Uso de Razón

Samuel el simulador

Desde el sexenio anterior hemos visto desfilar gobernadores jóvenes o relativamente jóvenes que han degradado el oficio de la política a niveles inauditos.

Si había alguna duda de que Samuel García era un peón de Morena, que vea el tipo de licencia que gestiona para dejar el cargo de gobernador de Nuevo León: temporal.

Ahí está el peine.

¿Si va por la Presidencia de la República, qué sentido tiene que su licencia sea temporal?

El pleito de Samuel García es por volver al cargo de gobernador después de la elección presidencial de junio próximo.

Con eso revela que no piensa ganar la elección, sino que únicamente va a competir para quitarle votos a la candidata de oposición.

Va a cumplir con un trabajo sucio y se regresa a Monterrey.

En el juicio de protección de derechos político-electorales que promovió ante el Tribunal Federal Electoral, Samuel García pretende impedir que sea el Congreso del estado el que designe al gobernador interino, que tiene esa facultad legal (Reforma de ayer lunes).

Quiere dejar en el cargo al secretario de Gobierno, es decir a su secretario al frente de la entidad mientras él juega a la política federal y le hace el trabajo sucio a Morena.

Hace la chamba y se regresa.

¿Esos son los jóvenes a los que es necesario abrirles el camino para que entren al relevo generacional?

Qué triste destino le espera al país si de esa calaña será “la nueva clase política” mexicana.

El deterioro de los liderazgos en el país es atroz. Desde el sexenio anterior hemos visto desfilar gobernadores jóvenes o relativamente jóvenes que han degradado el oficio de la política a niveles inauditos.

Ahora vemos que no es un asunto de determinados partidos ni fue una camada excepcionalmente mala de gobernadores, sino que es una plaga enquistada en todas las organizaciones políticas.

Sólo basta dar una mirada a los nuevos gobernadores (y aspirantes a serlo) de Morena y caeremos en la cuenta de que esta clase política está podrida.

Igual que en muchos casos de la oposición: si no me dan lo que quiero me cambio de partido.

Así hizo el entonces morenista que no tuvo la candidatura al gobierno de Coahuila. Se puso la camiseta del PT y compitió para que su compañero de partido no ganara. Etcétera, etcétera.

De esa catadura es Samuel García, con un agravante: su desinhibido arrojo para simular.

Va a una campaña con la abierta simulación de que competirá para ser presidente de la República. No es así. Irá de muleta de Morena para que otra persona sea presidenta.

¿No? Ahí está el juicio que interpuso a fin de regresar al gobierno de Nuevo León después de los comicios del 2 de junio.

En algunos lugares del país aparecen bardas con la leyenda que anima a los bajacalifornianos y sonorenses a tener un presidente norteño.

Los está engañando.

Durante su campaña se presentará como un candidato de oposición porque su partido, Movimiento Ciudadano, ciertamente ha sido opositor.

Pura simulación. Va a entusiasmar a los norteños con un discurso crítico al gobierno para dividir el voto opositor y que gane la candidata de Morena.

Dice Dante Delgado que con el PRIAN ni a la esquina. Pero con Morena, hasta la ignominia.

En ese partido hay gente valiosa y con sentido del decoro. Que ha cuidado su prestigio personal forjado en largas carreras de servicio público.

¿Qué dirán ante la jugarreta de llevar a Samuel García como candidato presidencial para dividir el voto opositor?

Se trata de un candidato que sabe que no va a ganar, y acude a tribunales para asegurar que podrá volver a “la chamba” de gobernador una vez que haya cumplido la tarea de prolongar otros seis años de Morena en el poder.

¿Qué dirán los neoleoneses que lo encumbraron?

¿Los que lo oyeron decir que no se iba a distraer con una candidatura presidencial, que gobernaría por seis años?

Tal vez vuelvan a votar por él, para confirmarnos que no sólo la “nueva clase política” está podrida, sino que hay una enfermedad social mucho más profunda.

Que el tal Samuel es sólo un grano de la infección que invade al cuerpo social.

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