Hugo lo sabe
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Hugo lo sabe

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Hugo lo sabe

09/01/2019

“Si queremos conseguir cosas importantes tenemos que copiar a España, Italia, Brasil, Argentina, países que futbolísticamente están en el top. Yo no conozco a un entrenador argentino que haya dirigido en Brasil o un brasileño en Uruguay”, dijo Hugo Sánchez.

Derrumbar su teoría resulta sencillo poniendo los mismos ejemplos: Bélgica es dirigido por un técnico español y terminó en el tercer puesto de la Copa del Mundo. Chile consiguió dos títulos de América con dos entrenadores argentinos: Jorge Sampaoli y Juan Antonio Pizzi. Grecia fue campeón de Europa en el 2004 con el alemán Otto Rehhagel. Costa Rica jugo su quinto partido con Jorge Luis Pinto, técnico colombiano. Colombia alcanzó los Cuartos de Final con José Néstor Pekerman, argentino, y así nos podemos seguir encontrando casos de éxito absoluto demostrando que la calidad nada tiene que ver con el lugar donde naciste. El mismo Hugo Sánchez debería saberlo después del maltrato recibido en España donde fue insultado hasta el cansancio y rechazado por el simple hecho de ser mexicano. Y da igual si habla únicamente de selecciones y no clubes, ya que el concepto abarca ambos casos.

Las “cosas importantes” que menciona Hugo no dependen de una sola persona; si nació en Argentina, Colombia, México, Suecia o en Islas Feroe, da lo mismo ya que las conquistas, esas, aun lejanas a nuestro futbol, deben ser producto de buenas decisiones, de procesos bien llevados, de un futbol que funcione de manera orgánica desde las fuerzas básicas para que produzca buenos jugadores y se vayan puliendo en los distintos filtros. Depende de inteligencia en la administración deportiva, en planear a largo plazo y un montón de cosas más.

Hugo sabe que para trascender no es necesario mostrar el acta de nacimiento, lo sabe porque ya experimentó la Selección Mexicana como entrenador uniéndose los otros 29 mexicanos que en algún momento tomaron los destinos del Tricolor, y los resultados ahí están.

Rechazar y minimizar la capacidad con el pasaporte como argumento resulta rudimentario, por decir lo menos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.