menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

¿Nuevo ciclo progresista latinoamericano?

COMPARTIR

···
menu-trigger

¿Nuevo ciclo progresista latinoamericano?

09/11/2020

El autor es Senador de la República

Las derrotas electorales de las coaliciones de centroizquierda en Argentina, Chile, El Salvador y Uruguay, el viraje radical del gobierno de Ecuador hacia la derecha, así como el golpe de Estado blando en Brasil, ocurridos a partir del 2016, y el golpe en Bolivia en 2019, hicieron suponer a varios analistas que el llamado ciclo progresista de América Latina, iniciado en 1999, había concluido.

Sin embargo, la victoria de la alianza Juntos Haremos Historia en México, en el año 2018, revitalizó el debate sobre dicho proceso. Para algunos, se trataba simplemente de la llegada tardía de nuestro país a un ciclo que había ya terminado. Para otros, era signo de que tal ciclo no había terminado. Y para unos más alumbraba un nuevo impulso.

A la victoria mexicana siguió el regreso del peronismo de izquierda al gobierno argentino.

Y hace apenas unos días dos acontecimientos confirmaron la tendencia de recomposición o continuidad de los procesos progresistas latinoamericanos: por una lado, el regreso del MAS al gobierno boliviano por la vía electoral. Por otra parte, la victoria en el referéndum para dar por concluida la Constitución de Pinochet.

Este último caso no constituyó un cambio de gobierno, pero sí abrió una posibilidad de incorporar derechos económicos, sociales, culturales y ambientales en una nueva Constitución, dándole un giro progresista que las coaliciones gubernamentales de la concertación de centroizquierda no pudieron darle y que solo las grandes movilizaciones populares del 2019 lograron conquistar.

Pero el desgaste de los gobiernos de derecha puede abrir nuevas victorias electorales para fuerzas progresistas en otros países.

El reflejo retrospectivo de los gobiernos progresistas, con sus activos en crecimiento económico, bienestar social y derechos humanos, contrasta con las dificultades que viven ahora los países con gobiernos neoconservadores, y constituye la base que catapulta los nuevos impulsos políticos de la región.

Estos nuevos impulsos son continuidad, pero también renovación.

En algunos países hay fuerzas muy consolidadas, con base social, programa y cultura política que dan sustento a mayorías sociopolíticas estables.

Pero hay fenómenos nuevos. Las fuerzas que se movilizaron en Chile mostraron una determinación antineoliberal que no encontramos en los gobiernos de la concertación.

Estos cambios se deben valorar en perspectiva desde México.

Nuestro país necesita equilibrar su inserción en el mundo. Formamos parte de América del Norte, comercialmente, migratoriamente. Pero históricamente, culturalmente, y por nivel de desarrollo desigual y semiperiférico, somos parte de América Latina.

Ahora que se debate mucho sobre el resultado de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, diversos puntos ameritan reflexión.

Muchos ven las elecciones en Estados Unidos como si se tratara de la elección del gobierno de nuestro país.

Ven las soluciones a nuestros problemas en la victoria de una u otra opción norteamericana, de republicanos o demócratas.

Creen que unos u otros tomarán las decisiones que beneficiarán el desarrollo de México.

Peor aún, hay quienes aspiran a que gane una opción que corrija o impida el programa de desarrollo por el que votó el electorado mexicano.

En el colmo, diversos legisladores nacionales, han llegado a decir que ahora que gane “su” candidato a la Presidencia de los Estados Unidos cancelará la construcción de la refinería de Dos Bocas y obligará al país a contratar trasnacionales para desarrollar las llamadas energías limpias.

Es la vieja mentalidad colonizada de aquellos a quienes les es imposible romper el techo de cristal que les permita entender que construir refinerías no es un asunto exclusivo de grandes potencias.

Por eso, mientras algunos miran el futuro de México viendo hacia Estados Unidos, otros pensamos que el camino del desarrollo autónomo se encuentra también mirando hacia América Latina.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.