Dos palabras que el Presidente no quiere pronunciar
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Dos palabras que el Presidente no quiere pronunciar

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Dos palabras que el Presidente no quiere pronunciar

02/10/2019
Actualización 02/10/2019 - 9:07

¿Quién se lo iba a imaginar?

El gobierno de la izquierda en el poder depende de la buena voluntad del sector privado y de las remesas de mexicanos en Estados Unidos.

Sin embargo tiene un problema. Mejor dicho, varios.

No da garantías a los empresarios ni respeta áreas de inversión atractivas que ya estaban en marcha.

Tampoco tiene dinero para confeccionar un presupuesto que, a través de obra pública, detone crecimiento y desarrollo.

Los 500 mil millones de pesos que el gobierno podría disponer para invertir y que antes se iba en corrupción, resultó ser un buen invento de campaña electoral y nada más.

Se les cayó la economía a nivel cero.

La recaudación por IVA (consumo) e ISR (trabajo), se les desplomó.

Ni hay más trabajo ni se consume más.

La industria de la construcción está en su peor momento.

Y el gobierno sin dinero.

¿Por qué? ¿Cómo le hicieron para equivocarse tanto?

Y ahora lo vemos a expensas de lo que haga el sector privado.

Muy bien, pero a cambio de qué. ¿Habrá garantías? ¿Reabrirán áreas de oportunidad para invertir?

Es que las dos cosas no se pueden al mismo tiempo: pedirle a la IP que invierta, pero cerrarle los espacios.

Y además, legislar para meterlos a cárcel si el empleado del SAT sospecha de evasión.

Pérdida de sus bienes, aunque esté comprobada su adquisición legal, sin necesidad de ser hallado culpable por un juez.

Con esa medida se están conculcando las garantías individuales y el derecho a la propiedad privada.

Pero el gobierno depende y pide a los empresarios que inviertan.

Si no hay inversión privada fuerte el próximo año, volveremos a tener crecimiento cercano a cero.

El gobierno no tiene recursos ni sabe cómo generarlos ni gastarlos.

De enero a agosto el subejercicio en el gasto presupuestado y aprobado fue de 232 mil millones de pesos.

En total, lo subejercido en inversión física es el 15.2 por ciento en esa rama, que es fundamental.

La caída en la inversión pública que viene en el Presupuesto para el próximo año, 5.4 por ciento, es enorme.

Frenó la inversión privada en el sector energético.

Con todas sus letras ha repudiado la reforma energética que permite inversión privada en la exploración y extracción de crudo.

Paró las rondas petroleras que posibilitaban inversiones superiores a los 200 mil millones de dólares.

Adiós a las asociaciones de Pemex con el sector privado en proyectos de exploración y extracción de crudo.

¿Se puede corregir ese error? Sí, aunque para ello se necesitaría decir “me equivoqué”.

A Pemex se le inyecta una cantidad de dinero importante a la vez que deja de ingresar recursos a la federación.

Sí, hay que rescatar a Pemex, pero tiene la oportunidad de hacerse con dinero privado. No quiere. Entonces el resultado será perder-perder.

Entre este año y el próximo se le inyectarán 91 mil millones de pesos a la refinería en Dos Bocas, lo que no genera crecimiento ni riqueza ni una cadena virtuosa en la creación de empleos.

Según los especialistas, entre ellos el exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, esa refinería va a costar, barato, cincuenta por ciento más que lo planeado. Unos 15 mil millones de dólares en total, y no estará lista en 2022.

¿Cambiará de opinión el presidente sobre esa refinería en la que nadie cree, salvo él y Rocío Nahle?

El golpe brutal que significó la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México y su potencial de desarrollo para esa región, el turismo y nuestra conexión con el mundo, dio al traste a la confianza del sector privado internacional y nacional.

¿Puede corregir el gobierno? Sí, pero tendría que haber un gesto de humildad y de grandeza del presidente que el país no le reprocharía, sino al contrario.

Tendría que decir “me equivoqué”. O darle la vuelta con otros argumentos, no importa. El caso es que rectifique.

Su Ley de Extinción de Dominio es el inicio de una tiranía pues permitirá al gobierno meter preso, quitarle sus bienes a un ciudadano o empresa y rematarlos, sin que el afectado sea declarado culpable.

Eso lo saben los empresarios y si creen que basta la sola palabra presidencial de que no habrá arbitrariedades, se equivocan. Por más café que tomen juntos.

La bomba de toda esta colección de errores, que tienen remedio pero demandan humildad, será el pago de las pensiones que debe hacer el gobierno.

El próximo año deberá pagar casi un billón de pesos, a lo que es preciso sumar 139 mil millones en pensiones a adultos mayores que se aumentaron.

¿De dónde va a salir dinero para todos esos compromisos, si no hay crecimiento económico como el prometido por López Obrador en campaña?

Tiene que reabrir las áreas de inversión a la iniciativa privada.

De lo contrario la economía se va a desfondar, aunque todavía hay reservas para aguantar este año y el próximo.

¿Se pueden encontrar soluciones?

Desde luego que sí, aunque el Presidente deba decir, con palabras o con hechos, “me equivoqué”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.