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Urgente atender los desafíos y oportunidades de los mares y costas mexicanas

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Urgente atender los desafíos y oportunidades de los mares y costas mexicanas

21/08/2018

A la Memoria Kofi Annan, gran internacionalista africano.

Hay temas que merecen más atención frente a los numerosos desafíos de México y el planeta. El tema de los océanos y costas es uno de ellos y cada vez más urgente. ¿Cuáles son los grandes desafíos del México? ¿Cuáles las posibles estrategias y medidas que podemos adoptar como estados naciones y como actores responsables de la sociedad global para promover su desarrollo sustentable - próspero, equitativo e incluyente?

México tiene 11 mil km. de litorales en el borde de los dos océanos más importantes del mundo: el Atlántico y el Pacífico. Posee también una Zona Económica Exclusiva con poco más de 3 millones de Km2, una de las 20 más grandes del mundo, a la que hemos puesto escasa atención, a pesar de que representa el 65% de la superficie total del territorio nacional; la parte continental sólo el 35% restante.

Hemos vivido durante muchos siglos de espalda al mar. Los aztecas y luego los españoles colonizadores se concentraron en el altiplano y en los recursos terrestres. Los gobiernos postcoloniales tampoco le concedieron importancia suficiente a nuestros océanos y costas a pesar de que muchos de nuestros líderes en la etapa revolucionaria y posrevolucionaria fueron oriundos de estados costeros.

Lázaro Cárdenas reconoció la importancia de contar con una flota marítima nacional tras de la expropiación petrolera; pero fue el veracruzano, Adolfo Ruiz Cortines el que nos convocara a emprender la Marcha al Mar. El Programa de Progreso Marítimo, anunciado oficialmente en su primer informe de gobierno, comprendía la creación y mejoramiento de 70 puertos, más comunicaciones interoceánicas y enlaces del altiplano a las costas con el fin de llevar los excedentes de población del altiplano a las zonas costeras y lograr el aprovechamiento de los recursos marinos.

El Programa logró algunos avances importantes, como el inicio de la construcción el Ferrocarril Chihuahua Pacífico y del desarrollo de la industria naviera, la mejora de los servicios telefónicos y telegráficos y la construcción y mejoramiento de algunas carreteras e instalaciones portuarias. Desafortunadamente fue un plan muy ambicioso con éxito limitado por falta de recursos y apoyo suficiente del sector privado.

Sucesivos gobiernos y la inercia concentradora regresaron la atención al altiplano. No sería hasta el periodo de López Portillo que se recuperaría la importancia económica prioritaria de las costas por los grandes descubrimientos petroleros y el reconocimiento del rol estratégico que podría tener el desarrollo de los 4 grandes puertos industriales para el crecimiento y desarrollo del México de la abundancia.

La crisis del petróleo y de la deuda externa habría de poner fin a ese gran proyecto de desarrollo regional nacional con vista al mar: paró la consolidación de la industria de refinación y petroquímica y el desarrollo de astilleros y de la industria naviera nacional.

La política neoliberal desindustrializadora de las últimas tres décadas, sumada a la ordeña fiscal de Pemex y su deterioro gradual hasta el desastre del presente gobierno no han ayudado al sueño de la marcha al mar. Poco se sabe de las implicaciones de la reforma energética. Hoy las costas de Veracruz, Campeche y Tabasco sufren del consecuente desplome de la actividad económica y el empleo. Oaxaca, Guerrero y Chiapas siguen esperando el cumplimiento de la reiterada promesa del desarrollo del Sur a través del impulso de las Zonas Económicas Especiales. Por su parte, la pesca y la piscicultura siguen en la indiferencia -por no decir el olvido- a pesar de su gran potencial de desarrollo sustentable, como ha ocurrido en países europeos y más recientemente en Asia y Latinoamérica

La gran excepción en las costas mexicanas obedece al extraordinario desarrollo del turismo de playa en la últimas tres décadas que genera una parte creciente el PIB y no ha tenido -por cierto- nada que ver con el TLCAN, sino con el visionario papel del estado desde hace cinco décadas; primero desde Banco de México (Infratur) y luego desde la Secretaria de Turismo y Fonatur- que impulsaron el gran desarrollo de Cancún y la Riviera Maya, de Puerto Vallarta, Los Cabos, y Huatulco; esfuerzo al que se sumaron muchos empresarios.

El sábado pasado tuvimos una interesante reunión diálogo en el Centro Tepoztlán Víctor Urquidi para examinar el desafío y oportunidad de los mares y costas, apoyados en la Red Conacyt de Océano, Clima y Cambio Global, coordinada por la Dra. Norma Patricia Muñoz Sevilla del IPN, con su elocuente participación y la del experto en playas y costas de México, Omar Cervantes de la Universidad de Colima, así como la de Maxime Le Bail y Ulsía Urrea.

La reunión, que permitió constatar los avances en la construcción de la red, concentró su atención en la creciente vulnerabilidad de nuestros mares y zonas costeras, en los impactos generados por la expansión de las actividades económicas, los desarrollos inmobiliarios y los equívocos modelos de desarrollo económico y social adoptados. La construcción hotelera sobre las playas mexicanas - (a diferencia de la que ocurre en Río de Janeiro, Ciudad del Cabo y otras ciudades turísticas) no sólo es parte de un modelo insustentable; viola las leyes federales y el acceso de los turistas a la playas; conduce a corrupción de autoridades municipales; hace cada vez menos atractivo el paisaje y más urgente la aplicación del estado de derecho.

Los océanos no sólo reciben los impactos que se manifiestan en la contaminación de sus aguas marinas, sino que se da un encadenamiento de daños que afectan a todos los niveles - desde las costas hacia mar abierto- a ecosistemas, organismos, procesos y ciclos biogeoquímicos vitales.

El Atlas de los Océanos Mexicanos presentado en la reunión destaca 5 grandes amenazas a los ecosistemas marinos mexicanos:

1- Producción y transporte de hidrocarburos: Ello incluye derrames (el 80% del crudo proviene de la explotación costa afuera (“off shore”); desastres por el “fracking”, de efectos irreversibles (algunos casos ya en Veracruz) y encallamientos de buques de servicios petroleros apoyados sobre el fondo marino (Área protegida de flora y fauna de la Laguna de Términos)

2- Piratería: en la sonda de Campeche y Golfo de México entre diciembre de 2016 y enero de 2018 se documentaron 18 incidentes, 11 ataques a plataformas petroleras y 5 tentativas de abordaje a buques.

3- Turismo: aumento de la contaminación de mares, costas y playas por la expansión urbana y de visitantes sin la debida regulación y control de instalaciones y servicios turísticos, el ascenso rápido de las llegadas de cruceros a Cozumel sin una política apropiada de sustentabilidad

4- Zonas muertas: la corriente y delta de los ríos descargan agroquímicos y desechos en el mar que estimulan el crecimiento de algas nocivas, lo que reduce la concentración de oxígeno y limita la biodiversidad.

5- Cambio climático: 2017 fue el año más cálido en la historia de México. Procesos asociados, como la elevación de las temperaturas del agua, la acidificación de los mares y las altas concentraciones de plásticos y de nutrientes que permiten el rápido y masivo crecimiento de sargazo que espanta al turismo.

Esta situación plantea al Estado mexicano y a las políticas públicas grandes retos. Tenemos una región con urgente necesidad de investigación, de políticas públicas nacionales que permitan prevenir y combatir los problemas actuales y las amenazas en el horizonte.

La ONU proclamó 2021-2030 como la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible. Recientemente la Unión Europea y el World Wildlife Fund han propuesto avanzar hacia una “economía azul sostenible”. El concepto merece ser discutido. Es una oportunidad de revisar las limitadas políticas públicas que México ha impulsado en mares, y costas, precisar el estado de los acuerdos internacionales y definir e implementar nuevas estrategias en defensa del ambiente y del interés nacional en un territorio olvidado.

Pero requiere de mucho apoyo y una estrategia coordinada público-privada con visión de corto y largo plazo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.