Uso de Razón

Dante tiene la llave

De haberse sumado MC en 2021 a la alianza PAN-PRI-PRD en los distritos, hoy la oposición sería mayoría en la Cámara baja y no estaríamos velando al INE.

En los comicios de 2021, en que se renovó la Cámara de Diputados, la oposición (incluido MC) obtuvo 23 millones 24 mil votos.

Morena y sus aliados alcanzaron 20 millones 904 mil votos.

Y la mayoría en la Cámara de Diputados la obtuvo la coalición gobernante, a pesar de ser minoría.

¿Por qué? Porque Movimiento Ciudadano se negó a ir en alianza con los partidos opositores.

De haberse sumado el partido de Dante (MC) a la alianza PAN-PRI-PRD en los distritos, hoy la oposición sería mayoría en la cámara y no estaríamos velando al INE.

Ni podrían, Morena y sus aliados, imponer a los consejeros electorales que entrarán al relevo en el instituto.

El mango de la sartén estaría en manos de la oposición.

Dante no quiso porque rechaza, dijo, hacer alianza “con el PRIAN”.

Suena a pretexto. Él fue gobernador de Veracruz por el PRI y en las pasadas elecciones presidenciales su partido hizo alianza con el PAN.

Fue el esquirol de Morena, y al parecer lo quiere seguir siendo.

En declaraciones públicas y en conversaciones privadas, Dante Delgado ha reiterado que su partido irá solo en la elección presidencial.

Sin MC, la derrota de Morena no está asegurada. El destino del país tampoco.

Lo que ha dicho el político veracruzano es que luego de la derrota que tendrá la alianza en el Estado de México, el electorado correrá a refugiarse en Movimiento Ciudadano para la elección presidencial.

Otra artimaña. Parte de la culpa de esa derrota, que se ve venir, será de la mezquindad de Movimiento Ciudadano.

Dante rechaza incluso el método de elección del candidato(a) presidencial con participación de la ciudadanía.

Se sale de control, ha dicho a quienes han llevado las negociaciones con él.

El otro escollo es el PAN. Marko Cortés en particular.

Marko insiste en que el acuerdo fue que ellos decidían el método para la elección del candidato(a) presidencial.

Una aspirante priista (Beatriz Paredes, me dicen) le preguntó en una reunión: “¿O sea que si yo quiero ser candidata de la alianza tengo que ir al PAN e inscribirme con las reglas que me ponga el PAN?”.

Las organizaciones de la sociedad civil han planteado un método de selección del candidato(a) mediante la combinación de urnas en las plazas principales públicas, voto electrónico (dando el número de la credencial de elector) y encuestas.

Marko Cortés no quiere. El PAN fijará las reglas.

Hace un par de semanas, Guadalupe Acosta Naranjo invitó a los precandidatos opositores a una reunión para conversar el método de elección.

Todos fueron, o mandaron a sus representantes, menos uno: Santiago Creel.

El punto sensible está en que si las dirigencias de los partidos postulan a un candidato sin el concurso de la sociedad, no van a capitalizar la energía social existente para sacar a Morena del poder.

Un proceso incluyente, en cambio, contrastaría con el previsible dedazo en Morena.

Legitimidad es la palabra clave.

Candidato(a) surgido de un proceso amplio, incluyente, festivo, tendrá el voto del ciudadano que fue tomado en cuenta, aunque no haya ganado su precandidato favorito.

Pero si la gente percibe que le están imponiendo un candidato, o que fue un enjuague del PAN, sucederá lo mismo de siempre: 40 o 45 por ciento de abstención.

La oposición puede ganar, sin duda, pero con el voto de los que hasta ahora no participan.

Y no participan porque ven en las elecciones un asunto exclusivo de partidos y de dirigentes que negocian en la oscuridad.

Una cara nueva, fresca, que trascienda a los partidos, sería ideal.

Pero la política se hace a partir de realidades, y hasta ahora no se ve esa figura que galvanice el sentimiento de las clases medias ofendidas.

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