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09/03/2020

La ausencia ofrece oportunidad de reflexión. La distancia aporta perspectiva.

Con argumentos sociales y familiares de sobra, hoy muchas organizaciones y empresas sienten la ausencia de muchas de sus mujeres. Y aunque se hará el esfuerzo de operar con relativa normalidad, en las más de esas entidades habrá tareas que inevitablemente tendrán que esperar y decisiones que habrán de diferirse. Esa ausencia intencionada nos invita a valorar.

En su definición más simple, valorar es la importancia que se le concede a una persona o una cosa en particular. En el contexto, la valoración exigida es al reconocimiento –sin regateos– de la relevancia que tienen las mujeres en todas las esferas de la vida familiar, comunitaria y profesional.

Al margen de las múltiples reacciones que la iniciativa detona, ¿qué debemos leer en la empresa en un día con esta relevancia social y política? Aquí tres reflexiones para la ponderación:

1) Hay que hacer visible el trabajo que se da por hecho.- Sin importar el espacio en el que se materialice o el contexto específico en que tenga su expresión. La visibilidad agradecida es el primer paso de la dignificación y el respeto a las aportaciones de todos.

Y para abundar en claridad, cada compañía o institución debe asegurar que en su DNA organizacional se entienda como incorrecto dar por hecho cosas o etiquetar funciones y responsabilidades en función del género de un ser humano.

2) Hay que asegurar la igualdad de trato y oportunidades.- No sólo porque no es difícil, sino porque corresponde. La empresa debe reconocer la aportación y talento de cada mujer y de cada hombre en perfecta igualdad de circunstancias.

La formalidad y rigidez de una evaluación profesional, así como el pago igual a igual trabajo debe ser parte del DNA organizacional, sin excusa, ni pretexto.

3) Hay que nutrir las más elementales condiciones de seguridad.- La empresa debe ser un espacio respetuoso y seguro para el trabajo de mujeres y hombres, en perfecta igualdad de circunstancias.

En un entorno de inseguridad externa, la empresa debe gestionarse para convertirla en un espacio de desarrollo armónico y nunca tolerar el acoso en cualquier sentido o cualquier falta a la integridad y dignidad más elemental de cualquier persona.

La empresa, además de un ente productivo y competitivo, es un espacio de desarrollo personal y profesional para sus respectivos dueños, directivos y colaboradores. Celebro las muchas compañías que eso son, pero reconozco que muchas otras están a una inaceptable distancia de serlo.

Un día como hoy nos invita a valorar la aportación, el trabajo y el talento de millones de mujeres en todas las esferas valiosas de la vida. Aprovechémoslo para accionar en aquellos espacios donde tenemos control directo y en aquellos universos en los que tengamos influencia.

El mundo necesita a sus mujeres seguras, aportando, gozando y maximizando las múltiples capacidades que afortunadamente la vida les dio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.