Uso de Razón

El Colosio de Riva Palacio

Pablo Hiriart señala que el nuevo libro del periodista Raymundo Riva Palacio se destaca de entre todos los que se han escrito sobre Luis Donaldo Colosio, excandidato presidencial.

MIAMI, Estados Unidos.

Un prolijo trabajo periodístico y académico sobre la tragedia que truncó una idea de la modernización de México se encuentra en librerías: es Colosio, crónica del fracaso de un proyecto transexenal (Grijalbo), diferente a todos los que se han escrito sobre el carismático priista sonorense.

Apunta a las consecuencias de su asesinato, que todavía hoy se resienten.

También hay periodismo. Y su autor, Raymundo Riva Palacio, nos conduce por los entretelones del dramático suceso, basado en hechos y testimonios de primera mano, sin doblegarse a la especulación.

Hay pocos libros valiosos sobre ese crimen que cambió para mal la historia del país, pues abundan los maquinazos sensacionalistas donde aparecen tantos Aburtos y teorías como caben en la imaginación de un oportunista.

Riva Palacio fue ordenando con tenacidad de reportero las notas escritas durante más de 25 años, luego de sus conversaciones con protagonistas de esa época.

Leyó las declaraciones ministeriales de los principales interrogados por las fiscalías, Ernesto Zedillo entre ellos, que por ser presidente declaró por escrito y no de manera presencial.

Entrevistó a los que perdieron el miedo a hablar.

Y cursó una maestría en semiótica que le permitió hacer un análisis de contenido del discurso del seis de marzo de 1994 en el monumento a la Revolución (entre otros) que, según el mito, habría marcado el trágico destino de Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Cada quién hará su propio juicio sobre lo acertado o no de las valoraciones que hace el autor sobre algunos temas que aún hoy siguen siendo polémicos, como el "error de diciembre", o la designación de Manuel Camacho como comisionado para la paz en Chiapas, luego del alzamiento zapatista de 1994.

Lo que resulta encomiable del libro es el valor de Riva Palacio para intentar poner las cosas en su justo sitio, sin miedo a estrellarse con la leyenda creada por la perversidad de actores políticos que aún están vigentes y que arraigaron profundamente en la imaginación popular.

Raymundo sabe, y lo dice, que "no voy a tener éxito en desmontar un mito", pero en el libro nos pone los hechos, que no coinciden con las patrañas de los que siempre se acomodan junto a la corriente mayoritaria de la opinión pública, aunque sepan que ésta se encuentra equivocada.

Con este libro, los Arreolas y los Durazos tendrán materia para cebarse contra el autor, porque desmonta mitos, aunque no vaya a tener éxito en el imaginario colectivo.

Primero, el discurso del seis de marzo, que "careció entonces, y hasta ahora, de un análisis riguroso de contenido, que aclara que nunca hubo rompimiento alguno, sino que el mensaje fue se continuidad para concretar el proyecto que Salinas había iniciado como secretario de Programación y Presupuesto en 1985".

Con la lectura del libro se refuerza aquello que muchos, casi todos, desdeñan al momento de ver el futuro: el azar también juega.

Los presidentes deben estar preparados para lo imprevisto. El azar juega.

Carlos Salinas fue construyendo a Colosio desde que era director de área en la SPP, donde se lo presentó Rogelio Montemayor. Y ya en la presidencia, Donaldo era su candidato y nadie más.

En el libro se aprende cómo se forman los equipos políticos -los buenos-, donde la preparación académica, la sensibilidad social y las cualidades personales cuentan.

Las discusiones en el grupo gobernante para tomar decisiones son fundamentales. Claro, se necesita un equipo con personas inteligentes, como las que se mencionan en el libro.

Manuel Camacho nunca fue opción para la candidatura, salvo en su imaginación.

Cuenta Otto Granados a Riva Palacio que Camacho "tenía el estilo tan desagradable de los que al terminar alguna reunión entre varios, le pedía al presidente hablar unos minutos a solas y me imagino que allí intrigaba en privado lo que no se atrevía a decir en público. Y me consta una cosa: el 21 se marzo de 1992, en un vuelo a Ciudad Juárez, estábamos hablando el presidente y yo de la prensa y salió el tema de Camacho, porque yo le dije que era un problema en mi estrategia de comunicación que aquellos periodistas severamente críticos con el gobierno siempre encontraban refugio y apoyos con el entonces Jefe del Departamento del Distrito Federal, que se mostraba como good cop, y eso afecta dicha estrategia. Entonces Salinas dijo en voz alta algo así como: 'Nunca ha sido candidato quien se alía con los adversarios del presidente'. Lo recuerdo perfecto. Así que yo calculo que desde hace años atrás Camacho dejó de ser opción real".

Otro hecho revelador del libro es que el "titiritero" de Pablo Chapa Bezanilla era Alfonso Durazo. Queda claro en la exposición de hechos que narra Riva Palacio. Léanlo. Ahí está.

Me llamó la atención la faceta de inseguridad que manifestaba Colosio en situaciones difíciles, como fue el alzamiento zapatista, que desplazó de las primeras planas a todo lo demás, no sólo a su campaña, sino también a la de Cárdenas y a la de Diego Fernández de Ceballos.

En la primera presentación del libro -la semana pasada-, Otto Granados dice que Colosio tenía cuatro o cinco grupos de trabajo, algunos buenos y otros francamente mediocres. Cierto e importante.

Apuntó también, basado en el libro y en su experiencia, que la ruptura entre las élites modernizadoras fue aprovechada por la corriente populista-estatista. Y que "el modelo económico subsistió", por la prevalencia -hasta hoy- del Tratado de Libre Comercio y la autonomía del Banco de México.

En efecto, pero en el libro de Riva Palacio se observa que el proyecto modernizador, con el asesinato de Colosio, fracasó en lo político.

Se desarticuló la vena social de ese proyecto, que la encarnaba el entonces secretario de Sedesol.

El programa Nacional de Solidaridad, explica Enrique del Val en el libro, "no estaba concebido como un medio para sustituir los incentivos propios de una economía de mercado, sino para acompañar la apertura del mercado".

La ruptura de la élite modernizadora y el fracaso del proyecto transexenal se dio a raíz del asesinato de Colosio.

No se había preparado un sustituto. No se contó con que el azar, en política, también juega.

Ernesto Zedillo desmanteló Solidaridad y sus 250 mil comités, que eran reales: comunidad organizada para resolver sus problemas. Las personas se conocían, interactuaban, acordaban con el gobierno, trabajaban y obtenían resultados.

Estaban unidos para mejorar su comunidad.

Si no hubieran desmantelado Solidaridad -digo yo, no el autor-, hoy Guerrero no estaría como está.

Un buen libro, con trabajo detrás, que se nota y se disfruta.

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