América Latina en su encrucijada. Urge reimaginarla y reconstruirla
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América Latina en su encrucijada. Urge reimaginarla y reconstruirla

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América Latina en su encrucijada. Urge reimaginarla y reconstruirla

19/11/2019

Recientemente estuvo en México Rebeca Grynspan, quien encabeza la Secretaria Iberoamericana en Madrid. Dictó una conferencia magistral en el Colegio de México sobre América Latina en su encrucijada actual. Todavía no ocurría la tragedia boliviana pero sus advertencias respecto a la problemática y los dilemas actuales del continente siguen siendo válidos.

Planteó los grandes desafíos globales -tanto en materia política como económica, tecnológica y social - y sus implicaciones sobre Latinoamérica. Destacó el estancamiento y la posible recesión económica próxima, la guerra comercial EUA- China y las grandes incógnitas derivadas del anti- multilateralismo de Trump.

Recordó la ex-vicepresidenta costarricense el efecto perverso de la reducción fiscal del ISR a las empresas de los EUA. Su impacto ha sido un mayor déficit presupuestal para ese país; no ha conducido a mayores inversiones productivas, como anunciaba: el 80 % de los recursos liberados se ha dirigido a recompra por las grandes empresas de sus propias acciones.

La caída de 1% del comercio mundial en el último año ha impactado negativamente a las economías latinoamericanas, entre las más abiertas del mundo, que llevan ya un periodo largo en desindustrialización prematura; exportando materias primas con bajo valor agregado e importando cada vez más bienes intermedios y de consumo, que llegamos a producir tiempo atrás en los 60s y 70s con relativa buena calidad y competitividad.

Las corrientes comerciales han cambiado mucho en las últimas dos décadas. Hoy 8 países latinoamericanos de Sudamérica tienen como socio comercial principal a China; muchos de ellos apoyados en acuerdos bilaterales de libre comercio e inversiones. Brasil, que pretendía bajo Bolsonaro caminos más cercanos a los EUA, acaba de firmar en la cumbre de los BRICS un acuerdo con China para la construcción de un enorme puerto industrial en San Luis. La geopolítica y las relaciones financieras y comerciales ya establecidas con el dragón asiático se han impuesto.

La gran excepción en Latinoamérica ha sido México, que continúa con un 80% de sus exportaciones y un 55 % de sus importaciones orientadas a los EUA. El TLCAN ha favorecido estos flujos. El TMEC lamentablemente amenaza con acentuarlos, dadas las nuevas reglas proteccionistas dirigidas a concentrar inversiones regionales en los EUA, el reforzamiento de los privilegios de sus empresas en patentamiento y derechos de autor y las limitaciones que impone para la celebración de acuerdos comerciales con economías que no sean de mercado (léase China).

Urge agregar valor y contenido tecnológico nacional a las exportaciones de la región. Mientras tanto, y a pesar de algunos avances, el comercio y las inversiones entre los países latinoamericanos siguen siendo muy reducidos. En contraste con lo que sucede en Europa y Asia, el sueño bolivariano poco ha prosperado desde los 50s, no obstante, el pensamiento creativo de la CEPAL y la ALALC; más bien han ido de tumbo en tumbo, con flujos muy modestos y acuerdos constantemente cambiantes de integración subregional.

Los 54 países africanos, con apenas 30-50-70 años de vida independiente y una gran diversidad de antecedentes coloniales y condiciones políticas y económicas, recién han puesto en marcha su asociación de libre comercio para estimular la integración regional - incluyendo proyectos de inversión en infraestructura; paralelamente vienen reuniéndose periódicamente juntos con Europa, China, Japón, la India y más recientemente Rusia. ¿Cómo podríamos lograr que Latinoamérica avanzara en una vertiente similar?

Grynspan propone repensar a América Latina y explorar la posibilidad de una segunda ronda de negociaciones de Latinoamérica con Europa y con China y empezar a trazar puentes con África.

Otra tendencia que caracteriza a Latinoamérica recientemente es la creciente desconfianza en nuestros propios gobiernos y en la democracia por no cumplir con sus promesas de impulso al crecimiento, combate a la violencia y reducción de la corrupción, la inseguridad y la desigualdad. Esta situación nos debilita en lo interno y frente a ambiciones externas respecto a nuestros recursos y al avance de ideologías y grupos que apoyan la desestabilización perversa de nuestras sociedades y refuerzan nuestra dependencia.

La buena noticia fue hasta hace poco que había habido crecimiento en el nuevo milenio y que 90 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y mejoraron sus niveles de educación y salud en la mayor parte de la región gracias al crecimiento y los programas de asistencia social. Sin embargo, el crecimiento se detiene y se empieza a reconocer que las políticas focalizadas no permiten avanzar más en lo social. Se requieren reformas fiscales y financieras y cambios sociales de fondo que permitan consolidar lo alcanzado, superar las brechas de competitividad global y ampliar los beneficios sociales de manera permanente, a través de la creación de puestos de trabajo, salarios remuneradores, pensiones y salud universales y seguros frente al desempleo.

Latinoamérica y Caribe duplicaron su población universitaria en los últimos 10 años. El 70% constituye la primera generación de graduados en sus familias. Ahora enfrenta problema para conseguir empleos dignos. Los actuales son de alta precariedad laboral.

¿El resultado? Menos de un tercio de la población latinoamericana tiene confianza en la democracia, según el más reciente Latino-Barómetro; 25% en los congresos nacionales y 20% en los sistemas judiciales. Crece la brecha institucional para satisfacer las demandas sociales. El cambio tecnológico abre oportunidades a algunos grupos, pero produce incertidumbre entre otros. Las empresas privadas no están realizando las inversiones necesarias para el futuro.

En este contexto urgen nuevos contratos sociales. Pero ¿dónde están los incentivos para promoverlos y alcanzarlos? Los mecanismos tradicionales ya no funcionan como antes. Las redes sociales en vez de integrar están polarizando - inundadas por noticias falsas. Ya no hay un diálogo efectivo con el otro -con el que piensa distinto; la gente tiende a concentrarse en los que piensan igual que uno. Identidades excluyentes prevalecen sobre identidades incluyentes. El mayor peligro no es el estancamiento o un crecimiento sin empleo, sino un pensamiento y una vida cada vez más desigual. Chile, Brasil, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Argentina y México son ejemplos de asignaturas pendientes.

El otro gran dilema es el futuro del trabajo. No se están creando empleos suficientes y la creciente robotización y el uso de la inteligencia artificial no parecen ofrecer buenas perspectivas; pero hacemos poco por imaginar y crear nuevos cauces de empleo. Hay sectores que los pueden generar: a) la economía verde no sólo es necesaria por razones de supervivencia; puede generar muchos empleos adicionales en la agricultura, el desarrollo forestal, el cuidado de mares y costas, la industria de avanzada y los servicios; b) La economía “blanca” de la educación, la salud y el cuidado de las personas, cada vez más longevas, ofrece amplios horizontes. La cultura, el turismo y el entretenimiento también.

Si hemos de superar los retos del cambio climático y del deterioro ambiental tenemos mucho que hacer. América Latina y el Caribe es quizás la región más biodiversa del mundo y con más tierras laborables y agua disponible del planeta. Poseemos las mayores reservas de litio (Bolivia, Argentina y Chile) y otros minerales claves para el futuro de un crecimiento limpio que pueden y deben recibir valor agregado local y regional.

Tenemos una población esperando buena gestión gubernamental, emprendimiento e innovación; un camino complejo que exige unir voluntades en un mundo en el que los elefantes estadounidenses, los dragones chinos y otras potencias extra-regionales tienen y practican sus propias ambiciones. Fortalezcamos nuestras propias grandes y pequeñas empresas latinoamericanas.

Aprovechemos el desafío del momento para repensar a Latinoamérica como sugiere Grynspan y superar la pobreza, la desigualdad, la corrupción y la inseguridad. Reconstruyamos las instituciones propias. Pero no nos engañemos.

Necesitamos inversión, crecimiento, creatividad, reformas fiscales y buen gobierno. China no hubiera logrado sacar a 800 millones de habitantes de la pobreza, si no hubiera tenido durante más de tres décadas un gobierno fuerte, altas tasas de inversión nacional y crecimiento, acompañadas de generación de empleos productivos e ingresos reales crecientes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.