Basta ya, Chivas, ¡basta!
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Basta ya, Chivas, ¡basta!

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Basta ya, Chivas, ¡basta!

01/10/2019

Antonio Briseño no es un jugador violento ni desleal. No le distingue la agresividad. Le faltan recursos futbolísticos pero no intenta solventarlos jugando de manera sucia.

Una entrada muy dura que podemos catalogar como accidental e involuntaria que dejará como lección a Briseño que no todo es enjundia, intensidad, entrega, ganas y, que la garra también debe pasar por procesos rápidos de dosificación. (léase bajarle dos rayitas).

La acción merece ser castigada por lo que es, no por los antecedentes ni el perfil del jugador. Solo eso. Pero no debe la desafortunada acción de Briseño o el supuesto escupitajo de Memo Ochoa robarse la discusión, no podemos caer en esa simplicidad.

El Clásico fue fiel reflejo de la realidad por la que atraviesan ambos equipos, y seríamos benevolentes si tres goles de diferencia marcan las distancias entre una y otra institución porque en realidad América es más en todo: en presente, futuro, organización, visión, ejecución, jugadores, etcétera, es decir, gana por goleada porque uno sabe hacia dónde quiere y cómo llegar mientras que el otro sigue construyendo castillos en el aire.

Guadalajara en la cancha es igual al Guadalajara interno. Un equipo confundido y desorientado que tiene jugadores incapaces de modificar el presente porque ni siquiera pueden entenderlo, ya que si lo hicieran no estarían grabando videos musicales, saliendo de fiesta o insultando al árbitro. No existe conciencia de nada: de lo que representa el equipo, del impacto que tiene para su futuro portar esa camiseta, de lo que implica jugar en un equipo que representa el talento del futbolista mexicano.

Este equipo necesita orden y alguien que lo ejecute.

Basta ya, Chivas, ¡basta!

¡He dicho!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.