Rushdie y la decadencia americana
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Rushdie y la decadencia americana

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Rushdie y la decadencia americana

26/02/2018
Actualización 26/02/2018 - 0:23

Cuando todo se acabe, cuando no quede nada en pie, pervivirá el extraordinario humor de Salman Rushdie. Ha vuelto con una novela –crónica– del final del encanto. Dura, divertida, ácida, La decadencia de Nerón Golden puede colocarse en el estante de las grandes novelas americanas. El “post” en su máxima crudeza. Todo ha sucedido y Rushdie lo ha contado mejor que nadie. Trump es el síntoma último de la desgracia, del naufragio, de lo que se llamó –con cierta inocencia– esperanza.

Hay párrafos dolorosos en este testimonio del final del juego. Pregunta: ¿qué es una buena vida? ¿Y cuál es su contrario? Sostiene que cada persona da una respuesta distinta a estas cuestiones. Y, entonces, el palazo: “En estos tiempos de cobardía que corren, negamos la grandeza de lo universal y glorificamos nuestras intolerancias locales”. ¡Pum!

Otro: “En esta época degenerada, unos hombres entregados a la simple vanagloria y al beneficio personal –unos hombres vacíos y fanfarrones, para quienes nada está prohibido si beneficia a su mezquina causa– aseguran ser líderes y benefactores y obrar en aras del bien común y a todos los que se les oponen los llaman mentirosos, agarrotados y, dándoles completamente, la vuelta a la verdad, deshonestos y corruptos”. ¡Uff!

Seguro se tiene a alguien en la cabeza, de aquí o acullá. Uno más: “nos mueven tanto la beatería y la burla y estamos tan perdidos en el cinismo que a nuestra pomposidad la llamamos idealismo, y nos sentimos tan desencantados con nuestros gobernantes y tan dispuestos a burlarnos de las instituciones de nuestro Estado, que la palabra bondad se ha quedado vacía de significado y necesita, quizá, ser dejada de lado un tiempo, igual que las demás palabras ya envenenadas: espiritualidad, por ejemplo, solución final, por ejemplo, y también (por lo menos cuando se aplica a rascacielos y a las patatas fritas) libertad”.

Todo, cuando las palabras se han tergiversado de palabras, parece el desmayado campo de Nikelodeon. Rushdie es, en primera instancia, el destinado a ser el reportero del último suceso de la especie: el después. La burbuja se ha reventado, quedan los pedazos del futuro regados en la sala de espera del consultorio del terapeuta. La politiquería intenta fingir que piensa en los ciudadanos, los cuales hace rato dejaron de saber a ciencia cierta qué desean, qué aman, qué los haría tener, en efecto, una buena vida o su contrario.

Dice el protagonista sobre sus padres: “Les preocupaba que la gente joven se estuviera volviendo partidaria de la censura, partidaria de prohibir cosas y de las restricciones”.

Después del quiebre de la burbuja llegó el reino de la corrección política, ese oscurantismo. Y así.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.