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Todo con medida

10/07/2019

Precipitado e innecesario hablar de la Selección Mexicana a futuro. Proyectar y pronosticar tomando como base la Copa Oro es algo así como construir castillos en el aire.

Lo dije antes y lo digo ahora: ganar o perder el torneo de Concacaf no debería representar gran cosa si la confianza que se tiene en Gerardo Martino es absoluta. Claro está que los proyectos se construyen con victorias y títulos, pero claro también es que ser el número uno de un torneo tan disparejo que tiene como único fin recaudar dinero, no debería orillarnos a sacar conclusiones innecesarias, menos si estas vienen acompañadas de arrogancia.

México mostró seriedad deportiva, respetó hacia sus rivales y, lo más importante, trató siempre de ejecutar lo que desde la banca se tenía planificado, es decir, no solo intentó ganar sino que lo hizo jugando, o al menos buscando jugar como su entrenador lo requiere.

Ganar la Copa Oro no debería llevarnos muy lejos en términos de imaginación. México debe seguir buscando competir al más alto nivel, y claramente Concacaf no nos da esa posibilidad, de tal forma deberían ser los amistosos, en lo que se arreglan en términos políticos y televisivos, la vuelta a la Copa América, que es el mejor escenario posible.

México ganó un torneo mediocre, así de claro, como claro debería tener que ese no es el nivel de competencia que le servirá al Tri para ser mejor.

Y conste que no minimizo la conquista de la Copa, no, tiene enorme mérito haber encontrado soluciones a tantos problemas antes y durante la competencia, pero de eso a creer que se dio un paso hacia adelante, es muy distinto.

Ganó quien tenía que ganar, y ganar ahí, no debería representar gran cosa.

Todo con medida.

¡He dicho!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.