El gabinete es una torre de Babel
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El gabinete es una torre de Babel

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El gabinete es una torre de Babel

02/03/2020

Transcurrido un 20 por ciento de la gestión de AMLO los resultados están a la vista y ya no es necesario hacer un recuento de las cifras del fracaso en economía, seguridad, salud, etcétera.

Es autoengaño esperar que todo vaya a mejorar, porque el gobierno sigue haciendo lo mismo.

La crisis de Morena se vive también al interior del gabinete presidencial: sus integrantes hablan en distinto idioma.

López Obrador no es el “fiel de la balanza” en su equipo de trabajo, sino el jefe de un bando, el radical, y aunque respeta a colaboradores sensatos como Ebrard, Scherer, al general y al almirante, otros no se atreven a mirarlo a los ojos y menos a contradecirlo.

El secretario de Hacienda está cada vez más empequeñecido y Alfonso Romo es un cero a la izquierda en el ánimo presidencial. Totalmente equivocados están los empresarios que ven en Romo a un interlocutor con López Obrador. No hay tal.

Romo está ahí por favores realizados al movimiento de López Obrador en los años duros y secos, pero es absolutamente ineficaz para resolver nada porque no lo escuchan aunque él quiera aparentar lo contrario.

Neoliberal como el que más, pionero de los transgénicos en América Latina, cercano a Pinochet, ¿jefe de la Oficina de la Presidencia de López Obrador? Eso no cuadra. Lo usan para las fotos (y no todas), pero no cuenta. Cero.

Ante la debacle económica de su gobierno, el Presidente ha sostenido que “a los tecnócratas, a los neoliberales, les obsesionan las cifras, los datos. Les obsesiona el dato del crecimiento económico y a mí no me dice mucho eso”.

Entonces, pregunto, ¿por qué creó un gabinete para el crecimiento económico, si no le dice mucho eso? No se han vuelto a reunir nunca.

Nuestro Presidente argumenta su desdén por las cifras negativas del crecimiento, aunque en campaña se comprometió mover la economía al cuatro por ciento.

Cambia de opinión constantemente para tapar sus sucesivos fracasos.

Tiene una visión opuesta a la de su secretario de Hacienda y a la del Jefe de la Oficina de la Presidencia. Es decir, piensa distinto a la columna vertebral de su equipo económico.

Durante su discurso del miércoles pasado, en la presentación de la Estrategia Nacional para la Agenda 2030, Romo dijo con todas sus letras: “Me preocupa, porque si en algo no hemos logrado resultados es en crecimiento económico, y sin crecimiento económico no va a haber combate a la pobreza, igualdad de género y todo lo que estamos hablando aquí”.

Romo piensa que es imprescindible “facilitar la inversión” para crecer, como dijo ahí.

Pero su jefe piensa y hace exactamente lo contrario.

López Obrador y su corte de radicales se oponen a la entrada del sector privado a lo sustancial del sector energético –autorizado en la Constitución–, y le inyectan miles de millones de dólares a Pemex (cinco mil en 2019 y otros cinco mil este año).

Ese dinero debió ir a Salud y Educación.

¿Resultado? El año pasado Pemex tuvo pérdidas por 346 mil 135 millones de pesos, que es decir 92 por ciento más que en 2018 (datos del jueves de la BMV), cuando gobernaban los pérfidos neoliberales.

Los ingresos de Pemex cayeron, en el primer año de AMLO, 20 por ciento. Y los costos aumentaron 30 por ciento.

Romo está pintado. No existe. La economía y la política energética las maneja el Presidente, que tiene una visión ideologizada de todo.

El enemigo es “el neoliberalismo”, o lo que eso quiera decir en la mente de los radicales que nos gobiernan.

La secretaria de la Función Pública hizo eco de la descalificación presidencial al paro de mujeres del próximo lunes 9 y arengó: “El feminismo será antineoliberal o no será”.

Para ese grupo que nos gobierna, con el Presidente a la cabeza, todo es cuestión de ideología. Ante los asesinatos de mujeres que se han multiplicado en el último año, sólo amerita que protesten las personas de izquierda, pero si también lo hacen quienes el gobierno de manera autoritaria y alevosa considera “de derecha”, entonces la manifestación está manipulada.

López Obrador dijo textual, “la derecha es muy hipócrita y muy dada a la manipulación. A veces promueven estos movimientos en contra de los movimientos progresistas”.

A quienes protestan por mujeres que han sido asesinadas, torturadas y ultrajadas, ¿hay que pedirles el carnet de Morena para saber si pueden ser solidarios o no?

Pura ideología. Enfermiza ideología. Y de eso están envenenando a la sociedad.

La secretaria Irma Eréndira Sandoval (SFP), llamó a boicotear el paro: “Para sacudir al país este 9 de marzo, en lugar de que nos que nos quedemos en casa tentadas a lavar platos y arreglar ropa, salgamos y ocupemos el espacio público sólo para nosotras”.

Por otro lado, el titular de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, sacó un comunicado en el que sin rodeos apoya el paro del 9 de marzo, que según su jefe está manipulado por la derecha conservadora y de acuerdo con su compañera de la Función Pública hay que boicotear.

Bien por el canciller, pero ese gabinete es una torre de Babel.

No son diferencias simples, sino formas antagónicas de concebir la política.

Unos, por dividir y confrontar ideológicamente. Otros, por fortalecer a la sociedad para hacer frente a violencia y feminicidios.

La criminalidad que nos aqueja se resuelve con la unión de todos los colores y tendencias, pero el populismo es alérgico a la unidad.

Amigos del club de los optimistas, no hay salida.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.