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Morena

20/01/2020

Morena es el partido que triunfó el 1 de julio del 2018. Es, además, la fuerza política que ha logrado la victoria en el más corto plazo después de su fundación en la historia moderna.

Es, también, un partido atípico apoyado más en el movimiento que en las estructuras rígidas. Por otro lado, es el primer partido de izquierda que gobierna México. Y el primero en proponérselo por la vía electoral y lograrlo desde ese espectro ideológico.

Después de este cambio político espectacular, el reto de Morena es enorme. Tiene que mostrar eficacia como fuerza gobernante y, al mismo tiempo, capacidad política para desarrollarse sin apoyos ni privilegios desde el poder público. Debe mostrar orden e institucionalidad sin burocratizarse y perderse. Requiere actuar con profesionalismo político y, simultáneamente, con sencillez y honestidad. Está obligado a dirigirse a todos los sectores y actores de la sociedad mexicana al tiempo que sostiene su perfil de izquierda. Y tiene que ser consciente de su gran potencialidad para extender su influencia en el conjunto del territorio nacional y en nuevos espacios de decisión sin caer en las ambiciones desenfrenadas.

Por todas las razones descritas anteriormente, es que existe gran expectativa por observar y conocer el desarrollo que tendrá esta fuerza política ya en su nueva etapa.

Diversas discusiones dan contexto a la nueva realidad de Morena, la cual ha hecho más complejo el proceso de sucesión en los órganos de dirección de esta fuerza política. Es lógico que así sea, pues en su militancia hay preocupaciones de distinto tipo.

Un nutrido grupo de intelectuales buscan que no se diluyan los principios, que se fortalezcan las convicciones ideológicas de la militancia y se firmen cuadros que den continuidad a las ideas.

Una buena parte de dirigentes y militantes analizan qué tipo de relación establecer con todos aquellos aliados que llegaron en la parte final de la campaña de 2018, con planteamientos y posturas diferentes a Morena en muchos temas, con formas de actuación política muchas veces tradicionales, y entre algunos de los cuales está el deseo de incorporarse al partido.

Otros dirigentes están preocupados por la necesidad de que exista un partido que acompañe al Presidente, apoyando sus políticas públicas y sus proyectos de reforma.

Algunos más tienen la urgencia de consolidar decisiones, estructuras electorales, alianzas y coaliciones que le den a Morena la continuidad de su liderazgo político en la renovación que se avecina de la Cámara de Diputados, gubernaturas y presidencias municipales.

En estas circunstancias, a partir de impugnaciones interpuestas por militantes que discrepan de la actual dirigencia nacional, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) determinó reponer un conjunto de procedimientos antes de efectuar el proceso sucesorio de la dirigencia. Entre ellos, lo relacionado con el padrón de afiliados.

De acuerdo a la jurisprudencia electoral correspondiente, los actuales órganos, como el Comité Ejecutivo Nacional, el Consejo Nacional, la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, el Congreso Nacional y las dirigencias estatales viven una prórroga en sus períodos. Y la resolución del Tribunal señala cuál o cuáles de estos órganos deben ejecutarla y hacerla cumplir y qué es lo que deben hacer. Es el propio TEPJF el que ya ha determinado la tarea de cada órgano.

En lo sucesivo es importante que las diversas instancias de Morena cumplan rigurosamente con lo establecido en la resolución del Tribunal para poder salir del reto actual.

Las reuniones que se convoquen y realicen deben tomar decisiones dentro de lo que marcan el Estatuto partidario y en el marco de las instancias facultadas por el Tribunal para sacar adelante el proceso sucesorio.

Por eso Morena debe plantearse como tarea prioritaria cumplir la resolución del Tribunal y mirar hacia el país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.