El FONADIN y su telepeaje estructualmente deficiente en el país
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El FONADIN y su telepeaje estructualmente deficiente en el país

COMPARTIR

···

El FONADIN y su telepeaje estructualmente deficiente en el país

01/04/2019

En un domingo cualquiera por la noche, ¿cuánto es razonable esperar para pagar el peaje de una carretera tan transitada como la Querétaro-México? ¿10 minutos, 20, 30? ¿Qué tan larga debe ser una fila para pagar el peaje? ¿De 500 metros, un kilómetro, seis?

Preguntas pertinentes hoy que se está llevando a cabo la transición de contratistas que prestan el servicio de telepeaje en la red de 45 autopistas concesionadas al Fideicomiso Fondo Nacional de Infraestructura y operadas por Caminos y Puentes Federales.

Así lo anunció Banobras en el comunicado 02/2019 del viernes pasado. Informó que el nuevo contrato (así, en singular) “completará la transición tecnológica” en los carriles que ofrecen el pago por TAG y, sin especificar cómo o porqué, indica que ahorrará 600 millones de pesos anuales aproximadamente.

Soy usuario regular del sistema carretero del país e intensivo de la México-Querétaro. Los últimos fines de semana que he cruzado la Caseta de Cobro Tepotzotlán –casi siempre alrededor de las 21:00 horas— he padecido una fila de 6 kilómetros y 40 minutos para poder pagar mi peaje. Esto ha representado el 50% del tiempo consumido en un trayecto de 76 kilómetros. A todas luces, eso es incorrecto.

¿Cómo debería de funcionar de manera idónea el servicio de pago de peaje con TAG? ¿Qué ventajas debería representar tener uno en el vehículo? Propongo responderlo a la luz de los beneficios generales que el FONADIN enunció:

1) El servicio debe ser continuo.- Como equipos de misión crítica, todos los lectores de TAGs deberían estar funcionales 24/7 con redundancias bien diseñadas y planes correctivos emergentes para fallas no evitables. Hoy resulta imperdonable que uno o varios lectores dejen de operar y que esa ineficiencia se traslade al usuario como pérdida de tiempo o doble desembolso, sin consecuencia alguna para el responsable del servicio.

2) La lectura del TAG debe ser con el vehículo en movimiento.- A juzgar por experiencias en otras latitudes, detener el vehículo para permitir la lectura de un TAG es anacrónico. Preocupa que el Fonadin afirme en su comunicado que habrá “una lectura más precisa y ágil” y prometa reducir los tiempos de cruces sin precisar números o especificar algún cambio concreto de dispositivos tecnológicos para lograr lecturas dinámicas.

3) Los carriles exprés deben acelerar los cruces, no detenerlos.- Cuando en múltiples ocasiones he observado carriles exprés cerrados en horas pico o que un TAG en el exprés es rechazado para inmediatamente ser aceptado en un carril ordinario, no puedo evitar pensar que hoy esos carriles son el mejor ejemplo de un sistema ejemplarmente ineficiente.

Ni qué decir de su total dependencia en los “viene, viene” para desatorar vehículos rechazados que atoran el flujo. El Fonadin promete “de forma gradual” más carriles con telepeaje y más exprés, pero en su boletín no detalla prioridades ni tiempos.

Celebro que vaya a continuar la interoperabilidad entre las distintas empresas privadas que ofrecen opciones de pago al usuario. Y aunque Banobras precisa que habrá “una mayor calidad en la atención de aclaraciones”, lo que esperaría es que el contrato (vigente hasta el 2023) refuerce la trazabilidad tecnológica que evite cobros imprecisos y que refuerce la protección de datos personales y financieros de los millones de usuarios que confían en el sistema.

Y es que en el mundo de lo deseable, tanto en horarios de baja demanda, como en horarios pico, usar un TAG (del operador que fuere) debería resultar más conveniente que el efectivo para el viajero carretero.

El telepeaje debería garantizar comodidad de pago, eficiencia fiscal, velocidad de cruce y perfecta trazabilidad de uso. Mientras no sea así, seguiremos teniendo “contratiempos” estructurales.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.