Trump, la economía y las elecciones en los EUA
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Trump, la economía y las elecciones en los EUA

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Trump, la economía y las elecciones en los EUA

17/02/2020

La economía de los EUA está actualmente en un buen momento y ello tiene a las empresas, los consumidores y los trabajadores relativamente satisfechos, lo que puede constituir un factor positivo para su reelección. La gran pregunta es cómo impactará al bolsillo y las perspectivas del votante en noviembre. ¿Ayudará a Trump a lograr un segundo periodo presidencial?

Más allá de factores ideológicos, políticos, de valores y de liderazgo de los candidatos a gobernar, el votante de cualquier país es siempre sensible a lo que le dice su situación de empleo, ingresos y capacidad de cubrir sus aspiraciones económicas y sociales de vida.

La mayor parte de los analistas políticos y económicos considera que los vientos actuales favorecen a Trump, a pesar de todos sus excesos y abusos de poder. No solo está resultando difícil para los demócratas encontrar un candidato y una estrategia unificada; la economía sigue creciendo moderadamente, los grandes empresarios están contentos con la reducción del ISR y de las cargas ambientales, las tasa de interés están bajas y los resultados de la posición dura del Presidente en materia comercial y migratoria está desembocando en mayores empleos e ingresos para los trabajadores de ingresos bajos.

En la última década la tasa de desempleo en nuestro vecino del norte cayó del punto más alto de 9.9% al actual nivel de 3.5%. La economía creció moderadamente todos los años. Los salarios de los trabajadores de altos ingresos subieron tras de la gran recesión y se elevaron para los de ingresos bajos en la segunda mitad de la década pasada.

Como señala The Economist (13-2, 20), tanto en 2018 como en 2019 los salarios nominales crecieron en promedio más de un 3% y en el último año, cerca de 10 % para los trabajadores sin diploma de educación secundaria.

Curiosamente ello ha sucedido cuando los EUA han sido más renuentes a la inmigración y al bienestar de los indocumentados.

Por primera vez en medio siglo la población migrante está en declive sostenido, tanto en términos absolutos, como en porcentaje de la población total. La migración neta a los EUA cayó a 595 mil personas en 2019. (¿resultado de las políticas restrictivas de Obama y Trump con alguna ayuda de países emisores y de tránsito como México?)

The Economist subraya que se trata de un giro profundo en un país que siempre se ufanó de ser abierto a los extranjeros y que el impacto se intensifica en tres ocupaciones: servicios del hogar; trabajadores de la construcción y mantenimiento; e instaladores de paneles o muros secos (de yeso y tablaroca), en las que suele usarse a migrantes y los salarios se han elevado rápidamente ante la falta de oferta extranjera. Destaca que, en contraste, el número de inmigrantes calificados continúa en ascenso, tras la crisis de 2008.

Esta situación conlleva beneficios para la población local en el corto plazo, pero no en el mediano y largo plazo; particularmente en una economía “tecnologizada”, que tiende a sustituir empleos cuando crecen los salarios y con una sociedad que envejece rápidamente y que requerirá de migrantes jóvenes para atender las necesidades crecientes de cuidado y salud.

En el caso de los EUA las preguntas claves económicas son: 1ª si las tasas de crecimiento de la economía y del empleo se mantendrá hasta las elecciones, no obstante las crecientes amenazas derivadas de la menor inversión, comercio e incertidumbre globales y 2ª hasta donde va a pesar la Gran Crisis de poder adquisitivo (“affordability”), de los ciudadanos que Annie Lowrey ha descrito muy bien en la revista The Atlantic (7-2-20).

Su tesis, que hace eco de las preocupaciones de Stiglitz, Krugman, Sanders y Warren es que, más allá de la evolución negativa de la distribución del ingreso y la riqueza y de las ganancias especulativas de las grandes empresas, derivadas de la reducción del ISR, lo que más aflige hoy al ciudadano común de los EUA y particularmente a los jóvenes “millenials” es que, aun un ingreso mejorado, no permite superar sus dificultades crecientes para pagar los arrendamientos, las hipotecas, los adeudos universitarios, el altísimo costo de los medicamentos, servicios y seguros médicos e incluso, hacer frente al costo al alza de las guarderías y otros servicios sociales, así como a cualquier imprevisto.

La clase media se hace cada día más pequeña y más “financieramente” frágil. Uno de cada 5 hogares no está en posibilidad de cubrir su gasto básico mensual, mucho menos de invertir en su futuro.

Todo indica que la inseguridad económica es grave y tiende a acentuarse. El número de personas que duermen en la calle y que no tienen acceso a condiciones básicas de salud va al alza. El problema se agrava considerablemente en las grandes ciudades (Nueva York, San Francisco). Los arrendamientos y el costo de una vivienda promedio están creciendo mucho más rápido que los salarios e ingresos medios en las zonas metropolitanas; los costos de seguros médicos aumentaron 28 % entre 2010 y 16, mientras que los ingresos medios de los hogares crecieron sólo 20%; y los deducibles a cargo de los pacientes se elevaron de menos de 2 a 3 mil dólares en un país rico, en el que no hay seguro de salud más que para una parte de la población.

Estas cifras generalmente invisibles en las campañas están empezando a salir a la luz sobre todo por parte de los candidatos demócratas. En todos los casos se están discutiendo ya políticas alternativas de solución. El reto presupuestal es grande, pero sobre todo el de actitud, en un país acostumbrado a dejar las soluciones al mercado -a diferencia de los europeos.

La solución federal se ve compleja en un los EUA con un Congreso dividido. Las mejores posibilidades se ven en salud y vivienda en algunos estados con mayor sensibilidad e ingresos fiscales.

El Presidente Trump dio a conocer hace una semana su propuesta de presupuesto de 4.8 trillones USD, que incluye grandes aumentos para gasto de defensa nacional, un nuevo programa espacial, seguridad fronteriza y la extensión de la reducción del ISR más allá de 2025 “para estimular a las empresas” (que no han dedicado los recursos liberados a la inversión -sino a la recompra de sus propias acciones y la especulación bursátil). Al mismo tiempo propone reducciones al programa de asistencia financiera a estudiantes universitarios, proyectos de vivienda asequible, programas de asistencia alimentaria y MEDICAID y programas de atención al medio ambiente, marcando claramente su intención de reducir la red de seguridad social federal.

Nadie espera que la Cámara de Representantes, dominada por demócratas, lo apoye; menos aún cuando supone un crecimiento mayor del déficit de aquí a 2035- ya de por sí gigantesco - y un crecimiento de la deuda de 3.4 trillones USD para 2024, al fin de la 2ª posible presidencia de Trump.

Lo que sí está claro es que habrá una gran batalla presupuestal con vista a las elecciones de noviembre. Sus principales rivales demócratas han propuesto mayores impuestos a los ricos y ayudas a la educación, la vivienda y la salud. Habrá que ver que propone el nuevo candidato Bloomberg y a qué compromiso llega la plataforma y el candidato final demócrata.

Un modelo distinto de economía política y bienestar social está en juego. Estaremos pendientes de los resultados y de las implicaciones y lecciones para México; Trump, pueden estar seguros, seguirá buscando utilizarnos de chivo expiatorio, mientras lo requiera … y lo dejemos hacerlo…

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.