Uso de Razón

Biden se estrella en la frontera

Una de sus principales banderas de campaña está destruida a dos meses de iniciado el gobierno, dice Pablo Hiriart.

MIAMI, Florida.- Biden se encamina a un rápido fracaso en su relación migratoria con México y el triángulo centroamericano que forman Guatemala, El Salvador y Honduras.

Una de sus principales banderas de campaña está destruida a dos meses de iniciado el gobierno.

Nadie le da tregua ni quiere entender el problema: los republicanos comienzan a decir, en voz cada vez más alta, que en esa materia Trump lo hacía mejor.

Los medios de comunicación muestran la ilegalidad del gobierno al tener detenidos a menores de edad por más tiempo del permitido.

Protestan porque a la prensa le niegan el acceso a los campamentos donde se hacinan decenas de miles de niños y adolescentes mexicanos y centroamericanos, retenidos.

Eso, subrayan, no ocurrió ni con Trump, lo cual es verdad.

Desde el sur de la frontera crece exponencialmente el número de menores de edad que se lanzan a Estados Unidos en busca de refugio.

También los adultos. La ola no va a parar, debido a la ausencia de políticas públicas acertadas en la región, golpeada por el Covid.

Las detenciones están próximas al récord histórico alcanzado hace 20 años, reconoció el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas.

Ahí está la nuez del asunto, y no en que Biden sea una buena persona y se aprovechen de su disposición a llevar el tema por cauces humanitarios: hace 20 años hubo una crisis que afectó el crecimiento en México y parte de los afectados buscaron entrar a Estados Unidos.

Hoy ocurre lo mismo, y va a rebasar con mucho lo que sucedió hace 20 años.

La oleada será mayor y más prolongada porque los países expulsores de gente se paralizaron ante la pandemia y crearon millones de desempleados.

También provocaron que millones de menores de edad dejaran la escuela, porque el dilema es estudiar o comer. Y si no hay trabajo ni apoyos en sus países, toman la ruta del desierto.

Para marzo, la Patrulla Fronteriza calcula que tendrá a 16 mil menores bajo custodia, que es una cifra récord desde los coletazos de la crisis económica global, hace una década.

En abril, espera que entre 18 mil y 22 mil menores cruzarán a Estados Unidos.

Funcionarios migratorios dijeron a The Wall Street Journal que la cifra de abril podría terminar en 25 mil menores retenidos, tan sólo en los 30 días del mes.

La diferencia con los meses anteriores marca el crecimiento de la ola migratoria: en febrero hubo 9 mil 300 casos, y en enero 5 mil 700.

Al cruzar la frontera, los menores de edad se entregan a la Patrulla Fronteriza y piden asilo. No pueden ser deportados, ya que las leyes de este país obligan a estudiar el caso sin importar la forma en que los solicitantes ingresaron a Estados Unidos.

De continuar este ritmo de aumento de menores no acompañados que llegan por la frontera sur, expulsados por la falta de empleo para sus padres o por la violencia en su entorno, en sólo un año habrán llegado niños y adolescentes a Estados Unidos que equivalen a casi la mitad de la población total del estado de Wyoming.

El gobierno de Biden no tiene respuesta al problema.

La crisis fronteriza al parecer rebasó a la responsable de atender el problema, la exembajadora Roberta Jacobson, y el presidente se lo encargó directamente a la vicepresidenta Kamala Harris, que tiene la mano pesada.

En total, la capacidad de albergar a menores en la red de refugios del gobierno no rebasa los 13 mil 200 lugares. Y con el distanciamiento social las plazas se reducen en aproximadamente 40 por ciento.

¿Dónde van a ubicar a decenas de miles de menores de edad? Imposible.

La crisis ya le estalló a Biden, y va a pagar políticamente la irresponsabilidad de gobiernos de otros países, que han comenzado a expulsar cantidades inmensas de niños y adolescentes por la crisis económica derivada de la pandemia y su mala gestión.

Va a tropezar también con su retórica promigrante y no dejará contento a nadie.

Jason Riley, autor de varios libros sobre temas migratorios, escribió el fin de semana en The Wall Street Journal un artículo que refleja la extendida molestia que hay con el presidente:

"¿Cuáles son las prioridades de inmigración de la administración Biden? ¿Va a borrar la frontera sur para todos los efectos, mientras legaliza a todos los que se encuentran actualmente en el país sin autorización?".

Y le hunde el acero: "Por un lado de su boca grita (Biden) '¡No vengas, la frontera está cerrada!', y por el otro lado de la boca, susurra: 'Pero si logras llegar a Estados Unidos, incluso ilegalmente, es casi seguro que te permitan quedarte'… Ésa no es la forma de gobernar una nación soberana".

Una mujer que siempre criticó la política de separación de familias de Donald Trump, Kathleen Parker, del Washington Post, también culpó a Biden de la crisis en la frontera sur:

"Sólo un ingenuo invitaría a todos a una fiesta, y luego se sorprendería cuando aparecieran en la puerta".

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