Petróleo, refinación y desarrollo
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Petróleo, refinación y desarrollo

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Petróleo, refinación y desarrollo

25/05/2020

El autor es Senador de la República

En un reciente trabajo sobre los efectos del neoextractivismo en América Latina, Alicia Puyana Mutis, doctora en Economía por la Universidad de Oxford, nos recuerda que la riqueza en recursos naturales puede “afectar negativamente el crecimiento”. Esto se puede explicar por la teoría económica, que apunta al “declive de la producción de los bienes transables” y a la “reducción de las exportaciones de los bienes transables no en auge”. Y a partir de la teoría de la “maldición de los recursos naturales”, que, nutriéndose de la economía política y la ciencia política, apunta hacia fenómenos como “la corrupción, los conflictos de interés entre grupos y regiones por capturar las rentas”, la “fragilidad fiscal”, “la expansión del gasto corriente” y “el relajamiento de las obligaciones fiscales de otros actores”.

Esta reflexión es oportuna en México, en el contexto de un debate sobre la política petrolera y la construcción de nuevas refinerías.

Nuestro país, ligado a la exportación de petróleo crudo, ha padecido esa “maldición” en varios momentos, sufriendo caída de otras exportaciones, relajación fiscal de otros sectores, inestabilidad en sus ingresos por la variación de los precios del petróleo, expansión del gasto corriente a costa del petróleo, corrupción y conflictos. A ello debe agregarse la ironía de vender petróleo para comprar gasolinas.

Hoy vendemos petróleo crudo barato, obtenemos de ello ingresos disminuidos y gastamos en comprar gasolinas al exterior.

Por eso, los ideólogos promercado abogan por terminar de privatizar la industria petrolera, dejar caer su producción y —ecologistas repentinos— abandonar el barco petrolero en aras de energías limpias. Aseguran que el petróleo no durará mucho tiempo y que pronto otras fuentes de energía lo habrán sustituido. Por ello, concluyen, es absurdo construir una refinería, más aún en estos tiempos de crisis sanitaria, social y económica.

Sin embargo, precisamente por todo lo dicho, este es el momento de nuevas refinerías.

El petróleo seguirá siendo riqueza y energía en el mundo por muchos años más. Eso explica, en parte, diversas tensiones internacionales en Medio Oriente y Sudamérica.

México tiene seis refinerías y construyó la última hace 41 años. Estados Unidos tiene 150 refinerías y el año pasado estaba construyendo una más.

México exporta petróleo crudo, pero importa gasolinas. Con ello se neutraliza en buena medida su poderío petrolero, lo que, además, tiene como efecto interno el encarecimiento de los combustibles.

La lógica del desarrollo económico indica que debe incorporarse valor agregado en las cadenas productivas, particularmente en las materias primas.

Frente a la caída de los precios internacionales del petróleo crudo, la mejor estrategia hacia el futuro es la refinación masiva del mismo. Pemex ganaría más comercializando procesados petrolíferos, tanto al interior como al exterior del país. Tendría más valor nuestra gasolina para la economía nacional que el petróleo crudo exportado. Disminuirían las importaciones y ganarían también los mexicanos en su calidad de consumidores de gasolina.

En el marco de la crisis económica y social desatada por la pandemia del coronavirus Covid-19, la construcción de la refinería Dos Bocas en Tabasco representaría una inversión pública de alto impacto, de las que hacen falta para detonar nuevamente el desarrollo.

En conclusión, la construcción de una nueva refinería, agregaría valor a nuestro petróleo, disminuiría las importaciones de gasolina, abarataría el costo de las gasolinas para el consumo interno, respondería estratégicamente a la caída internacional de los precios del petróleo y ayudaría a defender nuestra economía frente a la crisis desatada por el coronavirus. Es una buena apuesta contra la “maldición de los recursos naturales”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.