Dilemas de los nuevos tiempos mexicanos y globales
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Dilemas de los nuevos tiempos mexicanos y globales

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Dilemas de los nuevos tiempos mexicanos y globales

20/01/2020

Al maestro y funcionario público, David Ibarra en su 90 aniversario.

Un año después de iniciado el gobierno de AMLO persisten en México viejos y nuevos retos que urge atacar de frente, con pragmatismo y visión de largo plazo en el cambiante entorno global. En ellos se juega nuestro futuro.

A los que hemos esperado por más de tres décadas el cambio de paradigma de economía política, nos preocupan los resultados del primer año y la ausencia de una estrategia de largo plazo y de políticas fiscales y financieras que impulsen la inversión y el desarrollo productivo y tecnológico del país.

La semana pasada dio pie a su discusión a partir del magnífico discurso de David Ibarra, ex-Director General de Nacional Financiera y ex-Secretario de Hacienda y Crédito Público, con motivo de los 90 años de su nacimiento. El texto, Espejismos ideológicos y realidades, publicado en La Jornada, (comentado el domingo por Lorenzo Meyer en El Universal y por Rolando Cordera en La Jornada)- es muy lúcido y refrescante en el actual contexto nacional y global.

Tesis fundamental de David es que “al abrazar el neoliberalismo pusimos enorme confianza en que la libertad del mercado resolvería las encrucijadas de nuestro desarrollo...Con alto precio desmantelamos las estrategias de instituciones proteccionistas, sociales y hasta las del corporativismo...Las consecuencias están a la vista; logramos reducir un tanto la inflación, al costo de abatir en dos tercios la tasa de crecimiento y de permitir desigualdades distributivas enormes”.

Lo mismo ha sucedido, como señala , con la aceptación de consejos externos que nos llevaron a pensar que la producción nacional, lejos de fincarse en la sustitución de importaciones, la política industrial propia y la inversión nacional, podría basarse en la incorporación a cadenas de valor de la inversión extranjera en las que nuestra principal ventaja comparativa era la mano de obra barata, situación que nos coloca en los eslabones menos prometedores y olvida las posibilidades de que surjamos como locomotoras.

Un golpe fuerte surge “cuando el país líder del mundo, los Estados Unidos, opta por una suerte de proteccionismo para enjugar sus enormes desequilibrios de pagos y su desindustrialización...La pugna con China , la negativa a participar en arreglos multilaterales, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el debilitamiento de la OMC…trastocan certidumbres básicas del orden económico internacional”.

“En México no hay vuelta atrás ni certezas en el ya envejecido camino neoliberal. Eso nos obliga a construir un nuevo futuro… y diseñar una política propia, que a la par de democrática resulte más autónoma e igualitaria, aun frente a restricciones externas, a veces inescapables”. Sin embargo, juzga que “la tarea será pausada en la atmósfera de desasosiego, de intensa polarización distributiva que todavía priva en el país”.

El dilema para México, vecino asimétrico y dependiente de los EUA, es enorme en el nuevo contexto mundial incierto y adverso, particularmente si hemos de intentar recuperar un crecimiento a tasas del 4-6% y generar mayores oportunidades de empleo, igualdad, inclusión social y atender las demandas de un desarrollo sustentable.

La pregunta que hace Lorenzo Meyer es muy pertinente.. “cuál será esa variante que pueda sustituir ese proyecto neoliberal que se ha tornado tóxico?“ y con toda razón señala “el desarrollo es un asunto demasiado importante para dejárselo al mercado”.

Citando a Ibarra y un artículo reciente de José Romero en el Trimestre Económico, subraya que “el enorme esfuerzo que ha significado establecer un nuevo régimen político en México debe aprovecharse no para conformarse con negociar el T-MEC, sino para algo más sustantivo: impulsar el cambio y reactivar el nacionalismo como disparador de la imaginación mayoritaria para legitimar y hacer tolerables políticas que promuevan la inversión de largo plazo para la reindustrialización de México. Y eso solo lo puede hacer el estado, rompiendo inercias, confrontando intereses y movilizando la base social, como lo han hechos los países asiáticos”.

Sin embargo Lorenzo Meyer advierte con razón que para que esa ruta tenga sentido entre nosotros debe evitarse una de sus características históricas –el autoritarismo, que ha caracterizado temporal o permanentemente a muchos de esos éxitos.

Rolando Cordera hace notar que “Democracia y economía; innovación institucional y distribución con criterios de justicia social; vinculación creativa y soberana con el resto de la economía mundial son algunas de las asignaturas que hemos cursado sin necesariamente haber entendido del todo. Más bien, como dice Ibarra, caímos presos en redes de creencias e ideologías que nos han conducido a extravíos conceptuales.”

Hoy me interesa recordar que en años recientes muchos economistas, investigadores, ex-funcionarios públicos y actores de la sociedad civil hemos realizado estudios e informes importantes sobre la problemática mexicana en materia política, económica, social, de política exterior y su vinculación con los nuevos paradigmas globales y que esos informes están siendo permanentemente actualizados. Ojalá y pudiéramos tener un diálogo abierto, constructivo y permanente con las autoridades.

En esta columna he destacado en particular los diagnósticos y propuestas que realizamos en el Centro Tepoztlán AC, en asociación con El Colegio de México y el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, (“México Próspero, Equitativo e Incluyente”), los informes del Grupo Nuevo Curso de Desarrollo y el PUED de la UNAM de 2008 a la fecha y del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico) todos ellos disponibles en versión electrónica.

Subrayaría hoy otros dos informes pertinentes para el tema en cuestión: el volumen 46 (Enero-Abril 2019) de la Revista Economía Política del Instituto de Investigaciones Económicas la UNAM, que dirige David Ibarra, sobre los Retos de México y el libro de reciente aparición “El estado Desarrollador: Casos exitosos y lecciones para México” (COLMEX 2019) que examina los casos de 6 países económicamente exitosos con regímenes autoritarios y no-autoritarios: China y Vietnam; Japón y Corea del Sur; Alemania y Finlandia.

A través de estos estudios se examinan los antecedentes, logros y limitaciones del “milagroso desarrollo mexicano” de cuatro décadas, las razones que explican los avances y decepcionantes resultados de las siguientes cuatro décadas de estancamiento estabilizador (léase -si se quiere- modelo neoliberal) y los requerimientos y opciones de un nuevo camino de desarrollo sostenido y exitoso a corto, mediano y largo plazo, vinculado al cambiante escenario mundial.

Destaca la importancia de un estado desarrollador con el liderazgo del gobierno y la participación activa de los empresarios y diversos sectores sociales; la indispensable seguridad y la estabilidad en el crecimiento económico y social; el rol fundamental de un sistema fiscal y financiero promotor de la inversión y el desarrollo nacional; el papel clave de instituciones y funcionarios eficaces y de empresarios nacionales innovadores (dispuestos asumir riesgos a largo plazo), y el motor crítico de la educación , la capacitación , la investigación y el desarrollo y el aprendizaje del exterior.

Crucial, como señala David Ibarra, establecer estrategias y políticas que atiendan nuestras particulares necesidades nacionales, permitan hermanar progreso e igualdad y corregir sobre la marcha errores inevitables y atender situaciones inesperadas en México y el mundo que nos van a seguir dando muchas sorpresas. Ello exige líderes e interlocutores capaces y abiertos al diálogo en el gobierno y entre los demás actores sociales.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.