Uso de Razón

La hora decisiva: declinar

¿Para qué regalarle al presidente la oportunidad de fracturar a la oposición, que va a realizar un ejercicio democrático encomiable, pero fácil de vulnerar desde el poder?

Comienza a crecer la opinión de que los precandidatos Santiago Creel, Enrique de la Madrid y Beatriz Paredes tendrían que valorar la opción de declinar en favor de Xóchitl Gálvez, para evitar golpes que dejan heridas y fracturas que conducen al triunfo del oficialismo.

Ya lo dijo antes un mexicano histórico, “la patria es primero”.

Lo que está en juego, precisamente, es México, un país agredido por la polarización y el rencor alentado por el huésped de Palacio Nacional.

México no puede seguir un sexenio más de destrucción, encono y retroceso.

La elección de un candidato presidencial opositor en urnas dispuestas en las principales plazas públicas del país fue una gran idea, pero la realidad está mandando a otra cosa.

Hay un rival, que es el presidente de la República y el aparato de coerción, espionaje, movilización y de fuerza del Estado, en marcha para impedir la alternancia democrática en los mandos institucionales del país.

El escenario que plantea un Presidente que viola la ley para destruir a la precandidata opositora que ha logrado concitar las simpatías y la solidaridad de la ciudadanía, Xóchitl Gálvez, obligan a cambiar la estrategia.

La encuesta está bien, pero una precampaña –que además es ilegal– y votación nacional van a causar raspaduras y choques que son propios de las contiendas políticas en democracia.

Pero en la Presidencia no hay un demócrata, sino un autócrata que está haciendo todo para descarrilar a la candidata opositora que le puede truncar el proyecto de permanecer en el poder a través de una persona encargada de despacho.

Ya hemos visto de lo que es capaz para concretar sus obsesiones. Y esto es poco en comparación con lo que se viene en la campaña formal.

Peor aún en la elección. En el posible caso de un triunfo opositor, el asalto al Capitolio de Donald Trump el 6 de enero de 2021 será una escaramuza comparada con lo que el país deberá enfrentar el próximo año.

La unidad es un deber político y cívico, si la intención es rescatar a México del autoritarismo reaccionario del Presidente.

¿Para qué regalarle la oportunidad de fracturar a la oposición, que va a realizar un ejercicio democrático encomiable, pero fácil de vulnerar desde el poder?

También le da al Presidente, al aparato del Estado y a Morena, la posibilidad de intentar dividir al Frente Amplio con la promesa de invitaciones a puestos de poder en la siguiente administración.

La elección de agosto es un riesgo evitable. Y no el último obstáculo. Ni siquiera el más temerario.

Creel, un demócrata que nunca ha bajado los brazos en ninguna batalla, incluso en aquellas en las que ha estado equivocado, se enfrentará a la prueba máxima de un político: bajarse para dar paso a otro.

¿Por qué tendría que bajarse?, se preguntará él, De la Madrid y Beatriz. Por lo que dijo Vicente Guerrero.

Enrique de la Madrid, que en mi opinión sería un muy buen presidente de México, por su formación y claridad acerca de lo que hay que hacer para salir del pantano del odio y el retroceso en educación, salud e infraestructura en que nos metió esta administración, tendrá que aproximarse a esa difícil decisión. Meditarla, valorarla.

Beatriz Paredes no sólo tiene trayectoria, sino que conoce el México profundo, ese que fue agraviado por los excesos que no deben volver a repetirse. Conoce el mundo y no le teme al mundo. Cultivó buenas relaciones con quienes hoy gobiernan en América Latina, donde es apreciada y respetada. Sería una buena presidenta de México. Durísimo lo que ella debe decidir.

Los tres opositores, políticos con mayor trayectoria que Xóchitl, están en el punto decisivo del que habla Jorge Luis Borges: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.

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