'No puedo respirar'
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'No puedo respirar'

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'No puedo respirar'

03/06/2020
Actualización 03/06/2020 - 15:52

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales .

Su último respiro fue un lunes por la noche mientras tres policías presionaban su cuello, torso y piernas contra el asfalto de la Avenida Chicago en la ciudad de Minneapolis. Un hombre llamado George Floyd, negro, de 46 años, alto, corpulento y desempleado a causa de la pandemia por el Covid-19, se sumó a la larga lista de asesinatos ocasionados por policías de Estados Unidos, víctima de racismo.

En menos de 30 minutos sucedió su detención y asesinato. Primero, una llamada al 911 en la que acusaban a Floyd por haber pagado con billetes falsos unos cigarros en el restaurante Cup Foods, ubicado en el cruce de Avenida Chicago y la calle East 38th. Faltaban tres minutos para que dieran las 8 pm, de una clara noche.

Minuto después, a las 8:08 pm llegó una primera unidad de la policía estacionándose en la Avenida Chicago, frente a la entrada del Cup Foods, enfrente hay una gasolinera. Los uniformados descienden de su coche y cruzan la calle opuesta para emboscar el auto detenido de George Floyd, estacionado en la East 38th, al otro costado del restaurante donde sobresale un toldo color vino con la frase “Hot and cold Deli” y un mural colorido de una vereda con un sol resplandeciente.

Floyd se encontraba al volante de una vieja SUV, Mercedes Benz, de la cual es sacado sin oponer resistencia ni mostrar violencia. Lo esposan y sientan contra la pared de la calle East 38th... después de varios minutos y una serie de preguntas lo trasladan al vehículo de la policía estacionado frente a la puerta principal del Cup Foods, en la Avenida Chicago. Floyd argumenta que es claustrofóbico, no obstante, lo introducen a la fuerza a la unidad y después de varias agresiones sale nuevamente del vehículo. En ese momento es tirado sobre la calle boca abajo, su cara roza una de las llantas… le quedaban pocos minutos de vida.

A las 8:17 pm se incorpora otra patrulla que llevaba a los oficiales blancos Derek Chauvin y a Tou Thao, este último de rasgos orientales. En los próximos ocho minutos iba a ser asesinado por todos ellos al ocasionarle un “fallo pulmonar” por la “comprensión del cuello”, según la autopsia. Floyd seguía sin mostrar actitudes violentas, al contrario, siempre cooperó con su arresto.

Son las 8:18 pm de la noche del lunes 25 de mayo. Derech Chauvin coloca su rodilla izquierda sobre el cuello de Floyd y la derecha sobre su espalda y comienza a cortarle poco a poco su flujo respiratorio. Otro policía, J. Alexander Kueng, deja caer su peso en el torso de Floyd con sus rodillas juntas. Un tercer policía, Thomas Lane, se suma a la inmovilización del cuerpo de George, pero él sobre sus piernas. En ese momento, de una clara noche, seis rodillas mataban a George Floyd… faltaban siete minutos para que perdiera el conocimiento.

A los asesinos hincados sobre el cuerpo de George Floyd, los resguardaba el policía de rasgos asiáticos, Tou Thao, quien patrullaba la ciudad junto con Derek Chauvin. Thao observaba de reojo, y las manos metidas en las bolsas de su pantalón, las seis rodillas que le iban quitando la vida a Floyd. Al mismo tiempo y con mirada de reproche, repelía las voces de transeúntes que exigían a los asesinos dejar de asfixiar a Floyd. La primera vez que Floyd dijo “no puedo respirar” fue a las 8:20 de esa su última noche de vida.

Repitió una y otra vez, “no puedo respirar”. Salían de su garganta gritos que parecían llantos, o llantos que parecían gritos: desesperados, impotentes y a punto de morir. Gritó un par de veces “Mamá”, probablemente y ante su ausencia, fueron destinados a ella sus últimos pensamientos.

A las 8:25 pm el rostro de George Floyd deja de expresarse. Sus ojos se cerraron y sus gruesos labios dejaron de moverse dejando un resplandor circular de saliva sobre el asfalto. No obstante, la rodilla izquierda de Derek Chauvin sigue en su cuello, presionando su tráquea, esófago, laringe, cuerdas vocales, parte de su columna vertebral y médula espinal. El rostro de Floyd moría.

Cuando el reloj marcaba las 8:27 pm llegó la ambulancia. Finalmente las seis rodillas lo dejaron de presionar, pero ya era demasiado tarde. Su cuerpo inerte fue subido a una camilla, después a la ambulancia para ser llevado al hospital. Los asesinos, ebrios de violencia, pretendían regresar a su normalidad. Se ajustaron sus guantes negros y comenzaron a caminar alrededor de sus patrullas para largarse.

Esa noche iniciaron una serie de protestas violentas por la brutalidad policiaca y el racismo profundo, primero en Minneapolis y después en decenas de ciudades de todo Estados Unidos. Manifestaciones que marcarán la historia del país porque siempre hay un punto final, porque siempre indigna tanta insensibilidad de quien gobierna y se llega a un punto donde confluyen sentimientos de impotencia, enojo, rabia, para entonces sí, cambiar definitivamente las cosas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.