¿Gobernar para ganar o ganar para gobernar?
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¿Gobernar para ganar o ganar para gobernar?

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¿Gobernar para ganar o ganar para gobernar?

22/01/2020

Durante la semana pasada se vivieron en los Estados Unidos una serie de sucesos económicos y políticos de alta relevancia que van a marcar este 2020. La mayor potencia global hizo anuncios que impactarán a sus instituciones y por supuesto a su sociedad. Pero también al mundo, y muy específicamente a México. Júzguelo usted mismo:

El martes 14 de enero se vivió el último debate demócrata antes de las votaciones para elegir al candidato de este partido y que será quien compita contra Donald Trump, salvo que suceda algún imprevisto en el proceso de ‘impeachment’ que inició esta semana en el Senado de mayoría republicana. Pero como es de esperarse, se prevé que lo defiendan sus partidarios por sobre todas las cosas.

Lo más sobresaliente de ese debate fueron las candidatas. Aunque no sean las favoritas, son mujeres sobresalientes que han subrayado que en los Estados Unidos están más que listos para que una mujer llegue a la presidencia. Después de la dolorosa e inesperada derrota de Hillary Clinton hace cuatro años, las mujeres demócratas no dejan de ser protagonistas en las altas esferas de la política estadounidense y todo indica que no descansarán hasta que su lucha sea recompensada.

Las protagonistas del debate fueron las senadoras Elizabeth Warren (Massachusetts) y Amy Klobuchar (Minnesota); tan es así, que días después The New York Times público su apoyo hacia ellas en una editorial donde afirma que “si alguna vez hubo un tiempo para abrirse a nuevas ideas, es ahora”, en referencia a sus sorprendentes propuestas.

Ambas presentaron los mejores argumentos y un carisma contundente. Además, otra mujer juega desde el poder legislativo a modo de conformar una poderosa triada demócrata. Con un protagonismo inusual, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, ha hecho declaraciones que ponen a temblar o suspirar a amigos y enemigos. En estos momentos es la principal contrincante de Donald Trump, pues fue quien maquinó el proceso de ‘impeachment’ en su contra. Su voz preponderante podría confundirse, incluso, con la de una candidata a la presidencia.

El miércoles 15 se presentaron dos sucesos que repartieron dividendos. Precisamente, Nancy Pelosi envió al Senado de los Estados Unidos el juicio formal contra Donald Trump por abuso de poder y obstrucción al Congreso, después de que se dieran a conocer, el año pasado, negociaciones con el gobierno de Ucrania para perjudicar al candidato demócrata, Joe Biden, hoy favorito en las encuestas. Después de varios meses de debates, pruebas y votarse a favor por mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, iniciará el tercer proceso de ‘impeacment’ en la historia del país.

Este juicio político sin duda desgastará al mandatario republicano en la búsqueda de su reelección en las próximas elecciones a la presidencia. A pesar de que el Senado es mayoría republicana, se dice que existen nuevas evidencias contra Trump y que podrían cambiar las tendencias de sus correligionarios partidistas. No obstante esta opción es aún remota, por lo que la apuesta demócrata será debilitarlo al máximo y así favorecer al candidato o candidata demócrata.

Ese mismo día, a modo de contraataque, Donald Trump anunció a los cuatro vientos que logró un acuerdo comercial “fase 1” con China que permitirá que el gigante asiático les compre productos agrícolas, proteja algunos productos dentro de la industria de la tecnología y se establezcan nuevos mecanismos de sanciones.

No obstante, la negociación más difícil será cuando negocien la “fase 2”. Pero mientras eso sucede, Donald Trump aplaude satisfecho el acuerdo en cada mitin que realiza y pregona, ahora sí “China nos respeta”. Sus temas favoritos para ganar la elección siguen siendo los mismos que hace cuatro años cuando ganó la presidencia: mayor crecimiento económico–mayor creación de empleo.

Por ello mismo, Donald Trump no podía desperdiciar una doble contraofensiva respecto al proceso del ‘impeachment’, el cual no sólo se jugará en el terreno judicial, sino en el mediático, que es el que más le preocupa.

Un día después de anunciar el acuerdo comercial con China, el jueves 16, el Senado estadounidense firmó el tratado ampliado entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC. Con 86 votos a favor (la mayoría republicanos) y 10 en contra (salvo uno, el resto demócratas).

La Casa Blanca celebró ese mismo día al publicar en un comunicado que con la aprobación del T-MEC se logra una victoria para los trabajadores y las familias de clase media estadounidenses. Agregó que dentro de los próximos cinco años se podrán sumar más de 235 billones de dólares a su crecimiento económico y se crearán 589 mil trabajos. Aún falta la firma final, la de Trump, quien seguramente está esperando el mejor ‘timing’ para impactar en el electorado.

Estos hechos que se dieron en apenas una semana, se traducirán en múltiples análisis, debates, información de primeras planas… durante este año. Los escépticos dirán que fueron resultado de alguna extraña alineación de las estrellas; los realistas, que fueron planeados milimétricamente por las élites políticas y las más prominentes billeteras de ese país.

Pero si usted, al igual que yo, considera que en asuntos políticos nada sucede por azar, entonces concordaremos que la segunda opción es la que hizo que estos asuntos de gran impacto repercutirán en los dos finalistas a la elección presidencial de los Estados Unidos del próximo 3 de noviembre.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.