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Todo o nada

14/02/2020
Actualización 14/02/2020 - 15:36

La carrera electoral en Estados Unidos para ganar la presidencia es uno de los procesos más complejos dentro de los sistemas democráticos en el mundo, por su robusto sistema electoral que se desarrolla en diversas etapas y que cuenta con decenas de particularidades.

Cada cuatro años se viven historias de grandes emociones que impactan no sólo en la ciudadanía estadounidense, sino que trasciende fronteras. Decenas de medios de comunicación cubren paso a paso a los candidatos, especulan, analizan, buscan la nota que los distinga, hacer una entrevista con los protagonistas, se narran notas de color, se quiere llegar al momento justo…

En todo el mundo se sigue este proceso electoral como si se tratara de un gran evento deportivo. La televisión continúa siendo el primer activo. Los noticieros de diversas partes del mundo desplazan reporteros y desvelan a sus corresponsales. Y con justa razón pues lo que sucede en ese primer martes de noviembre de cada cuatro años, repercute de alguna manera u otra en todos los países.

Esta semana se celebró la primera elección primara (cuando los ciudadanos sufragarán en las mesas de votación y se marchan) en el estado de New Hampshire después del caucus (cuando suceden eventos comunales donde miembros leales de cada partido votan públicamente) en Iowa. Faltan otros 48 estados donde se celebren una de las dos modalidades de votación. Sólo en Kentucky, Washington D.C y Alaska se celebran ambas.

En el ala demócrata hay varios hombres y mujeres que buscan la candidatura, mientras que en el ala republicana no hay rivales que hagan sombra al presidente Donald Trump quién busca su reelección por cuatro años más. Históricamente sólo hay dos partidos políticos que juegan en este escenario electoral y que se consolidaron en la década de 1830, los demócratas y los whings, que a la postre se llamaron republicanos.

Desde 1852 todos los presidentes de los Estados Unidos han sido parte de estas dos formaciones. Además, el sistema político estadounidense permite este exclusivo bipartidismo con una serie de normativas que hacen casi imposible que nazcan más partidos. Mucho tiene que ver su financiación y el dinero que se requiere para afrontar con éxito una campaña.

Mientras tanto, poco a poco los candidatos demócratas se irán haciendo menos durante el desarrollo de su contienda interna. En este momento son ocho estadounidenses que buscan convencer a un electorado ávido de encontrar a la figura adecuada que destrone a Donald Trump, un político que ha dividido a la sociedad estadounidense durante un primer periodo de cuatro años y que ha generado por igual odio y devoción.

Aunque se ha escrito mucho sobre las dos recientes votaciones en Iowa y New Hampshire, y es cierto que se comienzan a delinear tendencias a considerar de quienes pueden adelantarse al grupo. Aún faltan varias fechas claves para leer mejor a los dos favoritos.

Haciendo una primera lectura, es indudable que el político de 78 años que representa a la izquierda estadounidense y considerado un antisistema, Bernie Sanders y Pete Buttigieg, de 38 años, veterano militar y único aspirante que ha declarado abiertamente su homosexualidad han sido los que mejores dividendos han obtenido en estos dos estados pequeños. Y que el gran perdedor fue Joe Biden, de 77 años y quien fuera vicepresidente en el gobierno de Barack Obama.

Recordemos que cada semana o dos, dependiendo del calendario de cada estado, se celebran elecciones primarias, caucus o ambas. Los candidatos van sumando delegados a partir de la cantidad que ofrece cada provincia. En el caso de New Hampshire, sólo ofrecieron 24 de los 1.991 delegados que se necesitan para ganar la elección. Por ello, decimos que aunque hay tendencias interesantes para analizar, hay que esperar cómo se vota en los estados con mayor peso, aquellos que están conformados por múltiples grupos socioculturales y raciales.

Pero hay una fecha próxima que sí puede marcar un antes y un después en la contienda interna demócrata: el 3 de marzo, que también se le conoce como 'supermartes', ya que ese mismo día se celebran en 14 estados votaciones. Provincias de gran tamaño y población como California y Texas forman parte de ese ejército de votantes. Para dimensionar la importancia, en esa jornada se juega el 40 por ciento de delegados.

Pero además del buen número de delegados que se juegan en ese supermartes, por primera vez contendrá en unas primarias el empresario Michael Bloomberg, quién busca irrumpir en la contienda demócrata y llevarse una buena cantidad de esos delegados en juego.

A sus 77 años, Bloomberg es uno de los empresarios más ricos del país. Fue alcalde de Nueva York y es uno de los principales contrapesos de Donald Trump. Su agenda está centrada en economía, inmigración, control de armas y cambio climático.

A pesar de que ha decidido no participar deliberadamente en aquellos estados en contienda previos al supermartes, Bloomberg se ha ido posicionando en las encuestas y ya está entre los primeros lugares.

Hasta ahora, su estrategia electoral se ha basado en desarrollar impactos mediáticos masivos en radio, televisión e internet, lo que le han dado buenos resultados. No obstante, la diversidad y multiculturalidad de la ciudadanía estadounidense en sus 50 estados, no deja de ser impredecible. Por ello y sin lugar a dudas, Bloomberg apostará ese 3 de marzo, a todo o nada.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.