El margen de maniobra de México frente a los EUA debe ser expandido vía mercado interno, Centroamérica y el resto del mundo
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El margen de maniobra de México frente a los EUA debe ser expandido vía mercado interno, Centroamérica y el resto del mundo

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El margen de maniobra de México frente a los EUA debe ser expandido vía mercado interno, Centroamérica y el resto del mundo

18/06/2019
Actualización 18/06/2019 - 6:03

El domingo pasado Lorenzo Meyer en El Universal describe muy bien la asimetría en la situación política y económica entre México y los EUA desde su nacimiento como naciones y los desafíos que ha evidenciado nuestra relación, incluyendo la invasión y guerra que condujo a perder la mitad de nuestro territorio en el marco de una Doctrina Monroe expansionista por la vía política y económica desde México hasta la Patagonia.

La otra parte de la ecuación actual en la región norte-mesoamericana reside en el tradicional dominio que los EUA ha buscado ejercer en esta región vecina a través de su poder relativo militar-político-comercial y tecnológico y en la debilidad de casi toda Centroamérica -excepción hasta cierto punto de Costa Rica- de construir instituciones democráticas sólidas y economías prósperas, equitativas e incluyentes.

Un artículo de ayer del hondureño Emilio Dionisio Guerrero Medina, habla por sí solo de uno de los países más pobres y oprimidos por la bota imperial vinculada a las tradicionales oligarquías centroamericanas.

“Honduras nació fallida. Con el acta de independencia pasa de provincia de la Capitanía de Guatemala a República, con toda la deuda internacional con Inglaterra. Llega a la “independencia” sin soberanía y sin instituciones. Se convierte en un eterno estado fallido de luchas despóticas entre una oligarquía feudal que ha cruzado los siglos hasta el día de hoy”. Y que los EUA ha tolerado y propiciado siempre, torpedeando los esfuerzos de integración centroamericana auspiciados por las Naciones Unidas, como lo precisó en sus memorias Víctor Urquidi- Ex Presidente de El Colegio de México y Director de la Subsede de la CEPAL para México y Centroamérica a fines de los 50s y principios de los 60s del siglo pasado. Los raros destellos de búsqueda de construir un estado más próspero e incluyente como la Presidencia de Zelaya en Honduras o Jacobo Árbenz en Guatemala en los 50s fueron asfixiados y violentados por esas oligarquías asociadas a los intereses empresariales y militares de nuestro vecino del norte.

México poco intentó y quizás nunca pudo hacer algo al respecto, salvo momentos lúcidos nacionalistas con Sandino y Contadora. Pero nuestras acciones fueron más bien dirigidas a mostrar solidaridad y evitar excesos de los EUA que ponían en peligro nuestra soberanía. Las iniciativas que buscaron apoyar esfuerzos locales de desarrollo o promover la integración entre ellos y con México – Plan Puebla-Panamá de Fox y Programa Mesoamericano de Calderón no pasaron de ser programas con buenas intenciones, escasos de recursos y verdadera viabilidad política y económica. Nuestra expansión petrolera y programas de redes de infraestructura, energía, salud y turismo fueron de alcances muy limitados; programas predestinados a ser de corta duración, más en los casos que han dependido de la cooperación económica de los EUA. Se avanzó más con la ONU y algunos países europeos.

Por primera vez con el nuevo Gobierno de AMLO se logró un cambio de perspectiva. La correcta convicción de que la pobreza y la marginación, la falta de empleos bien remunerados y crecientemente la violencia, la corrupción y el crimen organizado son fuentes fundamentales de migración y desplazamientos forzados en México, Centroamérica y el mundo en general, condujeron al diseño de políticas y programas creativos, apoyados en estudios y acciones una vez más de la CEPAL, que van en la dirección adecuada, si cuentan con la voluntad política de los gobiernos y los recursos financieros necesarios -públicos ante todo, y privados, que se monten en esas iniciativas.

Ahí es donde la puerca ha torcido siempre el rabo, como decía mi abuelo. Los EUA de Trump son los menos entusiastas. Quieren la paz y el freno de las migraciones sin aportar recursos para el desarrollo - si acaso militares para apoyar a los tradicionales ejércitos y oligarquías tradicionales- y aun así los blanden como espada de Damocles, reduciéndolos si los gobiernos no actúan para resolver lo imposible, ignorando las estructuras de subdesarrollo que han prohijado durante siglos.

Lamentablemente, la crisis económica y social estructural centroamericana con todas sus facetas criminales, ilegales y legales se ha agravado en la última década en los países del Triángulo del Norte: Guatemala, Honduras y El Salvador.

En una época en que las migraciones mexicanas a los EUA han disminuido y casi se han equilibrado en términos netos, los EUA han endurecido tremendamente desde el Gobierno de Obama y ahora dramáticamente con la llegada del gobierno de Trump al poder, sus presiones sobre los mexicanos indocumentados y sus hijos nacidos en los EUA. Al mismo tiempo Trump construyó exitosamente desde su campaña presidencial una estrategia bravucona, anti inmigrante y racista en la que México se prestó voluntaria o involuntariamente a fungir como el perfecto “punching bag” de Trump durante los últimos dos años de Peña Nieto. Ahora busca profundizar esa estrategia con el Gobierno de AMLO en ruta a su ansiada y polémica reelección.

El problema central reside en que las migraciones centroamericanas, aderezadas por otros marginados de la globalización desigual y muy probablemente con alguna ayuda de amigos de Trump, han crecido en forma acelerada.

Tal vez la buena voluntad del gobierno- inspirada en derechos humanos básicos, haya estimulado esas corrientes; sin embargo, mis conocidos me dicen que aun después de los anuncios de acuerdo México-EUA, son los centroamericanos mismos los que están decididos a seguir migrando, ya que no aguantan la situación local y mantienen el sueño americano.

México no tiene la forma de atajar a esos migrantes, con un aparato institucional corrupto de migración y policía -que tardará largo tiempo sanear-. Los polleros están cobrando ya más caro su tráfico, por tierra, por barco o por avión. Mientras haya demanda, habrá oferta de servicios. Los que lleguen a México por nuestras porosas fronteras y los que nos envíen de los EUA, nos van a salir muy caros. La vaca fiscal ya ha sido muy exprimida. La austeridad no da para tanto.

Por lo pronto no contamos ni a nivel federal, estatal o municipal, con la capacidad institucional, programas y recursos presupuestales necesarios. Ya el Gobierno de Trump indicó que espera que nos encarguemos de los gastos (que México pague la muralla).- en contraste con Turquía, que se encarga de atender inmigrantes con cargo a la Unión Europea.

En resumen, veo un mal arreglo o una imposición inaceptable, explicable sólo por la desigualdad en el poder relativo entre México y los EUA y nuestra dependencia múltiple, que ha aumentado a partir de la apertura comercial unilateral, el TLCAN, las negociaciones del TPP y el T-MEC y la ausencia de una política de desarrollo productivo nacional.

Como lo señalé aquí, antes de las negociaciones descorteses de Washington, yo hubiera pagado por ver si el Gobierno de Trump se atrevía a poner el arancel del 5% y llevarlo hasta el 25 %, dada la oposición manifiesta de los propios intereses de productores, consumidores e inversionistas estadounidenses y la posibilidad de una guerra comercial de aranceles y medidas retaliatorias que a nadie convenían. El acuerdo tranquilizó a mucha gente. A mí no. Desconozco las presiones que pudieron ejercerse antes y después de que Trump tuiteó el fantasma inmoral de aranceles vs. migrantes que, por cierto, no ha desaparecido; solo se ha pospuesto a que mostremos en imposibles 45 días, que vamos por el camino esperado por Washington.

Concluyo. En el fondo de la problemática está la dependencia renovada de México respecto a los EUA. En una hora de cambio de época, tenemos que ampliar nuestro margen de maniobra frente a los EUA, y eventualmente China y otras potencias, aprovechando el gran país que tenemos. Ello será posible si comenzamos a construir, con políticas concretas, funcionarios probos experimentados y pactos público-privados un proyecto que permita invertir, crecer y utilizar mejor nuestro enorme mercado interno; diversificar nuestro comercio exterior e inversiones y estructurar una nueva política exterior integral que apoye esa estrategia.

Los EUA pueden darse el lujo de alardear una política exterior fincada en una política interior de “America First”, pues son gran potencia. México no. Ojalá y Ebrard tenga una buena estrategia para su visita a China después de asistir a la Cumbre del G-20. Será crucial.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.