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Anoche todo quedó claro para la decisión final

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Anoche todo quedó claro para la decisión final

23/10/2020
Actualización 23/10/2020 - 8:48

MIAMI, Florida.- En un gran debate presidencial, Donald Trump demostró que puede conservar la calma en momentos de acoso y brillar con aciertos que lo llevaron a vencer hace cuatro años, mientras que Joe Biden despejó cualquier duda sobre la fortaleza de su carácter e hizo evidente su enorme estatura moral.

Difícil saber si con el debate de anoche en la Universidad de Belmont, en Nashville, alguien cambiará el sentido de su voto, pero al menos van a saber con claridad por qué votan por uno u otro.

El debate sirvió para los estadounidenses, aunque también para el resto de los ciudadanos del mundo que lo quisieron ver.

¿Cómo somos, sin etiquetas partidistas? ¿Qué queremos para nuestras sociedades? Ahí estuvieron en las pantallas de cientos de millones de hogares las dos caras de la moneda, para identificarnos y elegir.

Un pragmático del individualismo a ultranza, Donald Trump.

Un humanista de ideas claras y sentido de la responsabilidad social, Joe Biden.

A los hechos:

Si nos atenemos a la regla no escrita de que los primeros 30 minutos de un debate son los fundamentales, el vencedor de anoche fue, con mucho, el aspirante demócrata.

La administración Trump ha tenido un desempeño desastroso frente a la pandemia y el presidente de Estados Unidos carece de respuesta para explicar lo obvio: ¿por qué 220 mil muertos?

Trump mintió una y otra vez anoche para eludir su responsabilidad y recurrió a la promesa como si ya fuera un hecho concreto: ya está la vacuna “y la va a distribuir el Ejército”.

Mintió al decir que en estados como Florida la pandemia va claramente a la baja, pues justo hoy (ayer) tuvimos el número más alto de contagios, cinco mil 557 nuevos casos.

Las contradicciones de Trump fueron puestas de cara a la nación: primero declaró que Estados Unidos tenía “una deuda de gratitud con China” y felicitó a ese gobierno por el “manejo transparente” de la pandemia, y cuando empezaron a morir estadounidenses cambió radicalmente de opinión y la acusó de todo.

Nada pudo decir Trump ante ello. “El problema fue su ineptitud”, le dijo Biden en dos ocasiones que el presidente se las tragó completas.

Sólo pudo recurrir, como la letra de José Alfredo, a otra mentira (que por cierto ya habíamos oído en otro lado): “hemos actuado tan bien que otros países nos han felicitado por la manera en que hemos doblado a la pandemia”.

Hasta ahí, 35 o 40 minutos iniciales, Joe Biden logró hacer de las elecciones en este país un referéndum sobre la actuación de Trump ante el coronavirus.

Fatal le fue a Trump en el tema de los impuestos. Pagó más ISR en China que en Estados Unidos.

El presidente, durante casi toda la noche, estuvo a la defensiva. Se invirtieron los papeles: Biden atacó y Trump cabeceó contra las cuerdas en el ring electoral instalado en Nashville.

Y sacó los mejores golpes de su vida política. Los mismos que asestó a Hillary hace cuatro años se los repitió a Biden.

Ante cada propuesta del demócrata, Trump le preguntaba: ¿y por qué no lo hiciste?

¿Por qué no lo propusiste en tus 47 años de político?

¿Por qué no lo empujaste como senador?

¿Por qué no lo promoviste como vicepresidente?

“Nada de lo que estás diciendo aquí lo hiciste”.

Son golpes muy efectivos, y las respuestas pueden ser razonables, pero la pregunta cala en la gente decepcionada de 'los políticos'.

Y Trump, con un periodo presidencial casi cumplido, que va por un segundo mandato y ya tiene dos campañas presidenciales a cuestas, logró presentarse como un 'no político'. Genial estuvo el presidente en esos lances.

El Biden con carácter estuvo presente en todo momento, y de manera subrayada al hablar de los países que “han intervenido en nuestras elecciones. Lo van a pagar”.

Dio nombres de países injerencistas, de acuerdo con los recientes informes del FBI: Rusia, China e Irán han “intervenido en nuestro proceso electoral. Están jugando con la soberanía de Estados Unidos, y pagarán por ello”.

Tuvo la delicadeza de no mencionar a México, pero ahí están los spots de la visita de nuestro presidente a la Casa Blanca a darle las gracias a Donald Trump. En Texas, siguen al aire.

Los niños separados de sus padres por el gobierno de Trump en la frontera con México fue uno de los dos temas en que con mayor nitidez se mostró lo que trae dentro cada uno de los dos candidatos.

Para Biden, que haya más de 500 niños que fueron arrebatados a sus padres y ahora no se sepa dónde están, es sencillamente criminal. Repitió: criminal.

Trump respondió que esos niños fueron traídos por coyotes, que eran utilizados por asesinos y violadores para entrar a Estados Unidos.

No señor, atajó Biden, esos niños entraron con sus padres y les fueron arrebatados de sus manos.

Trump mencionó como una victoria las deportaciones, y Biden ofreció ciudadanía, en sus primeros cien días de presidente, a once millones de indocumentados que ya están aquí.

Se vio auténtico el estupor moral de Biden por la medida de Trump de deportar a dreamers: “este hombre –dijo apuntando al presidente– los está enviando a un país que no conocen”, porque llegaron a Estados Unidos siendo niños. “Criminal”, le dijo otra vez.

Y el otro punto que los retrató con nitidez fue el de la medicina pública: Trump quiere tener mayoría en la Cámara de Representantes para destruir el Obamacare, con lo que dejaría a 20 millones de estadounidenses sin seguridad social.

¿Qué propone?, se le preguntó al presidente.

Y la respuesta fue la misma que en sus cuatro años de gobierno: él tiene un plan que no se lo quiere decir a nadie. Es decir, no tiene nada. Que busquen dinero para pagar o que se mueran.

Biden lo desmintió una y otra vez por la acusación de que quiere eliminar los seguros privados. “¿Qué voy a hacer si hay una persona enferma que pide seguridad social? Se la voy a dar. Y por eso este hombre –Trump– me llama socialista”, ironizó.

Gran debate, que le vino bien a Trump. Mantuvo la compostura, que es algo que inquieta hasta a los propios republicanos.

Y Biden lanzó un mensaje final dirigido al alma de un país fracturado:

“Lo que estará en la boleta electoral será el carácter del país que queremos. Soy orgullosamente demócrata, pero no gobernaré para los estados azules o para los estados rojos. Seré presidente de los Estados Unidos”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.