La banca de desarrollo y BANCOMEXT, cruciales para el cambio estructural
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La banca de desarrollo y BANCOMEXT, cruciales para el cambio estructural

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La banca de desarrollo y BANCOMEXT, cruciales para el cambio estructural

17/09/2018

A la memoria de Antonio Saldívar, impulsor de proyectos industriales desde la otrora audaz banca comercial.

Los bancos de desarrollo han existido desde la 1ª revolución industrial para apoyar el crecimiento y el empleo con visión de largo plazo. Hoy se reconoce su rol crucial en países ricos y emergentes. Nacional Financiera y el resto de los bancos de desarrollo mexicanos no pueden quedarse rezagados. Requieren fortalecerse y adaptarse a las nuevas exigencias globales y a las renovadas expectativas de crecimiento sustentable frente a la insuficiencia de financiamiento de la banca comercial para el crecimiento productivo.

De la misma manera, el Banco Nacional de Comercio Exterior, legado histórico de Lázaro Cárdenas, tiene un rol crucial en el nuevo escenario nacional en la era de Trump, la revisión del TLCAN y el impostergable desafío de la diversificación comercial y de inversiones hacia China y Asia-Pacífico

Tras la 2ª Guerra Mundial los bancos de desarrollo florecieron en Alemania y Japón para reconstruir y modernizar la infraestructura y la planta productiva. El Plan Marshall los impulsó.

En América Latina y Asia, el ejemplo cundió. Ante la convicción creciente de las ventajas de la industrialización, México, Brasil, Corea del Sur, la India y otros países en desarrollo, con modelos de economía mixta y el respaldo de estados desarrolladores crearon desde los 50s bancos de fomento para impulsar la producción y modernización agropecuaria e industrial y la infraestructura.

Hasta fines de los 80s fueron eficaces instrumentos para fomentar el desarrollo de industrias básicas y de avanzada y promover empresas estatales, privadas y de capital mixto, lideradas por la inversión nacional. El Banco Mundial y las instituciones regionales de desarrollo favorecieron la creación de numerosos fondos y mecanismos para agilizar y modernizar los financiamientos y atender los retos del desarrollo tecnológico y la innovación

La crisis del modelo de sustitución de importaciones y la nueva visión neoliberal de que el estado debería ser sustituido por el sector privado y la economía de mercado abierto tuvieron un impacto devastador en muchas de estas instituciones en América Latina en las últimas tres décadas. Algunas cerraron y otras se achicaron sensiblemente.

En el caso de México, el debilitamiento ha sido lamentable. En un país donde el 85% de los activos bancarios están en manos extranjeras, Banco Rural desapareció en detrimento del crédito y asesoría técnica a los agricultores medianos y pequeños; Nacional Financiera redujo drásticamente su rol promotor de inversiones industriales, confinándose cada vez más a capital de trabajo vía el factoraje. Solo Bancomext, que estuvo a punto de desaparecer con Fox y Calderón -debido al malogrado intento de fusionarlo con Nacional Financiera- continúa cumpliendo sus funciones básicas.

Hoy los países emergentes exitosos como China, India, Corea del Sur, Vietnam, Turquía, Indonesia y Malasia otorgan un rol capital a sus bancos estatales de desarrollo -llamados también “policy Banks”- bancos especializados de políticas sectoriales.

El Banco Mundial y los bancos regionales asociados (el BID, en América Latina) siguen jugando un rol importante. Destaca una nueva red paralela de bancos de desarrollo global y regional promovidos por China y los países emergentes como el Banco Asiático de Infraestructura y el Banco BRICS.

En países ricos sus Eximbanks y otros bancos estatales mantienen un papel clave en la canalización de recursos de mediano y largo plazo para promover proyectos de infraestructura, cambio industrial competitivo, exportaciones, desarrollo regional, Pymes e innovación: EUA, Alemania, Japón y Corea del Sur.

En países emergentes y en desarrollo, un estudio comparativo reciente de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI, 2016) sobre 8 bancos de desarrollo de países emergentes: BNDES de Brasil, TSKB de Turquía, CDB de China, SIDBI de India, MFB de Hungría, VDB de Vietnam, IDC de Sudáfrica y DBE de Etiopía, muestra que éstos han venido jugando un papel clave en promover nuevos proyectos de producción y exportación, con perspectiva innovadora y sustentable de largo plazo , un impacto favorable al desarrollo regional y también un exitoso rol contra-cíclico frente a las crisis.

Las instituciones varían en tamaño, cobertura y modus operandi. En economías de menor desarrollo se concentran en la agricultura y la industria-casi siempre por separado; en economías más avanzadas cubren más sectores (industria y servicios) y apoyan proyectos de mayor riesgo y naturaleza innovadora (desarrollo tecnológico y protección ambiental)

Los bancos varían en cuanto a estructuras de propiedad, órganos regulatorios y fuentes de financiamiento; bajo jurisdicción de Gobiernos centrales y a veces regionales o metropolitanos (China).

Existen diferencias en fuentes de financiamiento. En países de menor desarrollo- Etiopía- parte de sus recursos provienen de ayuda al desarrollo (bilateral o multilateral); en países más avanzados se financian con bonos de largo plazo (China) o recursos fiscales (Brasil).

Lo que tienen en común estos bancos de desarrollo, que explica el éxito son los factores siguientes:

1- Casi todas operan en 1º y 2º piso, tienen oficinas regionales y principales ciudades de sus países (y algunas oficinas en el extranjero para captar recursos: China, Brasil, Turquía).

2- Clave en su eficacia es contar con capital humano especializado de alta calidad, que pueda dialogar técnicamente con empresarios, instituciones educativas de educación superior e investigación. No es lo mismo apoyar la agricultura, que la industria o la infraestructura. Las clientelas, la naturaleza de las operaciones y las demandas técnico-financieras varían.

3- En China, Corea del Sur y la India los bancos de desarrollo sectoriales apoyan prioritariamente proyectos estratégicos de empresas medianas y grandes nacionales, con vistas al alcance tecnológico de sus competidores y a innovaciones creativas de avanzada, financiando a las empresas, a sus clientes locales y extranjeros y a sus proveedores de materias primas y componentes.

4-Los bancos de desarrollo llenan un vacío en el mercado, que la banca comercial privada no cubre, concentrando alrededor de un 80% de sus montos de crédito en operaciones de mediano y largo plazo para expansión, modernización, innovación y desarrollo sustentable.

5- En algunos países los financiamientos representan una parte importante del PIB nacional: 12.1% en China; 8.2% en Vietnam (el país de más rápido crecimiento después de China en los últimos 25 años).

6- Los plazos, tasas de interés y condiciones son alrededor de unos 20% mejores que los privados, gracias a su mezcla de fondeos y a que no aplican los márgenes altos de ganancia de la banca comercial (excesivos en México).

7. Los créditos dan prioridad a inversiones con efectos multiplicadores en empresas de capital nacional, de mayor contenido local y empleo.

8- Se concentran recursos financieros en actividades y proyectos prioritarios conforme a pronósticos sectoriales consensados entre gobierno, sector privado y consultores especializados

9- Otorgan un rol crítico a la inversión en recursos humanos calificados y tecnología para proveer paquetes integrales de apoyo a PYMES y “clusters”.

10- Es crucial el apoyo a la gestión eficaz administrativa y tecnológica y a la capacidad de formular proyectos y evaluar riesgos más allá de garantías

11-Movilizan capital de riesgo e inversión privada a través de agencias especializadas y asociaciones empresariales.

12- Las autoridades hacen evaluaciones y ajustes continuos según cambios en el contexto nacional y el global. Condicionan apoyos al cumplimiento de metas y rendición de cuentas.

Para concluir, es crucial que el nuevo gobierno induzca activamente a la banca comercial –básicamente de capital extranjero- a canalizar recursos crecientes a la inversión productiva de las pequeñas y medianas empresas innovadoras -con créditos competitivos internacionales.

Al mismo tiempo urge recuperar el rol de la banca de desarrollo especializada para crecer y promover el cambio estructural. Éste no debe confundirse con el rol de la banca de comercio exterior.

Preocupa que, con argumentos de racionalización presupuestal se recomiende de nuevo fusionar al Banco Nacional de Comercio Exterior con Nafinsa. Ello no funcionó en otros países ni en México -como recién lo advierten sus sindicatos. El enfoque pone además en riesgo la actividad de fomento industrial. Los EUA y otros países pueden argumentar que vía los financiamientos resultantes de la fusión se estarían subsidiando las exportaciones.

Lo que sí parece saludable para generar ahorros presupuestales significativos, es reintegrar las funciones de apoyo de Promexico a Bancomext. Lo que urge también es recuperar el papel de Nafinsa y Banobras y crear una institución que otorgue financiamientos y extensionismo al abandonado sector agropecuario nacional, si pretendemos una razonable autosuficiencia y seguridad alimentaria.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.