Seis moleros meses
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Seis moleros meses

20/11/2018

Hoy se cierra una etapa gris de la Selección Mexicana de futbol, la más "molera” en años. Y llega a su fin, paradójicamente, de la mano del creador del término utilizado para descalificar partidos del Tricolor.

Ricardo Ferretti tendrá más claro que nunca que aquella opción de ser barrendero antes que entrenador del Tri no era tan descabellada.

Fueron seis meses de absoluto desperdicio: sin proyecto, sin orden, sin tranquilidad, sin entusiasmo, sin ilusión, sin compromiso y, obviamente, sin resultados.

Desperdiciados porque en lugar de aprovechar estos seis meses para clarificar criterios con los seleccionados y sus líderes, este tiempo corrió con niveles más elevados de tensión.

Fueron meses que dieron lugar a más roces, ya que no hubo un solo directivo capaz de encargarse de este asunto, y si bien la Selección Mexicana no puede ser presa de caprichos, también debemos estar conscientes que México no tiene tanto talento como para ver por encima del hombro a quienes de plano no participaron en este semestre.

Faltó el enlace de un directivo con personalidad y sensibilidad, con buen manejo institucional, pero de igual forma cuando se trata de inteligencia emocional. Ni Cantú ni Torrado ni Dennis Te Klose pudieron con esa tarea.

Seis largos meses y de aquel ríspido e inoportuno diálogo después de la victoria ante Alemania, nada se ha avanzado, y el problema es que cuando llegue Gerardo Martino al cargo, lo primero que va a encontrar no será la necesidad de conocer futbolísticamente las herramientas con las que cuenta, no, su prioridad será de orden político, al intentar desenredar todo esto.

Una pena haber enfrentado Selecciones de alto nivel con tal entorno, ya que a la luz de resultados y convocatorias, podemos establecer que fueron seis meses perdidos.

Por lo pronto:

Menos filosofía en redes sociales y menos ego desde el escritorio. Más voluntad de ida y vuelta. Mayor conciencia para entender que la necesidad es para ambos lados: jugadores e institución.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.