Trópicos

Se levanta el telón

Nos gusta ver a nuestros ídolos reír y llorar, y que mejor, que tenerlos entre nosotros, sacarlos de sus lujosas carpas para convertirse en un ciudadano más.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales .

Vivimos el inicio de un espectáculo a gran escala. Quizás el gran circo, Ringling Bros. and Barnum & Bailey, se anime a regresar a los escenarios inspirado en la política mexicana, que año con año se empeña en superar la ficción.

Habrá escenas de terror, trágicas y cómicas. Un repertorio amplísimo de primeros actores y actrices comenzarán a transitar por las diversas carpas electorales. Hay quienes ya iniciaron sus funciones, y los espectadores nos extasiamos, a veces hasta la náusea, de verlos actuar.

Conforme avanza el tiempo y nos acercamos a junio, también parece que retrocedemos siglos atrás. No cabe duda que el poder se obtiene a costa de lo que sea o de quien sea, a la sombra de los peores candidatos. Para llegar a él, no importan los caminos, mucho menos la ideología. Lo importante es postular a ellos y ellas, para que lleven al trono a unos cuantos. Como en un circo, lo raro se vuelve expectación y la gente paga por ver.

A las sociedades nos gusta apostar, nos gusta divertirnos, pero también provocar. Cuando alguien votó, por ejemplo, por Cuauhtémoc Blanco, ¿qué le motivó sufragar por quien fuera un crack de futbol, ignorante, y sin ninguna experiencia en la política? Mucho tiene que ver con un aspecto sociológico del mexicano, que implica que lo mueven más las emociones, en lugar del raciocinio.

Nos gusta ver a nuestros ídolos reír y llorar, y que mejor, que tenerlos entre nosotros, sacarlos de sus lujosas carpas para convertirse en un ciudadano más; eso nos venden en campaña: la cercanía con la gente. Blanco era intocable cuando incendiaba el césped, por ello el voto que se le otorgó no fue para que realizara buenas obras públicas, sino para cumplir el sueño de muchos: el de verlo bajar del Olimpo del Azteca para que, entre nuestras calles y colonias, hagamos juntos la cuauhtemiña.

Pasaron de ser de la jet set de los periódicos, al del spot político entre calles y mercados públicos, prometiéndonos conocer nuestros problemas. El PES va a repetir la fórmula, pero ahora en Jalisco con Adolfo, el Bofo, Bautista, a quien primero buscan hacerlo diputado y quizá más adelante gobernador. Buscarán repetirán la fórmula del examericanista, ahora con una exfigura de las Chivas del Guadalajara, a quien los fanáticos tapatíos lo siguen recordando por ese gol que les dio el campeonato en 2006, ante el Toluca. Dos exrivales en el campo, ahora aliados en el mismo partido político.

Un caso que resultará suigéneris y digno de tesis sociológicas (y psicológicas), es si gana alguien como Félix Salgado Macedonio, el repudiado candidato a la gubernatura del estado de Guerrero, por Morena. Él va a protagonizar una escena de terror, algo parecido a una de esas películas de Quentin Tarantino, llenas de surrealismo, violencia y maldad, y en las cuales muchas veces ganan los malos.

La figura de Félix Salgado representa al antipolítico. El hombre que llega, sin que se sepa por qué llegó, pero sigue avanzando. Simboliza una de esas películas de terror que nunca termina. A él, y a la dirigencia del partido no los mueve el origen del movimiento, ni mucho menos la transformación. Los mueven los secretos y alianzas que les permitan seguirse desdoblando para la obtención de más poder. La ideología les sirvió para apalancarse y conquistar el poder en un inicio. Pero ya asentados, lo de menos es el proyecto.

Si llegara a ganar, hay dos problemas, el del partido-movimiento, y el de la gente. El que más me preocupa es el que la ciudadanía vote a figuras como él, a consecuencia de lo primero, y no disocie la rápida descomposición del partido-movimiento al que pertenecen, con el del líder que lo originó.

No sólo evidencia que los partidos políticos con el tiempo, en lugar de mejorar, se descomponen, sino que la sociedad tampoco logra driblar o diferenciar que el voto es un poder que otorgan los procesos democráticos, y se debe fundamentarse en el raciocinio y no en las emociones, para corregir, precisamente, representantes como los que nos proponen.

Me imagino a los líderes del partido Movimiento Ciudadano haciendo análisis sesudos y elucubraciones profundas, para llegar a la conclusión de que Paquita la del Barrio, símbolo del despecho y la desgracia amorosa, haya sido señalada para ser la salvadora de la patria… o al menos de su distrito, en Veracruz.

Ni ella misma lo sabe, lo ha dicho. La burla de la dirigencia de ese partido es absoluta, al querernos engañar de que un perfil como el suyo, debe ganar, ¿no le indigna? El problema, insisto, tiene doble cara: por un lado, el partido que la propone, y por el otro, y el que más preocupa, el que la gente siga sufragando por personalidades como la de ella.

El PRI, el PAN y el PRD, los opositores, se saben derrotados y apuestan al error del gobierno y al de los adversarios para incrementar su escueta presencia individual en el Congreso de la Unión. Estos partidos, condenados al desprestigio después de los malos resultados emanados de sus gobiernos, siguen abrazando usos y costumbres sin cualidades y una cosmovisión extraviada en lo que alguna vez fue su hegemonía.

Incluso no tienen nada que ofrecer en esta magnánima carpa electoral… bueno, el PAN ya se aventuró a postular a Bibi Gaytan, para presidenta municipal en un municipio del Estado de México. ¡Que continúe la función!

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