De perdedor a perdedor
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De perdedor a perdedor

12/04/2019

Olvídese si le cae bien o mal, si le parece simpático o antipático o si le gustan sus bailes, su polémica personalidad o sus conferencias de prensa.

Golpe de timón, disparate, volado o una buena apuesta. Sólo el tiempo (cuatro semanas para ser exacto) nos dirá qué tan refrescante o decepcionante fue mencionar nombres como los de Fernando Hierro y Julen Lopetegui para terminar en Tomás Boy. El mismo que hace poco calificaba a Chivas como un equipo “perdedor” al que era “muy difícil cambiarle la mentalidad” porque era eso, un equipo “perdedor”.

Dicen que fue su “carácter” lo que les llamó la atención, pero sabemos todos que el éxito es la combinación de muchos factores y que un grito, un discurso, una frase o un consejo no hacen que un equipo que tiene un serio problema colectivo juegue mejor.

Me llama la atención que se haya pensado en él y que él haya aceptado.

Curioso porque hace no mucho también el mismo Tomás Boy dijo en ESPN que no tenía “considerado en lo personal trabajar en esa institución; no en esas condiciones, no estoy interesado para nada”.

Curioso también que Chivas busque el éxito cuando Tomás Boy no se especializa en eso, todo lo contrario, es un entrenador que ha perdido más de lo que ha ganado. Y no lo digo yo, son sus números los que hablan.

Inició su carrera como entrenador hace 30 años con Tampico Madero, desde ese entonces su vitrina sigue vacía, es decir, no ha ganado un solo trofeo.

Tres décadas en las que ha tenido 11 oportunidades para dirigir. Once proyectos de los cuales en ocho ha perdido más partidos de los que ha ganado. De los restantes tres, en uno tiene una sola victoria por encima de las derrotas, y en el otro, dos por encima de los perdidos.

Sólo en Morelia, de 2009 a 2012, su balance es positivo de manera contundente: 56 por 34 en 123 dirigidos.

El gran total de su carrera arroja cuatro partidos perdidos por encima de los ganados.

Números, no opiniones.

He dicho!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.