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El miedo y el ensayo

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El miedo y el ensayo

04/07/2020
columnista
Glenda Castillo
Miscelánea de Arte y Cultura

La sola pérdida repentina del control sobre la propia rutina bastó para que muchos sintieran miedo desde el comienzo del confinamiento por la COVID-19. Además de enfrentar el riesgo de contagio, de pronto hubo que adoptar nuevas formas de trabajar y aprender, de estar en el mundo y convivir con los otros; ahora también hay que encarar una incertidumbre global en relación con futuros retos en salud y economía. Sentir miedo en estas circunstancias es normal, y con sus pros y contras esta emoción ofrece la oportunidad de reflexión profunda sobre el estado actual del mundo y sus asuntos, de tantear y ensayar.

Seguro muchos recuerdan el ensayo como requisito escolar, pero, más allá de ser una tarea académica, es un género que pone atención en la aprehensión y comprensión de lo que se vive, que permite a su autor dialogar con otros autores, con él mismo y con la realidad. El ensayo es además el tema de investigación de la doctora Liliana Weinberg: “Lo que me fascina del ensayo es que pone en diálogo la experiencia personal de un autor con el mundo, con la vida: es un paso del yo al nosotros, es una reflexión que enlaza el acontecer individual e inmediato con el valor y el sentido”. Para la investigadora del CIALC de la UNAM, la grandeza de este género está en “nombrar y hacer inteligibles fenómenos ligados a la vida, al mundo que habitamos: si por una parte el ensayo puede interpretar experiencias, lecturas o asuntos concretos, puede también dedicarse a dar nombre e interpretar la vida, el amor, la muerte, el miedo, el pánico, el dolor, la enfermedad, la incertidumbre…”.

El ensayo, entre otras muchas cosas, se caracteriza por plantearse como una tentativa, un intento, un esfuerzo interpretativo, y esta cualidad lo hace un valioso recurso de análisis en tiempos inciertos: “Precisamente en un momento como este que estamos viviendo, en el que nos enfrentamos a un fenómeno tan imprevisto, complejo e incomprensible como el de la pandemia, asistimos a una verdadera eclosión de ensayos que procuran entenderlo y darlo a entender a los demás, y se están recuperando todas estas vertientes de lo ensayístico, que consisten, por una parte, en la dimensión interpretativa, en la voluntad de dotar de sentido a los acontecimientos del mundo e interpretar todos estos fenómenos novedosos apelando a nuestra capacidad de reflexión crítica, para poder entender, para poder hacer comprensible y comunicable todo lo que está sucediendo hoy en torno a la pandemia. Y por otra parte se renueva la dimensión experimental del ensayo, porque el término en su origen proviene de la idea de experimentar, examinar, pesar, sopesar, evaluar, ejercitar, probar, o sea, está muy ligado a la posibilidad de explorar, ensayar las ideas, examinar los fenómenos”.

A tres meses de confinamiento, el ensayo -para autores y lectores- es una invitación a pensar de manera crítica y creativa. Liliana Weinberg recomienda leer a contemporáneos como Edgar Morin, David Harvey, Byung-Chul Han, Yuval Noah Harari, Bruno Latour y Paolo Giordano, pero también a los clásicos que, frente a pandemias y a otras crisis de su época, nos legaron textos que desde el pasado permiten abrir caminos para tantear presente y futuro, como el del padre del ensayo, el francés Michel de Montaigne (1533-1592), quien en Del miedo reflexiona sobre esta emoción, compañera de todas las épocas, de la suya y de la nuestra, y por ende nos ofrece claves interpretativas para entender nuestro actual trance.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.