Los agravios y amenazas de Trump exigen respuesta de México
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Los agravios y amenazas de Trump exigen respuesta de México

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Los agravios y amenazas de Trump exigen respuesta de México

04/06/2019
Actualización 04/06/2019 - 13:28

Los últimos tuitazos y declaraciones de Trump, amenazando con establecer a partir del 10 de junio un arancel de 5 por ciento, que se elevaría hasta 25 por ciento en octubre a las importaciones de productos procedentes de México, si nuestro país no detiene los flujos de migrantes desde nuestro territorio, son ilegales en términos del TLCAN vigente y de la OMC, contrarios a los intereses de mediano plazo de ambos países, y explicables solo por la mente obsesiva y delirante de Trump y su personal estilo de negociar, que busca chivos expiatorios y ruido en los medios en su estrategia de reelección presidencial. Hasta ahora, López Obrador se ha visto muy comedido a pesar de los sentimientos de rabia, agravio e injusticia que prevalecen entre los mexicanos. ¿Hasta cuándo?

Desde el inicio de su campaña por la candidatura republicana Trump ha mostrado un particular desdén por nuestro país y los mexicanos, como parte de una estrategia más amplia para reafirmar a Estados Unidos frente al resto del mundo. China y México, los dos socios comerciales más importantes, junto con su vecino del norte, Canadá, hemos sido acusados de robar empleos y provocar déficits comerciales- y hemos resultado las principales víctimas de sus enojos, haciendo caso omiso de las realidades económicas de la pérdida de competitividad de los EU y las tendencias tecnológicas y productivas del mundo.

La decisión de salirse del TPP –que los EU de Obama había promovido para competir frente a China–; la presión para sustituir el TLCAN -ya de por sí asimétrico en beneficio de su país- por un acuerdo todavía más lesivo para México y Canadá y favorable a sus intereses -el T-MEC-; su guerra comercial, tecnológica y de inversiones con China, y sus diversas iniciativas para cambiar las relaciones con Europa y países asiáticos en su favor, al margen de las reglas y compromisos internacionales, han llevado a Trump a convertirse en el enemigo número uno de la convivencia global, pero le han funcionado bien económicamente y con sus admiradores racistas y antiinmigrantes.

Lo que nunca imaginamos en México, es que después de tantas concesiones a Trump y de aguantar tantos insultos y agravios, tras de haber logrado que se eliminaran los injustificados aranceles al acero y el aluminio procedente de México y de haber apoyado a los EU en sus problemas frente a los flujos de migrantes centroamericanos que nuestro vecino sigue provocando, nos fuéramos a encontrar con estos tuitazos amenazadores sin precedente.

El Presidente Enrique Peña Nieto fue demasiado condescendiente desde su campaña electoral y a lo largo del primer año de gobierno de Trump. El pueblo mexicano nunca lo perdonó y esperó al cambio político.

AMLO decidió continuar con una estrategia de paciencia y tolerancia, ratificando pragmáticamente la aceptación del T-MEC y esperando un cambio de comportamiento de Trump como consecuencia de una nueva estrategia de cooperación del buen vecino frente a los problemas comunes - como el de la migración de mexicanos y centroamericanos a los EU.

El proyecto recién concluido con apoyo de la CEPAL para promover el desarrollo del sur de nuestro país y de los países centroamericanos, particularmente de los países del Triángulo del Norte, de donde proceden las migraciones fundamentales que cruzan nuestro país, es un verdadero hito político y un triunfo de la creatividad mexicana y regional. Se presentó hace dos semanas y ha recibido en principio aceptación de importantes círculos políticos y académicos de nuestro vecino del norte, aunque no el compromiso político y financiero gubernamental con este 'Plan Marshall' mesoamericano; si acaso ciertas vagas promesas de promover inversiones privadas estadounidenses, junto con las que pudieran llegar de México y otros países.

México es hoy día el primer socio comercial de los EU. Exportó 346.5 billones USD de mercancías en 2018. Un arancel de 5 por ciento tendría graves consecuencias para los consumidores y productores estadounidenses, pero generaría en principio un ingreso fiscal de 17 billones USD, un ingreso fiscal nada desdeñable junto al proveniente de importaciones chinas. La potencial disrupción para las cadenas de valor para una amplia gama de empresas llevó a los mercados financieros estadounidenses y mexicanos a la baja de inmediato. La Bolsa mexicana cayó el viernes 1.4 por ciento y el peso se devaluó un 2.5 por ciento frente al dólar.

Trump sabe bien que México no puede reducir drásticamente los flujos crecientes de migrantes dada la porosidad de sus fronteras. De hacerse efectivo el arancel y la amenaza de elevación mensual del arancel hasta el 25 por ciento las empresas establecidas en México intentarían trasladar precios a los compradores en los EU; pero si no lo pueden hacer frente a la competencia y tendrían que reducir precios con la tentación de aumentarlos al consumidor mexicano, lo que tendría consecuencias impredecibles para nuestra economía.

Hasta ahora AMLO ha sido muy prudente y ha declarado que no pretende caer en una guerra comercial de aplicar impuestos equivalentes a los productos norteamericanos y seguir la política de “ojo por ojo y diente por diente” que nos llevaría a terminar todos 'chimuelos o tuertos', un juego en el que en ambos países productores y consumidores perderían. Por ello decidió enviar al canciller Ebrard y su equipo de negociadores a Washington para demostrar nuestras acciones y avances para detener las migraciones. Mañana miércoles serían recibidos por su secretario de Estado Pompeo, Lighthizer y su equipo de negociadores, después de la reunión que ya tuvo ayer Graciela Márquez con el secretario de Comercio.

AMLO ha insistido que su apuesta es por el diálogo. Sin embargo, los pronósticos son reservados. El sábado pasado Trump acusó prácticamente a México de narco-gobierno -a pesar de la evidente lucha que se ha venido emprendiendo contra el 'huachicoleo' y los cárteles de las drogas. Trump tuiteó el sábado por la tarde “¿Los señores de las drogas, los cárteles y los coyotes realmente gobiernan México? ¡Pronto lo sabremos!” Y luego enfatizó que las empresas establecidas en México regresarán a los EU una vez que los aranceles alcancen el 25 por ciento -como lo van a hacer las empresas establecidas en China, que están siendo subvencionadas con mano de obra barata o por el gobierno.

La posición de Trump es perversa, pues la amenaza de aranceles vino poco después de que los gobiernos de México y Canadá depositaron en sus congresos la documentación solicitando la ratificación del T-MEC. ¿Hasta dónde va a funcionar la buena voluntad de AMLO? No descartó la posibilidad de acudir a foros internacionales y de adoptar otras medidas, un proceso de larga espera.

Muchos mexicanos y norteamericanos esperamos que Trump no cumpla con sus amenazas, pues el arancel es ilegal, va contra intereses de productores y consumidores de los EU y la migración de centroamericanos no puede verse como una emergencia nacional que justifique una penalización. Sin embargo, si Trump se lanzara, México tendría que actuar en reciprocidad, imponiendo aranceles por montos equivalentes a productos agropecuarios e industriales estadounidenses sensibles. Dos terceras partes de nuestras exportaciones corresponden a automóviles, pantallas de televisión y otros productos que fabrican en México empresas globales; aun en los aguacates, frutas, hortalizas y tequilas hay intereses estadounidenses muy importantes.

El reto es grande pues México depende en 80 por ciento de sus exportaciones del mercado de los EU y ellos de México solo en 15 por ciento de sus exportaciones. La diversificación de importaciones y en especial de exportaciones sigue siendo nuestra gran asignatura pendiente, que hay que impulsar con inversiones y una nueva política de desarrollo productivo y tecnológico. Por lo pronto, no hay de otra. Ya basta de 'poner la otra mejilla' ante los agravios. Tenemos que actuar en reciprocidad en todos los frentes.

Una medida que podría considerarse también es la de establecer visas a todos los ciudadanos estadounidenses que vienen a nuestro país- como lo hacen ellos a los mexicanos. A través de un mecanismo sencillo de pago electrónica por internet y en aeropuertos y otras puertas de entradas se podría obtener un ingreso fiscal significativo de los turistas que nos visitan de ese país, un mejor control del casi un millón de estadounidenses que viven en México -entre ellos seguramente algunos maleantes ligados con el crimen organizado- y recuperar algo de nuestra mancillada dignidad. El turismo estadounidense que visita nuestro país no va a dejar de venir por el requisito de visa, como tampoco sucede con los mexicanos que viajamos a EU.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.