Los desafíos globales y de crecimiento nacional en tiempos de cambio
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Los desafíos globales y de crecimiento nacional en tiempos de cambio

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Los desafíos globales y de crecimiento nacional en tiempos de cambio

03/09/2019

In memoriam de Rodolfo Tuirán, gran académico y funcionario público mexicano

Las sociedades y las economías se encuentran en medio de difíciles encrucijadas. México también.

La globalización experimenta una crisis de desarrollo, equidad y sustentabilidad desde hace varias décadas. En el último medio siglo no ha dado respuesta a las exigencias del crecimiento productivo y el empleo, mucho menos a los desafíos distributivos de la riqueza y el ingreso y al gran reto del cambio climático. La democracia y los partidos políticos pierden credibilidad.

El horizonte está lleno de nubarrones y presagios de tormenta.

Todo el progreso tecnológico y las buenas intenciones y promesas no han conducido a mayores niveles de prosperidad y bienestar compartido en el mundo. La crisis económica del 2008 no ha sido superada por los EUA y Europa, ni por los países que giramos en su órbita. Las medidas macroeconómicas y financieras adoptadas han acarreado recuperaciones parciales y temporales del crecimiento y empleo en los países occidentales, pero no se han hecho las rectificaciones necesarias, ni se ha detonado un nuevo curso incluyente y sustentable de desarrollo económico mundial.

Por el contrario, las crisis persisten y se expanden. La conflictiva de las migraciones internacionales es una buena muestra. Los EUA y otros países se envuelven en un juego cada vez más egoísta y solitario. Se encierran en sus propios castillos, pensando que tal vez así eviten y conjuren su deterioro y su eventual derrumbe.

La reciente Cumbre del G-7 fue la mejor evidencia de que las grandes economías de la posguerra mundial, están atrapadas en un dilema global, regional, nacional y sub-nacional, en que cada país atiende su juego y trata de sobrevivir entre las olas agitadas del mar y las incursiones cada vez más frecuentes en sus fronteras de buscadores de sueños. A falta de un nuevo y pertinente multilateralismo, los EUA de Trump, Europa y Japón acaban de mostrar en Biarritz que el G-7 es una reliquia del pasado y está dando sus últimos suspiros. Su participación ha descendido del 70 al 40% del PIB Mundial, mientras la inversión, el empleo productivo, las exportaciones y el desarrollo tecnológico se trasladan cada vez más a China, India y otros países emergentes, que no estamos invitados a la mesa más que de refilón, al gusto y capricho de los “7 Magníficos”. Los EUA de Trump dan la impresión de ser el gran dinosauro enfermo, dando coletazos frente al cada vez más imponente dragón chino.

Paradójico que la inercia todavía permita que la ONU- con sus 193 estados miembros- siga siendo rehén de un Consejo de Seguridad controlado por los “ganadores” de la 2ª Guerra Mundial (EUA, Francia, Gran Bretaña, más China y Rusia) y que el FMI y el BM continúen antidemocráticamente controlados por EUA y Europa. No debería sorprendernos que China, la gran potencia emergente, y muchos de sus socios y amigos se agrupen crecientemente para generar sus propias rutas de inversión, comercio, y desarrollo y utilicen mecanismos financieros alternativos de acción. África y, en menor medida, algunos países latinoamericanos, han buscado insertarse en esa nueva geopolítica.

Tal como se observó recientemente en la Cumbre de Osaka, el G-20 tampoco parece ser la solución. Urge un nuevo pacto global de desarrollo compartido y sustentable y una nueva institucionalidad y gobernanza mundial. Pero se ve difícil. Mientras tanto resignémonos a crisis institucionales, conflictos regionales, guerras comerciales y aproximaciones sucesivas.

En este contexto, México también se encuentra en su propia encrucijada.

Tras 4 décadas de “desarrollo estabilizador” (1940-80) y otras 4 de “estancamiento estabilizador” (1980-2018), la gran pregunta es si en México vamos rumbo a un “deterioro estabilizado” –como argumentan algunos- o si estamos en los prolegómenos del ansiado “nuevo desarrollo equitativo e incluyente (con estabilidad)”. Lo que está claro es que el cambio político y social de la 4ª Transformación está ocurriendo ya, aunque todavía no sabemos bien a donde va, ni podemos medir sus avances y logros efectivos. Es muy temprano para decirlo. Los desafíos de la inseguridad son parte de un terco fenómeno y proceso; están siendo atacados de frente y contundentemente por muy diversos caminos, incluyendo la nueva Guardia Nacional; hay, sin embargo, muchas luces y sombras en las acciones emprendidas y dudas en el horizonte de corto plazo respecto a su eficacia, dada la persistencia de las causas de la violencia y la resiliencia del crimen organizado y desorganizado, enraizado en décadas de tolerancia y complicidades.

Los escandalosos abusos en el manejo del poder y del dinero del sexenio de Peña Nieto saltan a la vista cada tercer día. Las acciones de la Fiscalía y de la Unidad e Inteligencia Financiera son cada vez más importantes; sin embargo, el sistema de justicia, plagado de vicios y corruptelas es lento en reaccionar y dar respuesta al malestar ciudadano. Los amparos parecen ser un pararrayos crónico que perpetúa perversamente la impunidad. ¿Se logrará el cambio deseado?

El crecimiento económico anunciado del 2% en 2019 y del 4% para la mitad del sexenio parecen cada vez más lejanos, tras 9 meses de un subejercicio notorio del gasto. El freno de la inversión pública, (ya muy irresponsablemente disminuida durante el sexenio pasado), está generando un estancamiento en la inversión privada que habremos de lamentar -particularmente si la economía mundial se detiene.

Ello puede explicarse por la transición a una nueva administración, y la drástica racionalización y austeridad presupuestal. Sin embargo, faltan impulsos públicos y privados al crecimiento, la inversión y el empleo a través de la política macroeconómica y sectorial. Los grandes proyectos de inversión y bienestar del Tren Maya, Sembrando Vida, el corredor transístmico y la refinería de Dos Bocas son polémicos; sus resultados son de mediano y largo plazo y no bastan.

Solo la elevación largamente pospuesta de los salarios mínimos, dio un estímulo a la demanda interna, particularmente en la frontera norte-.

Algunos eventos recientes empiezan a cambiar la perspectiva. El anuncio de un paquete importante de inversiones públicas y de activación del gasto por parte del nuevo secretario de SHCP ha sido bienvenido. La solución del conflicto de los gasoductos ha tenido un buen desenlace.

Sin embargo, urgen definiciones del gobierno de una política de impulso efectivo a la inversión, el crecimiento, el empleo y el mercado interno. Los ahorros por medidas dolorosas de austeridad no han logrado compensar la baja en la recaudación petrolera y otros rubros. Faltaron en el Informe antier.

El Presidente sigue renuente a actuar por la vía fiscal, aunque habría espacio para hacerlo en 2020 a través de un impuesto del 1% a las transacciones financieras y la federalización de la tenencia de automóviles. La SHCP ya explora medidas que no impliquen creación de impuestos.

El otro camino es el parafiscal: un aumento sustantivo del financiamiento de la banca de desarrollo y de la banca comercial a la inversión en infraestructura y nuevos proyectos productivos y de innovación empresarial, apoyado en la emisión de bonos de desarrollo nacional.

Existe una cartera importante de proyectos que se ha venido armando a lo largo del último año entre empresarios y el equipo de trabajo de Alfonso Romo en la Presidencia de la República.

Esos proyectos podrían detonarse mediante la expedición de una nueva política industrial- que se ha venido formulando con apoyo del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento (IDIC), instituciones académicas y organizaciones empresariales, como CONCAMIN .

Urge que AMLO respalde políticamente esa política industrial para producción y mercado nacional – con lineamientos novedosos de fomento, defensa de prácticas desleales de comercio, desarrollo sectorial y regional, inclusión de empresas pequeñas, productividad , desarrollo tecnológico y sustentabilidad ambiental y que las Secretarias de Estado - en particular Hacienda, Economía, Agricultura y Desarrollo Rural y Comunicaciones y Transportes la adopten con acciones de corto y largo plazo, con la indispensable movilización de la banca comercial y de desarrollo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.