Ménez, una apuesta que era y fue perdedora
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Ménez, una apuesta que era y fue perdedora

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Ménez, una apuesta que era y fue perdedora

25/01/2019

El futbol mexicano es desde hace muchos años de mayor conciencia ecológica. Su especialidad es el reciclaje, lo ejecuta brindando segundas y terceras oportunidades a futbolistas que han demostrado una y otra vez que no tienen la capacidad para ser futbolista de la Liga y mucho menos para ser llamados refuerzos.

También le gusta esto del shopping: cada semestre, cuando se abre el mercado de fichajes, directivos y promotores salen ansiosos dispuestos a comprar cual 'Buen fin', lo que sea con tal de gastar el presupuesto asignado.

Es jugador, y aprovecha parte de ese presupuesto para apostar: altas, bajas, chicas o grandes... para todo hay. Jugadores probados y reprobados en otros países a los que se les ofrece México como la Liga del renacimiento sin importar cuántas luces amarillas existan.

Jérémy Ménez es un buen ejemplo: un futbolista francés que fue más promesa que figura a pesar de jugar en PSG o el Milan, que fue buscado por América con objetivos mediáticos y esperando que su largo historial de lesiones quedara atrás.

Era una apuesta arriesgada, la hicieron y perdieron: un jugador que en un año no ha jugado más de 15 partidos dice bastante del grave error que fue contratarlo.

Xolos, teniendo casa de apuestas propia es uno de los equipos que también le gusta la apuesta chica, sobre todo, cuando se trata de los entrenadores y casos como los de Diego Cocca, Eduardo Coudet, César Farías y Jorge Almirón. Pachuca con Pako Ayestarán es otro caso de muchos.

La lista de jugadores extranjeros que han llegado al futbol mexicano y han fracasado es larguísima; ofensiva, incluso, tomando en cuenta la cantidad de jugadores mexicanos que ruegan por al menos una tercera parte de las oportunidades brindadas a los foráneos.

Dejamos para la siguiente semana el tema de los naturalizados a la Selección Mexicana y el patético oportunismo de muchos que hoy levantan la mano.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.