Que sea fiera
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Que sea fiera

22/05/2019

Deseo, más que pronóstico.

Los elementos ahí están para no perder la esperanza de tener una Final que verdaderamente nos obligue a abrirle espacio en nuestra memoria, para recordar la manera en que se jugó y logremos hablar del campeón como el equipo que logró cristalizar sus intenciones utilizando la ambición como vehículo y del subcampeón como el que entregó la última gota de sudor.

Pero que lo hagan como propuesta inicial y donde la única necesidad que exista es la de levantar los brazos cuando el árbitro pite el final.

Que no jueguen a buscar el resultado y no con él.

Que no se cuiden en exceso.

Que sea más el deseo de triunfo que el temor a la derrota.

Que ambos equipos entiendan la necesidad de ser recordados no solo por el resultado sino por la manera en que intentaron conseguirlo.

Que la gula no sea pecado y que permanentemente busquen más.

Que echen mano de todas sus herramientas.

Que ambicionen más de lo que temen.

Que salgan a jugar pensando que esta es la última oportunidad para trascender y posiblemente la última final que van a jugar.

Que piensen que la vida es como la pelota y uno nunca sabe hacia donde rodará mañana.

Que piensen cómo quieren ser recordados.

Que sea digno el campeón y también el subcampeón.

Que el que gane lo haga con la deportividad y la grandeza que implica y el que pierde que lo acepte con hombría y madurez.

Al final no pido mucho, solo que sean lo que son: fieras.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.