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El cine y el gusto de sentir miedo

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El cine y el gusto de sentir miedo

02/11/2020
columnista
Glenda Castillo
Miscelánea de Arte y Cultura

Con la noche de Halloween llegan los conteos de cine de terror, no faltarán las listas de novedades, de clásicos, de cintas de culto y claro, las que enumeran las emblemáticas del género: entre más terroríficas, mejor. Estas películas son las únicas en el universo del cine que se producen para provocar un miedo cuyos efectos deberán ser perceptibles, sentir escalofríos, cerrar o taparnos los ojos, sobresaltarnos, sentir el corazón acelerado, jadear o gritar son buenas señales; son un éxito en tanto consigan provocarnos cambios psicofisiológicos.

Por supuesto, no todos gustan de someterse a estas experiencias, pero la mayoría de los mexicanos sí. De acuerdo con el estudio The Relative Popularity of Genres Around the World realizado para American Film Market, al 70 por ciento de la población mexicana le gusta este género, de hecho México figura en el estudio como el mayor consumidor de cine de terror a nivel global.

En nuestro país por tradición estamos familiarizados no solo con la muerte (que después del 31 celebra su propia fiesta), sino con infinidad de narraciones de espectros, brujas y fantasmas que perviven en mucho por una fascinación por lo extraño y lo oscuro, puesto así, no es difícil entender que nos acerquemos fácilmente al cine de terror, pero quizás hay algo más detrás del gusto por el género.

De acuerdo con el neurocientífico Irving Biederman, a nuestros cerebros les gusta la novedad, lo que se aparta de la experiencia cotidiana, en este sentido “parte del atractivo de tener miedo proviene de una desviación, de tener una nueva experiencia que sabemos que es segura”. Una fuerte descarga de miedo acompañada de la sensación inmediata de alivio al reconocernos a salvo, en el cerebro puede liberar opioides naturales como las endorfinas, las cuales provocan placer; también se libera dopamina, sustancia química asociada al centro de recompensas de nuestro cerebro, por lo que la experiencia no solo nos gusta, sino que queremos repetirla.

Sin embargo, no en todos funciona este mecanismo de la misma manera, por ejemplo, en el caso de los niños pequeños puede ser contraproducente y peligroso, pues no distinguen la ficción dentro de la película de terror, no saben que aunque no lo parezca, están seguros, por lo que asocian estas emociones a una situación verdaderamente peligrosa que resulta aterradora. Por otro lado, el psicólogo británico G. Neil Martin, luego de explorar infinidad de datos científicos al respecto, identifica incluso variaciones en este mecanismo según el sexo, él señala que los hombres y los niños prefieren este género cinematográfico, más que las mujeres y las niñas, quienes de hecho, expresan mayor ansiedad y miedo cuando ven estas cintas; otro dato interesante es que las personas tienden a preferir menos el horror a medida que envejecen.

Y claro, también los motivos personales cuentan en el gusto por el cine de terror, género cuyo origen se remonta al nacimiento mismo del séptimo arte.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.