientes elecciones. Y atizar el odio contra los migrantes, que tan buenos resultados electorales le dio en 2016.

De manual es lo que hace Donald Trump.

Abrió con el cuento del fraude, que en el resto del mundo aburre, pero al interior de Estados Unidos prende como ocote en los sectores menos informados, fantasiosos o fanatizados.

"La Corte Suprema no tuvo las agallas y el coraje de hacer nada", dijo Trump, y la respuesta de los congregados fue un coro: "¡Ganaste!, ¡ganaste!".

Siguió con el linchamiento a los republicanos que votaron por su condena en el Congreso. Mencionó por su nombre, uno a uno, a los siete senadores y a los 10 congresistas (diputados) de su partido que lo consideraron culpable de incitar a la rebelión en la toma del Capitolio.

"¡Desháganse de todos ellos!", gritó, y la ovación fue de pie.

"No podemos tener líderes que muestren más pasión por condenar a sus compañeros de partido, de la que jamás han mostrado por enfrentarse a los demócratas, a los medios de comunicación y a los radicales que quieren convertir a Estados Unidos en un país socialista".

Apuntó su ametralladora verbal hacia el presidente Joe Biden:

"Todos sabíamos que la administración Biden sería mala, pero ninguno de nosotros ni siquiera imaginamos cuán malos serían y cuán lejos llegarían. En sólo un mes hemos pasado de Estados Unidos primero a Estados Unidos al final".

Y lo ató, para golpearlo, junto a sus enemigos favoritos: los migrantes.

Biden está convirtiendo a Estados Unidos en una nación santuario para migrantes, expuso el derrotado candidato presidencial.

"Hicimos un buen trabajo (para frenar la migración). Nadie había visto nunca algo como lo que hicimos nosotros, y ahora (Biden) quiere que todo se vaya al infierno", dijo Trump y no le faltaba razón.

Cierto. Nunca los niños migrantes habían sido arrebatados de las manos de sus padres, encerrados en jaulas y desparecido después.

Jamás había sucedido que los solicitantes de asilo tuvieran que esperar –y dormir en la calle por tiempo indefinido– en un país (México) que no es el suyo ni es Estados Unidos.

"Joe Biden ha provocado una avalancha masiva de inmigración ilegal a nuestro país. Somos un solo país y no podemos permitirnos traer aquí todos los problemas del mundo", y también tiene parte de razón.

Los flujos migratorios que llegan desde México han aumentado, especialmente de menores indocumentados.

Hay la creencia de que ahora se puede pasar sin problemas.

O tal vez mano subterránea que busca poner cuatros a Biden para hacerlo quedar mal en el tema migratorio.

Trump olió sangre y atacó en la cumbre de Orlando: "La decisión de Biden de cancelar la seguridad fronteriza ha lanzado, por sí sola, una oleada de jóvenes migrantes que está enriqueciendo a traficantes de niños, a los cárteles criminales del vicio, y a algunas de las personas más malvadas del planeta".

¿Por sí sola?

Ahí está Trump, rumbo al poder nuevamente.

Y lleva el rechazo a la migración y el populismo nacionalista como base de su ideología.

Biden tiene poco tiempo para impedir su crecimiento.

O Cyrus Vance Jr., el fiscal de Manhattan.

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