Trópicos

El triunfo chilango se dio en el posdebate

Lo trascendental para Taboada se logró, y fue sembrar la duda de si Clara Brugada incurrió en abusos de poder o en tráfico de influencias a partir de la adquisición de un inmueble.

El primer debate entre la candidata y los candidatos que buscan la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México resultó ser un ejercicio interesante y provechoso para confirmar varios aspectos: los debates sí impactan en los electores, sí son necesarios en una elección y sí potencian las opiniones, a favor o en contra, de quienes aspiran a un cargo de elección pública.

Sin un claro ganador o ganadora entre Clara Brugada, Salomón Chertorivski y Santiago Taboada, los tres ofrecieron propuestas, promesas y mentiras. Y aunque todas estas facetas forman parte intrínseca de los debates, más bien habría que preguntarse, quién tuvo la capacidad para engañar mejor, seducir más y presentar proyectos realistas acordes a las necesidades de la capital del país.

Este ejercicio democrático, el primero de tres, brindó un acercamiento fundamental de los tres aspirantes con la comunidad chilanga, ya que se transmitió en más de 30 espacios mediáticos, por televisión, radio e internet, lo que impactará en la definición de los votantes.

Recordemos que el primer debate realizado en México fue en 1994 y fue en el contexto de una contienda presidencial. Entonces, se transmitió en seis televisoras a nivel nacional, dos privadas y cuatro públicas, en horario estelar. El Internet aún era una quimera.

De regreso a la capital, mi lectura de lo sucedido el domingo pasado, es la siguiente:

Quien se desarrolló mejor en el debate fue la candidata de Morena, Clara Brugada. Una mujer inteligente, con experiencia política, capaz de argumentar bien sus propuestas y ataques. Trató de venderle a los chilangos su principal legado: las ‘Utopías’, centros culturales deportivos y de recreación, que es desde donde tratará de darse a conocer más allá de las simpatías que goza en Iztapalapa. Preparó bien sus mensajes, prácticamente sin leer y con énfasis importantes en cada pronunciamiento. Su vestimenta e imagen fue impecable y logró guardar la calma en los momentos de ataque de sus oponentes.

Salomón Chertorivski, de Movimiento Ciudadano, logró plasmar su inteligencia y preparación, y al mismo tiempo hacerse notar como el candidato de las propuestas. Lamentablemente en un debate no es lo único que se espera para seducir a las audiencias. Él mismo se excluyó de una contienda entre dos a partir de la ocurrencia de sacar palomitas para ver desde la primera fila a los punteros. Además, utilizó argumentos técnicos respecto a problemas de salud o del agua, que aunque sin lugar a dudas pudieran deslumbrar a la audiencia, no transmitieron, no impactaron. En política hay algo que va más allá, y se llama empatía, y esa característica se impone a cualquier fórmula de Einstein.

Mientras tanto, el panista Santiago Taboada inició mal el debate. Leía todo lo que decía en sus primeras intervenciones, le costó organizar sus ideas y no consumía la totalidad de los tiempos otorgados. Se le notó desencanchado y desorganizado en la mesa del debate: era quien más tiliches tenía esparcidos. Le marcó pauta la candidata morenista, hasta que poco a poco logró entrar en ritmo y asestar ese punto definitivo que le iba a permitir ganar, no el debate, sino el posdebate, y al mismo tiempo arrinconar durante los siguientes días a Clara Brugada. Por cierto, la vestimenta de Santiago y Salomón era idéntica, camisa blanca y saco negro: tradicional y muy formal para dos candidatos que buscan demostrar frescura, juventud y progreso, ambos perdieron puntos.

Pero lo trascendental para Taboada se logró, y fue sembrar la duda de si Clara Brugada incurrió en abusos de poder o en tráfico de influencias a partir de la adquisición de una propiedad de 152 metros cuadrados, adquirida supuestamente en tan solo 339 pesos.

El tema está, en que, supuestamente, en los años 90, Clara invadió un terreno irregular en la colonia San Miguel Teotongo, en Iztapalapa. Posteriormente, fue regularizado por la entonces Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra, y después ‘vendido’ a la misma Brugada en 339 pesos.

Un día después del debate del pasado domingo el Registro Público de la Propiedad confirmó estos datos, obligando a la candidata de Morena a fijar su postura en redes sociales: “todas las familias que hemos sido parte de este proceso legítimo (regularizar terrenos) pagamos más o menos lo mismo por ese trámite que es diferente al valor que cada uno compramos nuestra propiedad”. No obstante, en ningún momento presume escrituras o contratos del pago ‘real’ de esa propiedad. Es decir, la sospecha sigue presente.

Hasta el día de ayer, era tendencia en redes sociales. El daño a Clara es claro. Taboada logró despertar la inquietud de los electores con un tema novedoso (a pesar de que esa información ya se había dado a conocer desde enero pasado).

Aunque Clara Brugada hizo referencia en el debate al escándalo del cártel inmobiliario en la Benito Juárez, no tuvo un gran efecto porque ese tema ya ejerció su impacto, pues ha sido uno de los argumentos principales del oficialismo, desde AMLO hasta Sheinbaum, pasando por Brugada. En los debates, para ganarlos, se requiere información novedosa, actual y contundente.

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