Despertador

Más democracia

Martí Batres indica que tras las elecciones existen las condiciones para debatir y concretar las nuevas formas de democracia.

A lo largo de la campaña política los sectores más temerosos con el cambio, que ya parecía avecinarse, afirmaban que éste podría traer autoritarismo. Sin embargo, lo que precisamente le ha faltado a la sociedad mexicana es democracia.

El proceso abierto el 1 de julio, lleno de esperanza y potenciador de la participación ciudadana, debe traducirse en una ampliación de las libertades democráticas, de los espacios de intervención de la sociedad y de los límites al poder.

Existen condiciones ahora para debatir y concretar nuevas formas de democracia. Pueden retomarse viejas propuestas y formulaciones recientemente realizadas. Si todas éstas se realizan, podemos hacer de México uno de los países más democráticos del continente. Menciono varias ideas.

Se encuentra en la agenda de las rectificaciones necesarias la eliminación de la reelección consecutiva de alcaldes y legisladores establecida con la reciente 'reforma política' que se acordó en el marco del Pacto por México. Dicha reelección consecutiva, especialmente en el caso de los alcaldes, podría traer como consecuencia el peligroso enquistamiento de cacicazgos.

La democracia no es sólo elección de gobernantes, es también participación social, intervención ciudadana en los asuntos públicos. El plebiscito, referéndum y revocación de mandato deben formar parte de nuestro ejercicio democrático. Es necesario reformar la ley de consulta popular, que está hecha de tal manera que no pueda consultarse nunca a la sociedad.

Otra reforma democrática consiste en derogar la Ley de Seguridad Interior en la que se restringe el ejercicio de las garantías individuales .

Además, es importante el reconocimiento de nuevos derechos y libertades individuales como los relacionados con la diversidad sexual, cultural y étnica, así como la igualdad entre mujeres y hombres.

De la misma forma, para garantizar una efectiva democracia electoral es indispensable sancionar penalmente, de manera drástica, la compra del voto, la intervención de funcionarios y programas gubernamentales en procesos electorales, la alteración de actas y resultados de los comicios, así como toda forma de defraudación que impida el libre ejercicio del sufragio.

Es importante, también, analizar la propuesta del llamado cuarto nivel de gobierno, para constituir administraciones más cercanas a las comunidades. Tenemos en nuestro sistema constitucional los niveles federal, local y municipal. La insurgencia zapatista de 1994 introdujo la idea del gobierno de los pueblos. Y académicos estudiosos de estos temas han propuesto la creación de los gobiernos vecinales. En Francia existe un cuarto nivel de gobierno conformado por las comunas, circunscripciones más pequeñas que el municipio.

Tenemos, asimismo, la histórica batalla por la democracia sindical. En un país marcado por el corporativismo, es decir, la afiliación forzosa de las organizaciones de masas a un partido oficial y la imposición desde el gobierno de sus dirigentes. Esta democratización es uno de los pendientes más importantes. Por eso es relevante instituir la elección por voto universal, directo y secreto de las dirigencias sindicales.

Lejos del autoritarismo, la nueva situación política puede llevarnos a frescas y novedosas formas de democracia. Para ello, es indispensable la reconciliación entre los mexicanos partiendo del reconocimiento de los derechos del otro. Democracia no es únicamente lo que tiene que ver con lo político. Es, principalmente, una cultura, una forma de vida que nos lleva a reconocer y a respetar las diferencias entre los integrantes de una sociedad. Es una forma armónica de gestionar los conflictos poniendo encima de todo el interés general. En esa dirección debe transitar la sociedad mexicana luego de haber logrado la victoria tan anhelada.

COLUMNAS ANTERIORES

Consulta y soberanía popular
El retorno de los derechos laborales

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.