Oportunismo tricolor
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Oportunismo tricolor

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Oportunismo tricolor

30/01/2019

Eran las 12:00 am. del 7 de enero cuando todo cambió.

Fue desde el primer minuto: un flechazo. No digo amor a primera vista porque ahí precisamente toca base la crítica que a continuación describo.

Resulta que desde el nombramiento de Gerardo Martino como nuevo entrenador, a la Selección Mexicana le han salido un montón de pretendientes. 'Galanes' que nunca antes voltearon a verla, hoy se tiran de cabeza y gritan su amor a los cuatro vientos.

Se llama oportunismo. Futbolistas que no tienen siquiera pasaporte mexicano, pero se derriten por vestirse de verde, un color que no los representa.

Vale la pena aclarar que no estoy en contra de los naturalizados y que no argumento abrazando la bandera, pero sí que estoy en contra de quienes subordinando sus propios deseos (por más ocultos que sean), ideales y emociones, se arrimen a la opción más cercana, la que parece más sencilla. Y nada tiene que ver con la necesidad, hablo de tomar atajos, de ser eso pues, oportunista.

Futbolistas que nunca antes hablaron del Tri, jugadores que buscaron siempre representar al país donde nacieron hasta que alguien les dijo que allá era casi imposible, pero aquí no, y es cuando entra ese falso e hipócrita amor.

Y traen porra, bastante, con micrófono, incluso. Gente que pide ansiosamente un llamado poniéndole no solo la camiseta de la Selección, sino la de un salvador, el que impulsará un cambio drástico.

Misma gente que no valora el momento que vive Raúl Jiménez, Hirving Lozano o Tecatito Corona, por ejemplo, que multiplica el valor de goles realizados en el futbol mexicano minimizando los que se consiguen en Europa.

Cada quien tendrá su opinión sobre los naturalizados. El asunto va mas allá de tener un pasaporte en mano para poder jugar. Se trata de defender la identidad y el estilo de un futbol, pelear con herramientas propias o bien de adaptarse a los tiempos y competir con lo mejor que esté disponible. Cada quien elige, ya que la escala de valores y sentimientos son muy personales, y deben ser todas respetadas por más que no coincidan con las nuestras (no saquemos este concepto de su justa proporción).

Por mí, bienvenida la posibilidad de mejorar, de trascender. Bienvenidos los jugadores que no requieren de un pasaporte y la puerta de entrada a un Mundial para transmitir su cariño y agradecimiento por el país que los acoge, se los dice un inmigrante.

Mi rechazo no es al jugador naturalizado disponible para la Selección, es al oportunismo de tiempos actuales.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.