Todos somos ellas
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Todos somos ellas

11/03/2020

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales

Para Eustolia

No cabe la más mínima duda de que el 8 y 9 de marzo las mujeres mexicanas rebasaron al Estado mexicano y a la sociedad masculina al configurarse como un colectivo sin líderes ni partidos, pero sí con causas y demandas.

Dejaron claro que son más de la mitad de la sociedad mexicana, no sólo en número, sino porque son claves en mover al país: desde el desarrollo de la familia, hasta en el crecimiento económico de México.

Fue impactante y una victoria total para ellas observar cómo se vivía un lunes laboral sin sus acciones. Su falta era inminente: las calles sin tacones, los asientos rosas vacíos en los Metrobuses, los camiones sin sus rostros maquillados, las oficinas sin sus ideas, la vida sin su presencia. Los hombres andábamos desconcertados de no ver a quienes diariamente vemos. Su ausencia fue al mismo tiempo melancolía.

Seguramente la reflexión durante el domingo y lunes fue profunda entre las familias mexicanas al preguntarse ¿qué motivan estas movilizaciones?, ¿por qué se llegó hasta este momento de rabia y desesperación?, ¿quiénes son los responsables?... ¿qué sigue?

Imagino los inquietantes cuestionamientos de las niñas y niños hacia sus padres sobre el paro de las mujeres y esas inquietas preguntas configuradas en sus pequeñas mentes sobre los motivos por los que una mujer puede ser golpeada, violada, asesinada... y ¿cómo es posible que un hombre pueda atreverse a cometer cualquiera de esos crímenes?, ¿cómo puede un hombre que actúa de esa forma seguir sin remordimientos?, ¿cómo puede un hombre seguir libre y sin castigo después de ultrajar física y mentalmente a una mujer?

Fue avasallante el triunfo del domingo para ellas y al final de cuentas para todo México, porque no puede ser un México sin ellas. Ver ese mar morado de mujeres que desbordaban las aceras del corredor que va del Monumento a la Revolución hasta el Zócalo capitalino... con sus voces y pancartas con slogans como “no somos histéricas, somos históricas”, “este cuerpo es mío”, “mujeres criando, también están luchando”… reclamos que poco a poco fueron llegando hasta la puerta de Palacio Nacional, incluso tocada con una bomba molotov.

Los hombres pasábamos totalmente desapercibidos. Por fin las calles fueron 100 por ciento para ellas. Las mujeres se empoderaron por sí mismas, sin la necesidad de que algún varón les diera permiso. Comúnmente los hombres nos ufanamos al señalar que en nuestra empresa, en nuestro gobierno, en nuestro entorno “abrimos las puertas” a la paridad de género, ya que nosotros siempre somos los que “facilitamos”, “nos comprometemos”, “permitimos” que ustedes se “incorporen”, “crezcan”, “nos hagan mejores”. Ahora ustedes nos arrebataron la palabra y las acciones, sin necesidad de que nosotros les hayamos abierto espacios, o les hayamos dado la voz, o les permitiéramos tomar la palabra.

Diariamente son asesinadas en México 10 mujeres en promedio. Diariamente el machismo margina a las mujeres en millones de hogares mexicanos. Diariamente la violencia familiar es causada por miles de hombres que son incapaces de superar los falsos supuestos de superioridad. Diariamente mujeres jóvenes son abusadas verbal y físicamente sin que nada cambie. Ahora, este domingo y lunes ya nada debe justificar que vuelva a suceda nada de eso.

Un dato que hiela la sangre es que de 1990 a 2018 los homicidios a mujeres crecieron más del 100 por ciento al pasar de mil 519 a tres mil 752, datos según el INEGI. De seguir bajo esta tendencia nos veremos en la tarea de vivir bajo un Estado insuficiente, incapaz. De estar rodeados de una sociedad enferma, en primer lugar por hacerlo y en segundo lugar por seguir permitiéndolo.

Según instituciones bancarias, el lunes las pérdidas económicas sumaron 43 mil 500 millones de pesos por un día de trabajo en ausencia de las mujeres o el equivalente al 50 por ciento del valor agregado. Significativa cifra, sin duda alguna, pero no es ni siquiera la mínima parte para subsanar el dolor por las mujeres desaparecidas, asesinadas, torturadas, golpeadas, marginadas, acosadas, engañadas.

Estamos ante un punto de quiebre. El domingo 8 y lunes 9 de marzo del 2020 deben ser recordado como los dos días en que ya no hubo marcha atrás y el momento en la historia de México en donde se abrieron mil lugares para ellas, y entonces fuimos un país que comenzó a ser otro mejor y más grande, donde exista su paz, su felicidad, su igualdad, su respeto, su dignidad… tan común para los hombres y ganado por ellas mismas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.